Para que un deporte sea un espectáculo y una fiesta, se necesitan además de los atletas, otros factores como el público, una buena puesta en escena televisiva y, por supuesto, un elemento vital lo constituyen los narradores. José Luis Nápoles es uno de esos cubanos que nació para recrear la realidad con una imaginación desbordante y única a quienes escuchan el béisbol.

Desde muy jovencito, se inclinó hacia la práctica de varias disciplinas, pero no fue hasta la edad de 20 años cuando descubrió sus aptitudes y futuro en la locución, y con el tiempo se convirtió en uno de los más talentosos narradores de la Isla, cuando no imaginaba que trabajaría algún día con los choques de MLB en Estados Unidos.

Nápoles se graduó como Licenciado en Cultura Física y quedó en la memoria de los oyentes de la emisora CMHW, de la provincia Villa Clara, en donde laboró alrededor de 15 años.

En su país natal vivió años gloriosos de la pelota, narró sobre equipos y peloteros legendarios, pero también presenció injusticias contra varios jugadores que le hicieron mucho daño a las personas y al béisbol.

Desde 2005 no se escuchó más su voz en la Isla, pues decidió unirse a su familia en los EE. UU. y, además, cumplir sus sueños de estar cerca de la Gran Carpa. Varias fueron las situaciones adversas y las vicisitudes que debió superar para lograrlo después de haber sentido en carne propia acciones en su contra y hasta haber atravesado México para llegar a su destino.

De sus vivencias como profesional del micrófono, anécdotas de sus comienzos, su visión de la pelota de la Isla como amplio conocedor, cuenta a Play off Magazine quien es uno de los actuales narradores en español de los Marlins de la Miami de las Grandes Ligas.

José Luis Nápoles con Yiky Quintana y Felo Ramirez

¿Cómo fue tu inclinación por la locución deportiva?

Todo fue en la etapa cuando uno cambia la voz en la adolescencia. Mi padre se dedicó a la locución mucho tiempo y de alguna forma fue despertando esa pasión en mí. Poco a poco fui descubriéndome, porque soy mucho más tímido que él. Después, en las escuelas me llamaban para leer algo y así fui perdiendo el miedo escénico.

Al cumplir 20 años convocan a una prueba de locución regional en la CMHW de Villa Clara. Me presento y tengo resultados muy buenos. Muchos profesionales me elogiaron. A partir de ese momento me di cuenta de que no quería ser otra cosa en mi vida. Demoró el llamado para el curso. Al año se retiró Héctor Alomá, narrador comentarista deportivo y me presento en la especialidad de narración. Existía la plaza y el vacío, y comencé.

Paso el curso con el profesor Luis Alberto Acosta que en ese momento era una figura sumamente establecida en la radio y la televisión y colega en el programa “La explosión de las 12”, como copresentador. Nos preparamos con diferentes asignaturas, todo muy natural más allá de las prácticas.

¿Cómo fueron los años en que trabajaste en la radio cubana?

Las condiciones técnicas eran buenas, aprendí mucho. Empecé a narrar con Normando Hernández. La pasión era mucha y viajábamos por todo el país en las series nacionales. Era bonito, no se convirtió en trabajo, solo era cambiar el tono de la descripción, cambiar el lenguaje técnico y hablar por muchas horas al aire con la complicidad de un colega.

Normando Hernández tiene sus características, él tiene una personalidad fuerte. Discutíamos bastante de diferentes temas, en no todos estábamos de acuerdo. Yo soy de las personas que cuando en una discusión doy mi argumento no creo que tenga que repetírtelo tres veces para que sea más fuerte. No quedaba una rencilla, salíamos en el viaje y todo continuaba normal.

Me pasaron otras cosas muy duras durante mis años como narrador. Recuerdo que decían que Rolando Arrojo llamó desde acá de los EE. UU., a la casa del atleta, a un amigo, y todos los demás que estaban allí y cogieron el teléfono, por solo por decirle ‘¡hola!’, tuvieron muy serios problemas. Aquello me parecía completamente arbitrario. Los amigos no tenían por qué ser ignorados porque se hayan ido o dejar de ser amigos, eso es algo loco.

Todo eso hizo mucho daño y dejó huellas negativas porque detrás de un atleta están los fanáticos y una familia. Yo no tuve problemas ni con directivos ni atletas, critiqué, pero con argumentos sólidos y estadísticas. Hablando de situaciones duras, una vez tuve que dar lectura a una sanción para varios peloteros de Villa Clara que supuestamente querían irse del país, cosa que yo también quería, desde luego.

Como profesional tuve que leer una nota dirigida a un coterráneo mío y además de mi familia, como Jorge Luis Toca. Él sabía que lo iban a sancionar, pero para mí fue muy difícil. También Chinea el entrenador de picheo al que aprecio mucho. Se produjeron muchas sanciones como la de Eduardo Paret, injustamente. Las viví con amargura en la provincia y comprometieron los resultados. Para mí como profesional fue durísimo porque tuve que leer ese tipo de notas con las cuales no estaba de acuerdo absolutamente. Me dolían las barridas de Industriales.

Tuve experiencias bonitas, no puedo negarlo. Me tocó narrar el batazo de Michel Perdomo que impulsa a Ariel Pestano y deja al campo al equipo de los Industriales en el año 1994. Narré en esos tres años, en el 93 y 95 también en Pinar del Río. Tres campeonatos ganados, y el equipo de Villa Clara estableció una dinastía. Cada transmisión y partido era una locura, era un elenco precioso. Fueron los momentos más lindos en Cuba.

¿Cómo emigras para los EE. UU.?

No me gusta dar muchos detalles de esto porque quizás haya personas que lo estén haciendo todavía. Me fui por un tercer país. Al final llegar a la meta te hace olvidar todo lo demás. Tuve que atravesar por México, con tremendísimo miedo, con temor a que me deportaran y me regresaran hasta que finalmente pasé la frontera y allí después estuve en una cárcel para un proceso de datos y que comprobasen que realmente era cubano. Entonces me acogí a la Ley de Ajuste Cubano.

Llegué a los EE. UU. y en un tiempo relativamente corto comencé en un noticiero de televisión, Tele Miami. En aquel entonces buscaban talentos. Estaban iniciando un nuevo proyecto y yo tenía la posibilidad de entrar en los deportes y noticias. Hice un casting y a ellos les gustó lo que vieron en mí. Tenía experiencia de mis años trabajando en Cuba. Una vecina que me conocía le había hablado de mí al dueño del canal. Ciertamente, tuve mucha suerte. Así comencé.    

¿Cuánto has crecido como profesional de los medios?

Aquí existe mucha competencia, hay gente de muchos países y cuando me paro frente a un micrófono también represento a mi gente, a los cubanos.

He estado en muchos eventos deportivos de la televisión y la radio, ciclones, coberturas de todo tipo y hasta 24 horas. Aquí no se autoriza lo que se puede decir, como en Cuba. Aquí tienes que tener la responsabilidad de hacerlo bien como profesional. No especular, pero hay la libertad de dar la información justo en el momento que ocurre.

Aquí no hay plantilla inflada. Aquí va la lista contra el billete. El presupuesto va contra la rentabilidad. En los meses de la Covid decidieron prescindir de los deportes. En medio de la Covid, por ejemplo, hablaron conmigo para prescindir de mis servicios para ese período, pero ya estoy de nuevo en Univisión. No me lo tomé personal, sabíamos que era algo pasajero.

Creo que no fue lo correcto, pero no tengo ninguna queja, al contrario. Todo lo que tengo es agradecimientos en mi formación profesional y las oportunidades que me han dado y me siguen dando.

La emisora con que yo narro el béisbol profesional pertenece al grupo de Univisión Radio, es Radio Mambí. Existe un canal nacional de deportes y puedes estar en otro lugar. Yo quiero envejecer narrando el béisbol, que es lo que más me gusta, y ya llevo 15 años en este sistema de labor.

¿Has recibido censura en tu profesión en los EE. UU.?

No, que va. No creo que exista la manipulación. Existe la libertad de que cada cual le dé su enfoque a la información y lo maneje con su estilo cuando estas tratando un tema determinado. No existe una línea general. No existe una política editorial que diga que hay que tratarlo de una determinada forma.

La gente da su opinión y todo el mundo tiene el acceso a la internet para desmentir algo. Manipular es muy difícil, únicamente un tonto, también existen aquí, pero la gente conoce la verdad. La gente tiene varias fuentes de información. De ahí sacan las conclusiones.

Acuérdese que estamos en Miami. Todo el mundo lo define como la sexta provincia. Aquí se habla de Cuba las 24 horas del día. En diferentes canales ocurre esto. Yo tuve la posibilidad de estar en las series nacionales y pude viajar por todo el país, de conocer muchos municipios y sitios, también de la cultura, las comidas, los bailes, los sabores, la historia y te puedo decir que posiblemente he aprendido más de mi país estando en el exterior que cuando vivía allá.

Primero, se sabe todo aquí más que en Cuba. Allá la prensa nacional va a filtrar esa información y la va a dar a cuentagotas en dependencia de si lo autorizan o no. Aquí la información sencillamente sale y ya y en el momento que está pasando. Después se van conformando los hechos, más tarde se va esclareciendo todo. Acá existe una furia por la información. 

En los EE. UU. me ha tocado narrar con el colega Yiki Quintana, cubano también, a los Marlins. He sido afortunado porque he tenido profesionales mayores que yo a mi lado. Siempre uno intenta conocer a su pareja, complementarse, tratar de seguirle el tema, independientemente de que estés narrando un partido. No podemos estar divorciados ni distanciados. Nos sumamos a una misma dinámica. Lo mismo ocurría con Normando Hernández y Héctor Alomá.

En silencio aprendí de ellos porque yo era muy joven. Siempre digo que acá he narrado las Grandes Ligas con los Marlins, pero lo difícil lo aprendí en el sistema de la radio en Cuba, en la CMHW y en las transmisiones siguiendo al equipo Villa Clara de pelota. También narré fútbol, baloncesto, boxeo, softbol, motocross. La afición villaclareña debe recordar con agrado la pareja Normando – Nápoles.                                                                          

¿Qué te parece la pelota cubana actual?

La pelota cubana ha perdido mucho talento. Existe mucho inmovilismo por parte de las autoridades para tomar decisiones. Esa representatividad de cada provincia es un número demasiado grande de equipos. ¿Cómo es posible un máximo nivel de competencia cuando se han ido tantos talentos y se mantiene compitiendo 16 equipos? Ese compromiso, digamos político, no puede tener otro trasfondo, de que cada provincia tenga que tener un representante. Me parece algo completamente no funcional.

Creo que Cuba tiene que apostar por el profesionalismo, tiene que crear clubes que no tengan que ver con la representatividad. Creo que, o le ha dado miedo, o no han tenido dinero ni patrocinadores. Cuba tenía la mejor liga profesional del mundo antes del triunfo de la Revolución después de las Grandes Ligas.

Hay otro elemento que es la zona de strike, es muy amplia, casi todo es strike. ¿Qué produce esto? Pues malos lanzadores y malos bateadores porque un lanzador ponchando bateadores en la esquina de afuera puede tener 15 victorias y va a un evento internacional pero cuando llega, por ejemplo, a la Serie del Caribe, esa esquina no se la cantan, regala muchas bases y cuando viene al medio le dan el palo.

Los bateadores cubanos son sumamente impacientes en el plato, le tiran a casi todo porque la zona de strike es inmensa. Creo que hay que reducir la zona de strike. No se logra que el bateador sea disciplinado, que coja bases por bolas, que se adapte a conectar en la famosa zona caliente. Si se canta casi todo, le tiran a casi todo.

Tácticamente, esa zona de strike está acabando con el béisbol cubano además de la fuga de talentos por las malas condiciones en la base. Hay que poner más transmisiones de pelota y no tanto fútbol. A mí me encanta el fútbol, pero el cubano por idiosincrasia y por naturaleza es un amante del béisbol no del fútbol. Puede salir un buen futbolista, ¡qué bueno!, pero Cuba da ron, tabaco, café, caña y béisbol. Son sus productos principales.

Nápoles con Yiky Quintana.

¿Qué opinas con respecto a que los peloteros emigrados puedan representar al país en eventos internacionales?

Muchos peloteros que están acá quisieran jugar representando a Cuba en un Clásico, otros no. Seamos francos, si todos los peloteros cubanos que están en las Grandes Ligas, los de Japón y los de las Ligas Menores desean jugar; con todo el respeto de los que están en Cuba, incluyendo a Alfredo Despaigne, no creo que tengan la posibilidad.

Sería un equipo que está fuera del país. Por suerte para el béisbol cubano ellos estarían dispuestos y deberían coger la sartén por el mango, o sea, un poder de decisión porque Cuba los necesita de manera imperiosa, sin ellos no pueden hacer un buen papel en un Clásico. Se han estado poniendo condiciones de que si se fueron de una delegación, que si han hablado en contra del gobierno, que si han hecho críticas. Siempre con Cuba las cosas son muy complicadas porque el tema de la política está en el medio. 

¿Ves un futuro feliz en tu vida?

Solo me ha faltado ir a Cuba, que no he podido. Allá tengo a mi tía Marina, a la que amo mucho y esta viejita ya. A ella le han negado la visa en par de ocasiones, pero me mantengo al tanto. Tengo buenas amistades que anhelaría ver y saludar.

Mi futuro está en manos de Dios. Cada cual trata de tomar decisiones correctas. Trato de divertirme con lo que hago. Disfruto ser padre, practicar deportes, estar con mi familia, tengo un niño y una niña y mi esposa además tengo mi casa y el trabajo. Como profesional he tenido la posibilidad de brillar y establecerme, aprender, competir y superarme.

Espero estar saludable para desarrollarlo hasta el final de mis días con las energías necesarias. Narrar pelota que es lo que me gusta y no quiero nunca perder la ilusión ni la pasión para no ver mi profesión como un trabajo porque nunca lo he visto así.

Quisiera que me recordaran siempre como un cubano que nunca ha dejado de serlo y que donde quiera que va lleva su cubanía; que no trata de cambiar su acento para enmascarar su procedencia. A donde quiera que voy eso queda muy claro. Obviamente, quiero ser una persona exitosa en mi profesión y que las personas que me conocen y estuvieron cerca en mi etapa de formación en Cuba se sientan orgullosos de lo que hago. Es un compromiso conmigo mismo y los demás.

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