“Medio ambiente, obra social y seguridad vial” son, al decir de su presidente Osdanys Fleites, las causas que mueven al Club de Moto Eléctrica de Cuba. Si bien fue la afición por dicho vehículo la que los hizo reunirse y dar lugar a la familia que son hoy, quisieron darle un sentido más allá a su asociación, y la hicieron protagonista de un valioso activismo comunitario.

“El Club surge en marzo del año pasado a raíz de una página que tengo en Facebook, que se llama Moto Eléctrica Cuba, que va de noticias, tips y cosas interesantes sobre motos eléctricas. Pensamos, ¿por qué no reunirnos?, si en la página ya había varios seguidores y existían clubes de carros y de motos de otro tipo. Entonces nos reunimos entre diez y veinte personas un sábado, ninguno nos conocíamos, conversamos y quedamos en vernos el próximo sábado. Nos reunimos en La Atarraya, un lugar que está cerrado ya porque están construyendo un hotel. Ese sábado fueron más personas todavía con sus motos y ese 16 de marzo fundamos el club. Llevamos un añito nada más”, cuenta Osdanys.

El club tiene un reglamento que garantiza una organización que salta a la vista, así como el respeto entre sus miembros, que ya suman 103. Su presidente hace énfasis en lo segundo pues “todos somos y vemos las cosas de formas diferentes”.

En un inicio tenían como objetivo principal la diversión sana a la par que intercambiar conocimientos sobre motos eléctricas. “Una retroalimentación muy grande porque lo que no sabe uno lo sabe otro. Hay unos cinco talleres de miembros que los ponen al servicio del club, que nos hacen ofertas especiales y nos ayudan”, dice Osdany.

Club Moto Eléctrica de Cuba
Club Moto Eléctrica de Cuba. Foto: Hansel Leyva.

Tras unos días de fundado y teniendo en cuenta que se trata de vehículos que no producen contaminación atmosférica ni sonora, decidieron darle un matiz ecológico al club. “Quisimos hacer trabajos de ese tipo a la par que nos divertíamos, porque trabajamos, pero pasándola bien. Luego empezamos a hacer obras sociales como tal, como cuando apoyamos al transporte público e hicimos la entrega de la comida. Hasta el sol de hoy, hemos hecho unas 40 actividades diferentes”.

En estos meses de pandemia su activismo se ha hecho patente. No conformes con recoger personas en las paradas para llevarlas o bien acercarlas a su destino, se dieron a la tarea de llevar comida a domicilio a los ancianos en colaboración con la cafetería Juanky’s PAN.

“Uno piensa a veces que vive mal hasta que ves cómo viven algunas personas. Muchos ancianos viven mal porque no tienen que los atienda. Algunos sí, pero de otros la familia no quiere saber, y no tienen a nadie. Por lo general no nos dedicamos a eso, pero en estos tiempos de COVID, que son tan riesgosos para ellos, quisimos alcanzarles la comida. De esa manera demostramos las cosas buenas que se pueden hacer, que no todo es buscar dinero, porque ganas con que ellos te den una sonrisa”, afirma.

Casi siempre es La Piragua su punto de reunión, en el Vedado. Allí dan la bienvenida a los nuevos miembros que constantemente se suman y coordinan con detalle la próxima actividad. La última de ellas fue en el río Kibú, donde el domingo 26 realizaron una limpieza en su desembocadura. Denis Santiago, coordinador del club, nos habla sobre ello: “Imagínate que ese río atraviesa muchos municipios de La Habana y recoge muchos desechos. La hicimos hace un año y fue la primera actividad ecológica que llevamos a cabo”.

Osdanys, quien es taxista de profesión, nos explica la seguridad vial como tercera vertiente del club.

“Como motoristas también trabajamos esa parte. Tú sabes que los motoristas tienen muy mala fama porque muchos no tienen licencia, se dice que manejan mal, que si provocan accidentes…Y tener licencia es un requisito indispensable para entrar al club. Buscamos que cada miembro sea un chofer responsable, predicamos la seguridad vial usando el casco correctamente, no un casco criollo, sino el que se lleva de verdad”, detalla.

Club Moto Eléctrica de Cuba
Club Moto Eléctrica de Cuba. Foto: Hansel Leyva.

Para el futuro, Denis Santiago nos dice que pretenden crear una filial del club en cada provincia, así como colaborar con aquellas instituciones y empresas relacionadas con el cuidado del medio ambiente.

“A causa de la COVID todo se ha tronchado bastante. Queremos extender el club a toda Cuba e íbamos a empezar por Pinar del Río porque desde allí ya nos han escrito varias personas. También pensamos ir a cada empresa que tenga que ver con el medio ambiente, como el Ministerio de Ciencia, Medio Ambiente y Tecnología (CITMA) por ejemplo, y ver el trabajo que hacen, colaborar y aprender. Con ellos estamos en conversaciones. Queremos acercarnos a las ONG que están orientadas al cuidado de la naturaleza y que se desempeñan en Cuba. Hace unos meses participamos del proyecto para erradicar la plaga del caracol gigante africano junto con el Ministerio de la Agricultura y la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (ACTAF). Incluso tuvimos una mención en la televisión”, manifiesta.   

Todos los miembros concuerdan en que la visibilidad de su labor es de suma importancia, pues si valioso es el impacto directo que generan allí donde actúan, también lo es la conciencia que puedan generar en los demás.

“También buscamos que las personas hagan un click, un cambio, personas que muchas veces ven normal tirar una botella o un papel al suelo”, dice Osdanys. “Queremos que eso cambie. Que alguien diga ‘he aprendido a cuidar el medio ambiente a través del Club Moto Eléctrica’ sería algo muy importante para nosotros”.

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