Dayron Robles no necesita mucha presentación. Baste con decir que forma parte del ínfimo porcentaje de la humanidad que puede decir que es campeón olímpico o que ostentó un récord mundial en su especialidad, los 110m con vallas. Para más detalles, una figura icónica del atletismo y del deporte cubano en general en este siglo XXI.

Querido por muchos, no solo fue un atleta excepcional, sino que también desprendía esa sensación de modernidad que le faltaba a la mayoría de los deportistas cubanos.

Otros no lo comprendieron y hasta lo fustigaron públicamente, apoyados en cuestiones deportivas como el hecho de que no fuera titular mundial al aire libre, y por una descalificación que ha tomado un cariz mitológico entre los aficionados: el incidente en un campeonato con uno de sus grandes rivales, en la competencia final.

También flota en el recuerdo su ruptura con la Federación Cubana de Atletismo, que lo llevó a pasar varios años fuera del país corriendo por clubes europeos. No obstante, también fue uno de los pioneros a la hora de regresar a competir representando nuestra bandera, en muestra del amor infinito que siente por Cuba, según dice públicamente, en cualquier contexto.

Pero la vida continúa más allá de las pistas. Después del retiro, Dayron se convirtió en emprendedor, algo muy común en el resto del mundo, pero que no tiene tantos precedentes en nuestro país.

Después de mucho tiempo de silencio mediático, Robles conversó con Play Off Magazine en su más reciente proyecto, el restaurant La Escondida Habana, sobre su vida personal y deportiva, sus sueños y las leyendas que se escribieron alrededor de un campeón olímpico cubano.

¿Cómo llegas al deporte y cómo influyó tu familia en tu desarrollo?

Crecí en el seno de una familia muy unida. Éramos tres hermanos, tíos, muchos primos, o sea, un núcleo de gran tamaño. Vivíamos en una situación muy difícil, con serias carencias materiales.  

Pero tuve un paradigma muy importante que fue mi madre, un horcón que guiaba todos los procesos del hogar y que fue imprescindible para mí. Ella también fue atleta, al igual que uno de mis tíos y un primo: el ambiente familiar era propicio para mi desarrollo.

En otras palabras, había un linaje deportivo y creo que una concatenación importante de factores que me llevaron a que las cosas me salieran mejor que a mis predecesores. Esto me fue llevando a tratar de siempre hacer algo distinto y creó una base íntima de competencia interna. A pesar de que existía una contraparte, ya que mi padre y mi abuelo fueron músicos que no tenían mucho que ver en el deporte.

Como casi todos los niños que nacemos en este país, mi arribo a la práctica deportiva fue gracias al sistema que implementó la Revolución desde sus mismos inicios a través del INDER, que no fue otra cosa que implementar el derecho de todo el pueblo a practicar deporte. Algo que fue genial a la hora de alcanzar resultados a nivel internacional por parte de nuestro país.

Fui parte de ese proceso y supe darle un muy buen uso porque tuve la posibilidad de desenvolverme en varios de ellos. Comencé muy temprano, con solo ocho años practicando boxeo, kárate, taekwondo y baloncesto, incentivado por mis padres para que tuviera todo ese gasto energético diario y que llegara tranquilo a la casa. Después me cambié de escuela y llegó el atletismo.

Fue un amor a primera vista para mí que siempre he sido una persona muy competitiva. El primer día me pusieron unas pruebas de aptitud y eso me dio la oportunidad de probarme, de poder competir y sobre todo probar qué se sentía ganar algo. Son pocas las sensaciones que se pueden comparar con ese momento cuando eres un niño que le gana a un compañerito de la escuela. Eso me motivó a darle continuidad, a seguir preparándome y esforzándome para tratar de seguir ganando.

Tu proceso de formación fue guiado por varios entrenadores. ¿Consideras que alguno en especial haya sido determinante para tu posterior carrera?

Todos los que trabajaron conmigo fueron determinantes para mi desarrollo. El camino comienza desde él que te capta y te explica el ABC del deporte. ¿Cuánta empatía y armonía tiene que tener esa persona que te enseña desde muy temprano que la vida no es color de rosa? ¿Cuán importante no es esa persona que es capaz de guiarte y hacerte comprender que el entrenamiento es lo más importante para obtener resultados?

Eso lo logré desde los comienzos con mi entrenador de la EIDE en Guantánamo, Miguel Martínez Amelo, a quien considero como un padre y con quien aún mantengo unas relaciones fantásticas, un entrenador fuera de serie con más de treinta años de experiencia. Esa combinación de sapiencia deportiva sumada a mi dedicación y obediencia fueron los factores que me llevaron a buenos resultados.

Cuando llegué a La Habana trabajé con Orlando Meneses, otro gran profesional. Él fue quien me explicó cuál era el beneficio del sacrificio. Recuerdo que me decía cosas como “hoy tienes que usar las zapatillas nuevas que te dieron, porque esas son las que te van a hacer obtener el resultado que te darán las próximas”. Con esto me enseñó que lo que tengo hoy, lo sacrifico para poder duplicarlo mañana.

Luego llega mi maestro Santiago Antúnez, al cual siempre le rendiré pleitesía, porque fue la persona dentro del atletismo que me mostró la realidad y el camino al éxito. Me dio la posibilidad de lograrlo todo e influyó muchísimo en mi formación como hombre: gran parte de lo que soy a nivel humano se lo debo a él. En la actualidad no tenemos mucho contacto, pero dondequiera que esté siempre le voy a guardar el mayor de los respetos y toda mi consideración.

Dayron Robles
Foto: Hansel Leyva.

¿Cuál fue tu momento más feliz en el deporte?

Sin dudas, cuando rompí el récord del mundo, porque fue ese momento en la vida donde tienes esas contradicciones donde sabes que estás bien físicamente y sin embargo las cosas no te salen. Sabes que tienes posibilidades, pero los errores que cometes los pagas y te preguntas, ¿cómo seré capaz de resarcir estos problemas?, sin encontrar respuestas para remediar lo que me estaba dañando.

Fue un momento fantástico que ni siquiera esperaba y por eso lo disfruté tanto. Todavía no habíamos llegado al momento álgido de la temporada; estábamos envueltos en la preparación de una competencia grandísima, los Juegos Olímpicos, donde tenía una responsabilidad inmensa con el país. Pero el entrenamiento fue magnífico y yo me convertí en una persona detallista que buscaba que cada día lo que realizara me tributara a lo que tenía que hacer al siguiente.

Ese 12,87s que logré aquel 12 de junio, cuando aún me faltaban alrededor de tres meses para la olimpiada, me llenó de júbilo y fue un momento fantástico que me marcará mientras viva.

¿Tu mayor decepción deportiva?

Por supuesto que a lo largo de mi carrera he tenido varias decepciones, pero una que recuerdo con especial tristeza fue Londres 2012. Mi desencanto fue tal que me cuestioné seriamente el hecho de continuar compitiendo, porque ves reflejado todo tu sacrificio solamente en la opinión de algunos que no saben ni siquiera como lo hiciste ni valoran tu trabajo.

Por eso critiqué a muchos periodistas y fui reacio a dialogar con ellos durante un largo periodo. La mayoría no sabe lo que es correr ni todo lo que implica poder ser competitivo. Ellos, simplemente, están sentados en una computadora analizando ciertos datos de lo que pueda pasar o no, pasando por alto cosas como el estrés psicológico y social que se sufre a ese nivel, o cómo reacciona tu organismo a los entrenamientos. Más aun en este país donde el aspecto económico no te permite poder aislarte antes de competir como lo hacen los estadounidenses, por citar un ejemplo. En mi caso imagínate: viviendo en Centro Habana y entrenando todos los días en el Estadio Panamericano, conviviendo con toda esa polémica a diario. Para mí fue muy difícil de sobrellevar.

Por otra parte, otro error que cometimos fue que la dirección del equipo nacional decía que yo estaba bien y no era así, pues estaba lesionado desde febrero. Pedí obviar el Mundial bajo techo para poder recuperarme bien, pero se tomó la decisión de que compitiera y estuve de acuerdo. Al final, no pude defender mi título y en mayo la lesión se agravó. Llegaron las olimpiadas y en la semifinal corrí 13,10s. Esto me hizo pensar que había que matarme; estaba convencido de que iba a obtener una medalla y ya sabemos qué fue lo que ocurrió, en definitiva.

Tú y Liu Xiang protagonizaron una rivalidad que marcó una época dentro de tu especialidad. Como todo buen enfrentamiento no estuvo exento de polémica

La realidad era que, a pesar de las especulaciones, nosotros teníamos una relación espectacular, a pesar de ser rivales directos. Cada vez que nos veíamos nos dábamos un abrazo y sin poder decirnos ni una palabra, a causa de la barrera idiomática y en esa época ninguno de los dos hablaba un inglés lo suficientemente fluido para poder comunicarnos. A pesar de que, en la pista, sí nos mirábamos con ansia de derrotarnos el uno al otro, como es lógico.

Cuando yo estaba comenzando a destacar, él ya era un big star, que andaba con séquitos de más de veinte personas a su alrededor en todas las competencias, mientras yo era un morenito flaquito que solo era acompañado por su entrenador. Eso me ayudó mucho psicológicamente porque lo convirtió en mi principal objetivo. Empecé a ganar carreras y ya, automáticamente, fui ganando en atención mediática y por parte de la afición. No obstante, él era una máquina perfecta construida hasta el más mínimo detalle por sus entrenadores.

He de decirte que casi todos se enfocaban en nosotros dos porque la rivalidad vende. Pero los Estados Unidos tenían una escuadra monstruosa de atletas tácticos, encabezada por mí ídolo Allen Johnson, Terrence Tramell y Aries Merrit y este último se convirtió posteriormente en recordista mundial. Ellos también me mostraron su afecto desde el inicio, hasta tal punto que me decían “el Baby”. Tanto con Xiang como con los demás, nunca nos afectó la agresividad propia de la competencia que demostrábamos en la pista, una vez estábamos fuera de esta.

Sin dudas, el momento álgido de la rivalidad fue el Mundial de 2011. Considero que era una competencia extremadamente reñida porque todos los atletas que participaron ahí tenían el nivel más alto. No obstante, cometí un error que tuve que pagar muy caro.

Las personas en la calle todavía me abordan y me increpan: “Oye, tocaste al chino”. Y yo me río porque fue parte de las cosas que pasaron y fueron visibles para todos. No obstante, a las personas que conocen más el deporte trato de explicarles que observen el gesto técnico de la mano, para que vean que en todas las carreras lo hago. Con Liu Xiang me ocurrió lo mismo en el 2006, pero no pasó nada porque él iba ganando. Yo lo lamento por ambos, ya que en definitiva fuimos los perjudicados con esa situación. A lo mejor, él podría haber ganado la carrera, al igual que yo. De hecho, en mi punto de vista gané esa competencia. Pero no fue así y ya no tiene remedio.

Agradezco mucho haber tenido la oportunidad de coincidir con todos estos grandes vallistas. En especial con Xiang, quien fue un rival digno y sin duda, gracias al gran nivel deportivo que poseía, pude crecer más porque siempre me exigió al máximo en todas las carreras. Como me decían siempre en la calle jocosamente los aficionados: “Oye, siempre tienes un chino atrás”. Créanme, que tener a Liu Xiang corriendo junto a ti, era algo terrible.

Después de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 comienza el proceso de ruptura con la Federación Cubana de Atletismo. ¿Qué sucedió?

Es un tema que he reflexionado mucho ya al pasar de los años y creo que lo que me sucedió fue que me adelanté a mi tiempo. Aclaro que nunca fue mi intención tener problemas con nadie: amo esta tierra tanto que mira donde estoy en la actualidad y donde seguiré. Hace mucho tiempo que decidí vivir en mi país. Sino hubiese sido así, me hubiera ido cuando estaba realmente en condiciones.

Simplemente, estaba muy decepcionado por todo lo de Londres 2012 y posterior a esto, a situaciones que se dieron con algunos directivos del deporte. Entonces, sentí la necesidad de hacer algo distinto con mi carrera, de luchar por mí mismo y después disfrutarlo: quise practicar el atletismo con más libertades. Eso lo logré, no obstante, la Federación Cubana salió a jugar su papel. Yo no juzgaba ni a Juantorena ni a nadie por hacer lo que tocaba en mi caso.

Por eso te dije que me adelanté, porque ese momento histórico que estábamos viviendo en aquel entonces era de esa forma. Las situaciones de ese tipo se manejaban de una manera muy dura. Aclaro que nunca incentivé a otro atleta a que se marchara del país: todo lo que he hecho siempre ha sido en favor de mi país porque lo amo con todo mi corazón.

Una vez más, todo se acrecentó porque la prensa me trató de una manera injusta, incluso usaron términos racistas contra mi persona. Al final, lamento mucho que esas personas hayan actuado de esa manera porque en la actualidad las cosas cambiaron y ya se está admitiendo que deportistas regresen a representar a Cuba, como se debía de haber hecho hace mucho tiempo. Estoy muy contento con eso porque en cierta medida se creó un precedente a raíz de mi situación y la de muchos que estuvieron antes que yo, que tuvieron que tomar la dura decisión de irse o de enfrentarse a un dirigente.

Honestamente, recalco que me alegra mucho que el Inder esté tomando decisiones sabias al respecto, porque eso le hace mucho bien a nuestro sistema deportivo que a pesar de todos los problemas goza de una salud espectacular en comparación con otros renglones de la sociedad. Nuestros dirigentes están comprendiendo, poco a poco, que el deporte en el mundo es un producto y que la concepción que se manejó por muchos años aquí, cada día está más caduca.

Como cualquier aficionado siempre quisiera ver a los míos aquí, disfrutando de los beneficios que tiene el mundo, pero siempre teniendo la posibilidad de regresar con los suyos y ayudar a la construcción de nuestro país que tiene que crecer constantemente. Lo que nos debe interesar a todos es que Cuba siga produciendo muchísimos atletas como lo seguiremos haciendo y tenerlos aquí, para que nuestro deporte siga creciendo.

Dayron Robles
Foto: Hansel Leyva.

¿Cómo funciona el sistema de los patrocinios en el deporte dentro y fuera de Cuba?

Lamentablemente, en nuestro país el patrocinio de las empresas no funciona de manera directa con el deportista, tal cual es en el resto del mundo. No sé si algo habrá cambiado en estos momentos, pero los sponsors en Cuba son dirigidos hacia las Federaciones de cada deporte y no se manejan de forma individual.

Fuera de Cuba, los patrocinios son el dinero que gana el atleta. Tú comienzas a ganar dinero desde el momento en que ganas algún campeonato, o rompes una marca, o simplemente ocupaste un lugar destacado en algún torneo. Las empresas comienzan a interesarse en usar tu imagen para anunciar sus productos y comienzan a invertir en ti. 

Así es como funciona en el mundo este tema explicado de una manera sencilla, porque es mucho más amplio. Creo que debemos potenciar más estas cuestiones para conseguir un desarrollo óptimo de nuestro deporte, incluso desde el punto de vista nacional con empresas del patio solventes como Havana Club, Ciego Montero, etc y algunas del sector privado.

¿Qué hace Dayron Robles en la actualidad?

Ahora mi principal labor es ser un padre de familia, que es lo más importante en mi vida y mi principal tarea. Esto me hace sentir espectacular y es el complemento más importante que tiene mi felicidad individual.

También estoy utilizando las bondades que tiene este país en la actualidad como parte de todas las reformas que se han hecho con respecto al emprendimiento y el trabajo por cuenta propia. Mi familia y yo estamos implicados en varios proyectos como los hostales e inauguramos, hace aproximadamente seis meses, un restaurant llamado La Escondida Habana, proyecto en el cual estoy totalmente enfocado y del cual estoy funcionando como anfitrión directo, para salir adelante brindando el mejor servicio posible, con la idea de que las personas que vengan se sientan como en su casa sin importar su nacionalidad.

Además, estoy trabajando en el desarrollo de una experiencia Airbnb, donde vamos a incluir al público en mi vida cotidiana, donde lo mismo iremos a correr a una pista, al gimnasio, a una playa o a visitar mi restaurant, donde podrían tener la experiencia de comer un desayuno olímpico, tal cual son los que uno tiene antes de competir, por solo citar algunos ejemplos.

Dayron Robles
Foto: Hansel Leyva.

¿Cuáles son los principales retos a los que te has tenido que enfrentar en esta faceta de emprendedor?

Hay muchas personas aún que no comprenden y reconocen que nosotros beneficiamos a la sociedad. Hay todavía muchos conflictos entre los cuentapropistas y las entidades estatales, sin necesidad ninguna, ya que ambas contribuyen de manera directa al crecimiento del país. Sin necesidad ninguna de crear conflictos ya que el propio Raúl Castro y el presidente Miguel Díaz – Canel se han manifestado a favor de potenciar el emprendimiento.

Queda mucho por hacer todavía, por ejemplo, el mercado mayorista donde uno puede obtener grandes volúmenes de un producto en específico necesario para realizar una labor determinada, es algo muy tedioso. Todos sabemos que hay ocasiones donde comprarse una cerveza para consumo personal puede ser un problema. Imagínate lo compleja que es la faena de surtir de un producto a tu negocio, cuando este prácticamente es inexistente. El día que esta parte funcione como es debido se estará en condiciones de abaratar los costos y seguir brindándole un servicio de calidad a la población.

Mi sueño es que podamos superar estos problemas y trabajar todos en conjunto como país, para que cualquiera de mis compatriotas pueda costearse sin problemas degustar un plato en mi restaurant, por solo poner un ejemplo.

¿Sientes que te ha quedado algo pendiente por realizar a nivel personal o en tu vida deportiva?

Los sueños y metas van cambiando en la vida según las expectativas que tenga uno en un momento u otro de la misma. Mi sueño siempre fue poder practicar mi deporte al máximo nivel hasta alrededor de los treinta y cinco años. Lo intenté, pero no pude lograrlo a pesar de todo. Los que dirigían el deporte en ese momento no me permitieron que continuara. Sin importar que en esos momentos ellos no me dieran nada a cambio y a mí tampoco me interesaba que me lo dieran, yo solo quería correr.

Lo otro que quedó inconcluso para mí y que espero que la vida me permita retomarlo algún día es mi rol de entrenador. Fue una faceta efímera, pero que me apasionó profundamente. Nada es comparable con esa sensación de formar a algún joven atleta y encumbrarle para que este vaya por un camino superior al tuyo.

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