Foto: tomada del blog de Carolina Vilches

El fútbol cubano ha tenido en este siglo talentosos jugadores que representaron al país en eventos internacionales y aunque en muchos casos no se alcanzaron los resultados que esperaban los aficionados, sí se logró ganar la Copa del Caribe en 2012, y el campeonato nacional despertaba mayor interés en tiempos pasados.

Por esos años, cuando se alcanzó ese recordado resultado, un joven delantero con facilidad para romper redes integró la selección nacional en varias ocasiones: Roberto Linares, recordado como El Toro, un corpulento ariete villaclareño que ganara campeonatos con su conjunto en la liga cubana y quien fuera líder goleador en una ocasión.  

Como jugador, El Toro se sobrepuso a las dificultades que imponía la propia vida del país y el estado de un campeonato cuyas condiciones habían decaído mucho, las mismas que agobiaban a gran parte de los deportistas. Por eso un día, cuando se le presentó la oportunidad de dejar su terruño para mejorar las condiciones de vida de su familia y las suyas propias, no la desaprovechó.

Roberto Linares vive actualmente en Argentina, una tierra en donde el fútbol es pasión. Desde allí, conversa sobre las vivencias de sus años en la Isla; su vida familiar; también de su presente en el país sudamericano, en donde logró salir adelante, y por supuesto, de su gran pasión: el fútbol.  

 ¿Cuánto tuviste que pasar para lograr algunos de tus sueños en el fútbol cubano?

Mis inicios en el fútbol fueron en el área deportiva con los entrenadores Ñaño, Leonardo Pérez y Eduardo, quien era mi vecino y me veía jugar en las calles de Zulueta con los chicos del barrio y de ahí me captaron. Después pasé a jugar los campeonatos provinciales con el equipo del poblado.

En séptimo grado entré a la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) con Jorge Castillo y transité por todas las categorías escolares representando a Villa Clara. Más tarde, en los juveniles, pasé a la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) con Reinaldo Marín. En esa etapa participé con el equipo de los Azucareros. Comienzo en el servicio Militar y cuando cumplí esa etapa tuve suerte para integrar el equipo Villa Clara.

Me caractericé por la rapidez desde pequeño, y no era tan fornido como cuando fui creciendo. Mientras estaba en la categoría sub-23 es cuando me ponen el sobrenombre de El Toro Linares. Desde los escolares fuimos siempre subcampeones nacionales en Cuba. No podíamos lograr engranar bien para ser campeones a pesar de que éramos muchachos muy talentosos.

Mis inicios en la EIDE fueron muy duros, por allá por 1999 o 2000, cuando estaba en séptimo grado. Las condiciones eran muy malas, las canchas teníamos que chapearlas nosotros porque estaban llenas de marabú. Para entrenar, caminábamos hasta la escuela de comercio y regresábamos para después dar las clases.

La comida estaba muy mala, no era adecuada para los fuertes entrenamientos que hacíamos, porque éramos niños. No teníamos condiciones, no había tenis ni tacos ni ropa, nada. Teníamos que lavarlas nosotros. Yo era el más chico de todo el grupo, menos mal que me acogieron bastante bien los compañeros. Faife, Macías y René Luis me acoplaron en el aula y la vida social en la escuela porque era bastante difícil.

Tuve que aguantar muchísimo porque mi familia tenía pocos recursos, teníamos que apretar el zapato, o sea, restringirnos. Mi mamá me mandaba la comida y un dinerito para poder sobrevivir. Yo no era de buena boca, como decimos popularmente. Para aguantar aquello había que estar fuerte de mente, tener coraje y tener mucho deseo de ser deportista. No todos los muchachos que llegaban terminaban en la EIDE porque había que bañarse con agua fría, en fin.

Te convertiste en uno de los talentos más importantes de Cuba en tu época

Fui miembro de la selección cubana sub-23. Llegué por suerte, ya que había muchos jugadores con talento y reconozco que jugaban mejor que yo. Calixto, el entrenador de Pinar del Río, vio algo en mí que hizo que yo estuviera en aquel equipo. Me fui ganando el puesto poco a poco. La primera competencia fue en Cuba y anoté como 7 goles y después fuimos a Trinidad.

Estando en el once de mayores fuimos campeones del Caribe y me dio mucha felicidad. No sé si lo veía como una forma de retirarme o verlo como algo importante en el fútbol. Había muy buenos futbolistas como Odelín, Yenier, Cervantes y otros.

Mis mejores momentos fueron al ser campeones en el 2011 con el Expreso del Centro. También, en el preolímpico al que fuimos un grupo de zulueteños. Por cierto, le anoté gol a los Estados Unidos, además fui campeón del Caribe y le dimos esa alegría al pueblo cubano, que hacía años que no se lograba.

Roberto Linares futbolista cubano con Villa Clara
Foto: tomada del blog de Carolina Vilches

¿Por qué decides emigrar de Cuba?

Después de que terminé la Copa del Caribe en 2012, un tiempo antes de la eliminatoria mundial me sentí muy decepcionado, quería irme de la selección. Muchos entrenadores me dieron aliento y me dijeron que no me rindiera. Me daban pocas oportunidades. Aun cuando había otros que estaban frescos, pero yo necesitaba más minutos de juego. Esas cosas me fueron matando poco a poco.

Las condiciones para un atleta de la selección nacional eran cero. Yo estuve desde el 2006 hasta el 2012 y solo cobraba un estipendio de 200 pesos cubanos y después cuando me gradué, era solo el salario como entrenador. Nos pasábamos muchos meses en el Pedro Marrero costeándonos, porque con eso no vive nadie.

Cuando había una gira tratábamos de comprar cualquier cosa para poderlo revender en Cuba. Éramos prácticamente unos merolicos, unos comerciantes para tratar de sobrevivir. Comprábamos prensas, DVD, televisores para poder ahorrar un dinerito y poder tener algo porque con 10 dólares al día en el extranjero no alcanzaba.

Era muy triste ver como otras selecciones extranjeras se notaban totalmente profesionales y nosotros más que amateurs. Ver como cobraban y salían con otras perspectivas de la vida y nosotros nos veíamos inferiores.

Tengo una anécdota con México de cuando jugamos en Charlotte, en la Copa de Oro y los dos equipos viajábamos en un solo avión. Estuvimos esperando dentro del avión a los mexicanos Andrés Guardado, a Rafa Márquez, a Chicharito Hernández, Iguanito Santos, a todos ellos.

Vimos todo lo que podían obtener, viajaban con su familia y estaban con ellos dentro del hotel. Desde ese punto de vista ya estábamos perdiendo con el contrario. Ni hablar de los botines ni de la manera de entrenar. Desde que miras a un contrario y ves esas condiciones y pensamientos, eso hace mella.

Siempre entre nosotros comentábamos en la selección los deseos de ser profesionales. Tuve la oportunidad de serlo, pero no me dieron la posibilidad en aquel momento. Nunca me fui porque no tenía en mente desertar porque amo mucho a mis padres para dejarlos de ver tantos años.

En realidad, no tenía pensado irme de Cuba cuando decidí no jugar más. Quería estar tranquilo, descansar, despejar y poner mi mente en otra cosa, dedicarme a ser entrenador. Me sentía como que en el Expreso de Villa Clara no me querían. Me fui deprimiendo y pensé que tenía que buscar otro momento.

Jugué otro campeonato nacional y empecé a pensar diferente. Estaba dándome tratamiento de una lesión en medicina deportiva y me llega una carta de invitación hacia Argentina gracias a unas amistades que tenía acá. Me invitaron, comencé a cambiar el rumbo de mi vida y pensamientos. Al ver la carta me dije: esto es lo que quiero para mi vida, esto es lo que tengo.

Había visto años anteriores a muchos jugadores de Zulueta que estuvieron en la selección nacional y habían terminado muy mal sin trabajo, sin casa y me pregunté yo mismo si eso es lo que yo quería para mí vida. Me senté con mis padres, les dije que iba a tomar la decisión y que quería ayudarlos de otra manera.

¿Cómo fue el proceso adaptación a un país nuevo, con otra cultura?

Dairon Macías y yo llegamos juntos por la carta de invitación de que te hablé. Estuvimos en Buenos Aires unos meses y contactamos con una mánager muy buena persona. Pasamos por algunas pruebas en Córdova. Yo tenía 28 años al llegar acá. Es Argentina y las ligas son de mucho nivel.

Una liga de acá tiene mucho más nivel que el campeonato nacional cubano. Nos fue muy difícil. Empezamos a dar tumbos porque no quedábamos en ningún club hasta que encontramos donde jugar. Nos ayudaron en el equipo del All Boys. El presidente nos dio la mano, estuvieron junto a nosotros para abrirnos camino, fueron como nuestra familia.

Es lo mejor que nos ha pasado después de que llegamos. Después decidí no jugar más porque quería ayudar a mis padres y me puse a trabajar también en un bar con cubanos. Al pasar tres años regresé al club como ayudante de campo y acepté. Este año estoy de preparador físico. Estoy contento aquí, aunque la pandemia tiene detenido casi todo.

Con lo que yo trabajaba en el bar vivo y pude ir a Cuba, ver a mis viejos, llevarles sus cositas, sacarlos y festejar, hacer fiesta con la familia completa. Siempre se hace un esfuerzo mayor por ayudar a la familia desde aquí. Quizás no para vivir como uno sueña, pero sí para vivir cómodamente.

Acá hay una tranquilidad en el futbolista en la casa, donde duerme, lo que come. En Cuba no es así; a veces no tenía botines ni comida ni transporte para irme para mi casa y llegaba supertarde. Mi mente no estaba concentrada en el fútbol, pues estaba solo pensando en cómo llegar, qué comer y qué hay para comer, o si habrá.   

Roberto Linares
Roberto Linares con el equipo Cuba.

¿Qué opinas del futbol cubano actual?

He visto chicos muy interesantes, jóvenes con muy buena calidad, pero les falta la picardía y además, resolver la timidez al jugar con otros grandes equipos. Es el reflejo del campeonato cubano que es atípico y tímido. Eso lo reflejan internacionalmente. Hay que hacer un cambio total de mentes tanto en los directivos como en los jugadores. Hay jugadores en ligas extranjeras haciéndolo profesionalmente y se espera que la selección pueda tener otro ritmo. 

El fútbol no es como en los años 70 y 80, son otros niveles y experiencias. Existe mucho roce internacional, y a Cuba le falta muchísimo. La liga cubana no se asemeja ni a los chicos de acá. Elementos como los cambios de ritmos, la mentalidad en el juego, la determinación de cada entrenador; también conocer, al contrario, y no experimentar en la competencia.

En Cuba hay técnicos jóvenes que pudieran, pero hay que sacarlos y no ponerlos rápido en las selecciones, sino que aprendan, a que estudien cómo se lleva un equipo y se desarrollen además de convencer a los jugadores para discutir a nivel internacional. Mirando así, totalmente capacitado es Raúl Triana, porque lo entienden y lo siguen. Lo ha demostrado en el fútbol cubano.

Sé que la federación cubana de fútbol recibe dinero por un apoyo de la FIFA, nunca vi ese dinero. No lo vi destinado a propósitos materiales para sus personas, sé que no han sido bien destinados en una buena cancha o un buen camerino o en una buena merienda o buenas sesiones de entrenamientos, bien alojados, y todo eso también influye en los resultados.

Cuando estuve en Cuba fui un día a la cancha y jugaban la provincial Zulueta y Placetas, que son de los más fuertes de Villa Clara y como que no había mucho entusiasmo. Creo que se ha perdido un poco eso de ir a la cancha y ver a su gente y al expreso. Se interesan más por ver al Real Madrid y al Barcelona que a los que lo dan todo por la camiseta de su terruño.

Me puse a jugar una piñita después otro día y había muy pocos muchachos como antes, cuando se llenaba el terreno y había 50 personas pidiendo cola para poder jugar. En ese momento estaba Ariel Betancourt como entrenador de sus atletas y dos o tres más aparte. Se ha perdido un poco el amor por el fútbol en Zulueta.

Roberto Linares en Argentina
Roberto Linares en Argentina

Viendo tus experiencias palpables del fútbol argentino ¿Cómo ese país puede lograr esos históricos resultados mundiales?

Aquí hay una idiosincrasia por el fútbol muy fuerte como en Cuba el béisbol. Ellos aman el fútbol, ellos viven el fútbol, ellos respiran el fútbol y todo lo que se habla es de fútbol. Se dedican cien por ciento a este deporte. Son sumamente inteligentes y apoderados a esa palabra.

Han logrado mucho nacional e internacionalmente, gracias a su dedicación y organización en cuanto a ligas amateurs y profesionales. El interés por desarrollarlo es constante. En cualquier lugar y rincón que haya un espacio arman una canchita y se ponen a jugar seis contra seis o siete contra siete. Allá en Zulueta ocurre lo mismo, pero con poca organización.

Yo jugué un año aquí y no fue al nivel que hubiese querido. Los argentinos no entienden mucho de los futbolistas del Caribe porque para ellos no se menciona mucho. Yo les cuento mis experiencias y me miran como diciendo, ¿sabrá algo? Cuando me ven lo creen más o menos.

¿Eres feliz en la actualidad?

Sí, sí. Desde que yo salí de Cuba y pensé que venía, sabía a lo que me iba a enfrentar. No iba a dar en el fútbol aquí porque llegué con 28 años, pero lo que quería era ayudar a mi familia y tener otra vida y no tener que estar sin techo ni estar tirado en una esquina borracho o tratando de trabajar en un central azucarero haciendo guardias de noche por ganar quizás 15 cuc al mes. 

Tengo la satisfacción de que voy a tener a mi beba aquí próximamente y ser papá. He cambiado para bien. El Roberto Linares de ahora al de Cuba está en otra edad, estoy más maduro. Me he sacrificado para mi familia y para tener mejor vida. Cuando estaba en Cuba estaba con mis padres y si me faltaba algo les pedía a ellos y acá estoy con mi esposa. En Cuba si tienes tienes y si no, bueno…

Tengo una vida más tranquila, estoy con mi pareja y muy feliz, aunque no del todo porque me faltan acá mis padres, pero por lo demás sí, porque esperamos una beba. Llevamos 12 años mi esposa y yo juntos y luchando por su familia y la mía y el bienestar de la nueva beba que estar por llegar.

Por la forma en que me criaron mis padres ahora creo ser mejor persona o tratar de siempre tener presente que lo más importante, que es la familia y si algo voy a seguir haciendo es ayudarlos y sacrificarme por ellos al costo que sea. Lo haré hasta el final.

¿Qué espera Roberto Linares del futuro?

Cuando pienso en el fútbol de Cuba lo hago con mucho amor, cariño, porque me dio muy buenos amigos, me dio sabiduría, y me enseñó a cómo tratar con personas de todo tipo. Ojalá la vida me dé la posibilidad de ser entrenador de la selección cubana. Estoy tratando de estudiar y sacar el curso AFA y si lo logro, lo primero que quisiera es ir a Cuba y representar a mi país, pero como entrenador.

Quisiera aportar desde acá un grano de arena y tengo en mi mente poder ser técnico de la selección y llevar a Cuba a un mundial o una olimpiada. Quiero decirles a los chicos que juegan el fútbol en Cuba que tengan mucha dedicación y entrenen bastante que eso forja. Los sueños pueden ser alcanzables.

Me gustaría que hubiese en el futuro una selección unificada con los que están fuera y los que están en Cuba. Que se viera un potente equipo. Te confieso que si tuviese que regresar a mi país por cualquier motivo para mí no sería tener ningún complejo vivir allá y dedicarme a entrenar a los niños.

Algo que sueño es jugar un partido con el Expreso del Centro, aunque sea mi último partido. Decirles que estoy lejos, pero sigo el futbol de Zulueta y recuerdo mucho haber sido un baluarte en grandes momentos del Expreso del Centro.

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