Foto: Javi Martínez

Es difícil imaginar cuánta historia y experiencia se albergan en este hombre, pero baste con decir que Antoni Daimiel es una de las referencias mundiales cuando se habla de baloncesto. Su versatilidad como periodista le ha permitido manejarse en muchos perfiles tantos perfiles que, hoy en día, es uno de los más grandes de España.

Él es la voz cómplice que muchos consideraban habitual en las madrugadas de la península ibérica, porque mientras unos dormían, Daimiel llevaba la magia de la NBA a los desvelados corazones amantes del mejor baloncesto del mundo.

En Cuba, quizás pocas personas lo identifican por su nombre y en varios casos lo desconocen, pero todo cambia cuando explicas que es la voz en español del popular juego NBA2K.

Incluso, tiene un vínculo especial con la Isla, por sus narradores, por tener familiares lejanos en esta tierra, y porque que ha seguido muy de cerca la historia de este deporte en nuestro país, tanto, que puede opinar como un conocedor experto en la materia.

Desde hace mucho, Antoni dejó de ser de España para ser parte de todos los aficionados hispanohablantes del mundo.

comentarista Antoni Daimiel
Andrés Montes, Antoni Daimiel y Pau Gasol, en una foto de archivo. Foto: Cadena SER

El nacimiento y desarrolló de una pasión

“Mi amor por el baloncesto nace con ocho o nueve años. Mi padre me llevó a ver un partido de básquet, y por aquel entonces vivía en Valladolid y el equipo de allí acababa de subir a la primera división de la liga española. Allí me impresionaron jugadores como el veterano Base y luego había un estadounidense, Davis, que era impresionante. Ese juego me marcó mucho”, cuenta sobre sus inicios.

Ese partido daría un vuelco general a su vida y encaminaría a Daimiel a la práctica del deporte de las canastas, convirtiéndolo en un asiduo fan de este. Pasó de practicar balonmano en el colegio a dejarlo todo por el baloncesto y hasta fue abonado del Valladolid por muchos años.

A pesar de que hoy en día es uno de los periodistas deportivos más prestigiosos del mundo, por un momento pareció que Antoni no tendría la posibilidad de llegar a ser quien es.

“En realidad, empiezo estudiando derecho, pero yo quería ser periodista desde muy niño y no tenía las condiciones para estudiarlo. Para hacerlo tenía que ser en Madrid y mi familia no tenía posibilidad de pagarme una estancia allí para estudiar, pero después de dos años en derecho se torcieron algunas cosas en mi vida y me lié un poco la cabeza hasta que una tía mía que vivía en Madrid me dijo que me viniera con ella. Me matriculé en la Universidad Complutense en periodismo y al poco comenzó Canal Plus”.

En aquella cadena comenzó con sus labores periodísticas y supo nadar en varias ramas. Ejerció labores de redactor, reportero y hasta editor del programa televisivo El día después. Su primera experiencia en la narración deportiva llegó con el fabuloso baloncesto universitario de los Estados Unidos.

“La experiencia de narrar la NCAA fue magnífica porque era un baloncesto bastante desconocido. Aquí se sabía más o menos del prestigio que tenían y en alguna televisión autonómica se habían visto partidos, pero muy poco. Hay que recordar que en esos momentos todavía no teníamos internet y era muy difícil hacerte con información para poder estar documentado”, recuerda.

Con el pasar de los años, Antoni fue adquiriendo experiencia y creándose una reputación como gran conocedor del deporte de las canastas. En 1996, daría un paso muy importante en su carrera deportiva, pues sería la pareja del reconocido Andrés Montes en las narraciones y comentarios de la NBA para España.

Montes era un narrador icónico de ascendencia cubana en su familia. Inmortalizó innumerables frases en las transmisiones de Canal +. Se ganó el cariño y el respeto de toda la audiencia española con aquellas madrugadas de NBA. Lamentablemente falleció el 16 de octubre del 2009.

“Con Andrés Montes fue excelente la experiencia porque coincidimos con una buena química a nivel personal. Creo que le caía muy bien a él y él me caía muy bien a mí. Era una persona diferente, que aportaba siempre cosas novedosas, poco previsible y tenía mucha profesionalidad. Me enseñó muchas cosas relativas al periodismo, al mundo de los comentarios, sobre la narración de partidos y estuvimos diez años juntos. Tuvimos una gran relación a nivel personal y como compañeros de trabajo vivimos mucho”, cuenta.

La dupla tuvo una relación profesional y personal. Dicen quienes los escucharon, que no había nadie como ellos: Montes en las narraciones, y los vastos comentarios repletos de conocimientos de Daimiel complementaban las transmisiones.

Después de casi una década por completo trabajando de madrugada y siendo habitual en la pantalla de Canal +, Antoni tomó la decisión de dejarlo todo. Fue increíble como un hombre consagrado en su profesión decidió poner fin a lo que le había hecho saltar a la fama. Pero hubo razones para aquella decisión.

“En 2007, Andrés Montes se había ido a otra cadena hacía un año y yo hice un balance de lo que había sido mi carrera profesional en la cadena para la que trabajaba. Había estado once años haciendo televisión casi siempre de madrugada, digamos una labor muy sacrificada en cuanto a horario, salud, relaciones familiares, personales, etcétera. De repente, me había dado cuenta de que había estado como en otra dimensión, no dentro de lo que era el departamento deportes, o sea, a nivel de categoría profesional había gente que me había superado sin yo saber muy bien por qué”.

“No había evolucionado en la jerarquía del departamento, entonces eso me molestaba sobremanera y pensé que no me llevaba a ningún sitio. Once años comentando NBA, había demostrado todo lo que podía hacer y cómo podía hacerlo. Lo mejor era cambiar. Debo agradecer a la empresa y a la compañía, que me entendieron y me permitieron pasar página”, cuenta al respecto.

Luego de aquel hecho, pasó a otras labores como reportero del programa Informe Robinson, del famoso Michael Robinson, recién fallecido. Allí se reencontró con su faceta de reportero que el mismo reconoce que le encanta. Se le permitió colaborar con otras cadenas e incluso tener su propio espacio con el programa Españoles en la NBA.

“A Michael Robinson lo conocí en el año 91, cuando fue contratado por Canal + como comentarista, de hecho, a él lo contratan, y a mí, casi al mismo tiempo. Tuvimos mucha relación. Era un tipo muy creativo. La gente que llega a esos niveles profesionalmente tienen mucho talento además de disímiles recursos para moverse dentro del medio y él tenía todo eso, con la dificultad añadida de tener que manejarse en un idioma que no era el natural suyo. Sin haberse formado en comunicación o en periodismo, tenía mucho instinto para eso”, explica.

Cuba y un lazo especial

Entre tanto conversar de su carrera no podía dejar pasar el lazo que une a Antoni con Cuba. El destacado comentarista tiene un vínculo muy fuerte con la Mayor de las Antillas, una historia muy poco conocida para muchos.

“Mi vínculo con Cuba nace por unas vacaciones en el verano del 92. Mi compañero y buen amigo, el famoso comentarista de fútbol Julio Maldonado Maldini y yo, estuvimos dudando si nos íbamos juntos a un sitio u a otro. Como yo tenía familia lejana en cuba, un hermano de un abuelo mío, finalmente decidimos ir allí. Nos quedamos la verdad impresionados, ese era un momento muy difícil en Cuba, el periodo especial. Nos impactó mucho el país en todas sus dimensiones. Digamos que no soy alguien que visita los sitios de paso o que simplemente voy del restaurante a la arena de la playa y nada más, pues me gusta conocer cómo vive la gente cómo se comportan, cómo piensan. Me pareció un lugar diferente y muy interesante”, confiesa.

Quizás lo atrapó la alegría que suelen desbordar los cubanos a pesar de las disímiles dificultades que enfrentan día a día, en una isla que es más que coches antiguos y paradisiacas playas.

“He seguido en ocasiones el deporte a través de la televisión o la radio cubanas y siempre he detectado que había un muy buen nivel de profesionales. He tenido la oportunidad de escuchar fútbol, tanto en radio como en televisión, la pelota (béisbol) y bueno boxeo. Por diversas circunstancias, conocía a Renier (Renier González, narrador deportivo cubano) y he tenido bastante trato con él. Nos hemos visto en varias ocasiones en La Habana, e incluso, una vez que él visitó Madrid también nos vimos. Me parece un muy buen narrador, un tipo creativo con mucho ritmo. Valoro mucho la capacidad que tienen todos los periodistas en Cuba para pelear en su búsqueda de información, no ahora que hay mayores facilidades, sino cuando el acceso al internet era casi imposible”, afirma.

El respeto y admiración que siente por los profesionales de la prensa en Cuba lo plasma en cada una de sus palabras. Al cuestionarle si pudiera haber alguna colaboración con la televisión deportiva de la Isla, comentó:

“En algún momento, hablé con Renier y le dije que, si coincidía una competición internacional estando yo allí de vacaciones en verano, algún Mundial de Fútbol o alguna Eurocopa, o algo así, que, si querían contar conmigo para algún programa, yo estaría encantado”.

Avezado especialista, con tanto conocimiento de baloncesto mundial, también nos dio su opinión sobre el equipo nacional cubano.

“El baloncesto cubano en la actualidad vive en el equilibrio complicado de los problemas económicos que sabemos que afectan a todo el país y que, en el deporte, lógicamente, tienen incidencia. De hecho, creo que habían suspendido la liga nacional antes de que llegara todo esto del coronavirus por problemas económicos. Luego, (está) el talento natural que hay en el cubano, por la de la genética que hay del cruce de razas de procedencia. Creo que hay muy buen material en Cuba y es necesaria la salida de talentos. En los últimos años, han salido jugadores que ahora podemos disfrutar en España, como Justiz, Jasiel Rivero, hombres muy interesantes y de muy buen nivel.

comentarista Antoni Daimiel
Foto: El Periódico

“Sigo el asunto de Cuba y además con bastante cuidado. En los últimos años, he hablado con la comisionada Dalia Henry, en ocasiones nos hemos visto en La Habana y sé de las dificultades que hay. Es una lástima porque bueno, podría conseguirse mucho más. Soy seguidor del baloncesto cubano desde hace muchos años, desde la época de Haití, Silvestre, y llegué hasta hablar según recuerdo, con Borrell en un All-Stars. No sé si iba a jugar el partido, lo que sé es que era un encuentro de jugadores de primer año. A lo mejor no jugó, pero sí fue convocado porque hacían reuniones de novatos y el caso es que estaba allí”, cuenta.

Desde su posición de amplio conocedor, nos da sugerencias de qué podría hacerse en el baloncesto de la Isla para mejorar sus resultados, con una mirada certera, que nos revela a un gran conocedor de los entresijos de este deporte en Cuba.

“Me gustaría que pudieran, sobre todo, reordenar la competición nacional, que alguna vez he ido a ver algún partido allá de Capitalinos en la Habana y luego que pudiera reforzarse mucho más el equipo nacional. Hay que dotar al país de una estructura para que el baloncesto pueda desarrollarse, mejorar el nivel de los entrenadores y de los preparadores. Se puede ahondar quizás más todavía en los intercambios, algo que ha sido bastante común en el deporte de Cuba y en el INDER. Todavía hay disciplinas dónde Cuba puede exportar entrenadores a otros países para que ayuden en misión y a cambio pueden recibir, por etapas de meses o incluso de años, entrenadores que puedan aportar a la Isla en otras disciplinas en las que no se haya desarrollado tanto el conocimiento de los entrenadores. Creo que, con humildad, hay que hacer y dar esos intercambios. De lo que se trata es de que pueda recuperar el nivel internacional deportivo que ha tenido no hace mucho”, afirma.

Para cerrar el diálogo, Antoni Daimiel respondió, además, sobre qué cree de la posibilidad de formar una selección nacional con todos los basquetbolistas cubanos que andan dispersos por el mundo.

“Es un asunto bastante polémico, pero muy debatido lo de contar con jugadores de cierto nivel que juegan fuera. Cuba ha dado pasos para favorecer esas acciones en los últimos años, pero también hay que tener en cuenta que esos problemas económicos de los que hablamos tienen una incidencia importante en esto. A veces pienso que se tiene que tener un ápice de voluntad de sentirse bien representando a su país, vistiendo el uniforme de su nación en competiciones internacionales y todo el mundo debe poner de su parte. Creo que no es que sea compatible, es qué es hasta natural y bueno pues todas las partes tienen que tratar de favorecer algo así”.

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