Por estos días, de ambiente a Clásico Mundial, muchos aficionados se preguntan, cuánto cambiarían las expectativas del Cuba en dicho evento, si reuniera lo mejor de la liga cubana, las Grandes Ligas y otras foráneas. Me refiero a ese «Frankenstein» que algunos han llamado un equipo Cuba «unificado». Por lo general cada uno tiene su propia novena, donde por regla, abundan los de la Gran Carpa y los que quedan en casa, los que la sudan en la magra Serie Nacional, protagonizan la suplencia.

Para el máscara villaclareño Ariel Pestano—dos veces titular en un Clásico, 2006 y 2009—eso es un horror y dice no creer en tal cosa.

«No es por el hecho de que sean cubanos o no, si no porque llamarlos a una selección nos quitaría el valor (a los peloteros que se quedaron) que nosotros nos merecemos. Una cosa así nos ofendería, ellos se reirían de nosotros. ¿En qué sentido? En el monetario, en la profesionalidad. Porque aquí (en Cuba) hay muchos peloteros retirados que si hubieran tenido, tenido no, querido, serían estrellas de las Grandes Ligas y fueran millonarios, igual que todos ellos. ¡Felicidades!, ellos lograron su objetivo, algunos son mis compañeros, mis amigos, cuando visito Estados Unidos comparto con ellos, pero esa es mi forma de pensar cuando se trata del Cuba de pelota».

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FOTO: Getty Images

Pestano, compartió equipo con la mayoría de los candidatos al traído y llevado equipo «unificado», con destaque para los coterráneos Leonys Martín y Aledmis Díaz. Mas la empatía personal, ni los tiempos que corren, le hacen variar un ápice en lo que piensa.

«Lo que debería hacer la dirección del INDER y el gobierno es darle un poquito más de valor a todas esas glorias deportivas que están aquí en la Isla y decidieron ser leales. Esa es la atención que merece el béisbol en Cuba. Ese es el ejemplo que merece la juventud que viene. ¿Cuál? Ver el sacrificio, el esfuerzo y la lealtad, y no los millones. Así pienso yo», concluyó el que pudo asomarse a alguna oferta externa y siempre regresó a la Isla.

Si bien figuras de la talla del bigleaguer David Ortiz lo catalogaron como un «torpedero en el plato», al nacido en Caibarién, no le gustan los aires reunificadores en pos de la calidad internacional del béisbol cubano.

No obstante, al mítico dorsal «13» de los equipos naranjas, sí le hubiese gustado jugar en la Gran Carpa. Así dijo en alguna ocasión: «Esa es la aspiración de cualquier pelotero, participar en la competencia más fuerte que existe en el béisbol mundial», aunque aclaraba que las condiciones de una deserción no era la salida que buscaba para su anhelo.

«Como a casi todos los atletas cubanos, también me hicieron ofertas para que abandonara mi país, pero de esa manera no quería. Nunca me pasó por la mente siquiera quedarme en el extranjero».