Hay algunas marcas y cifras que, a riesgo de pecar de absolutistas, nunca serán rotas o superadas en la pelota cubana.

No parece que nuestros campeonatos, sometidos a cambios de estructura, refuerzos y otras cuestiones, vean algunas de estas cifras destacadas ser destrozadas, porque, además, algunas son extraordinarias.

Hablamos de cotas en picheo y bateo que son únicas, algunas en departamentos de por vida, otras personales, y otras referidas a momentos muy específicos o temporadas extraordinarias.

Aquí influyen factores múltiples, entre los cuales también citamos la migración del talento, los contratos de las mejores figuras por parte de la federación en ligas extranjeras, situaciones que, sin dudas, atentan contra la longevidad de los peloteros en nuestras series y su desempeño en los campeonatos con suficiente tiempo como para lograr récords.

No constituyen una lista definitiva o total, porque serían muchos los sucesos que habría que incorporar a esta. Es un listado reducido de destacadas hazañas de la pelota cubana en Series Nacionales.

Los jonrones de por vida de Orestes Kindelán

Con la indiscutible fortaleza de sus batazos, Orestes Kindelán dejó su marca en la historia de la pelota cubana. La afición nacional recuerda con orgullo al llamado Tambor Mayor, que despachó incontables vuelacercas en las series nacionales, y vistiendo el uniforme del equipo Cuba.

Un 1 de noviembre de 1964, nació en el municipio santiaguero de Palma Soriano un niño que, años después, se convertiría en el máximo productor de jonrones e impulsadas en el béisbol cubano.

Kinde, como lo llaman sus paisanos santiagueros, acumuló en 21 series nacionales un total de 487 cuadrangulares en 6 588 turnos al plato, uno por cada 13,56 comparecencias oficiales como promedio.

Sin embargo, el total se eleva a 588 y la frecuencia disminuye a 12,51 en 7 214 comparecencias, cuando adicionamos las conexiones del indómito en los certámenes internacionales, como cuarto bate del seleccionado nacional a lo largo de 16 años (1985-2001).

Parece imposible que nadie llegue a tales registros.

Cuatro jonrones en un juego de béisbol

En más de 50 años, entre miles de personas que han competido en los campeonatos cubanos de béisbol después de la desaparición del profesionalismo en la Isla, solo Alberto Díaz, Omar Linares y Leonel Moa ostentan una marca única: conectar 4 jonrones en un mismo juego de pelota.

Su hazaña gana mayor dimensión si revisamos que, en más de un siglo de historia, en las Grandes Ligas nunca un bateador ha disparado cinco en un desafío, y apenas 18 han botado cuatro pelotas en un encuentro. El último en lograrlo fue el actual miembro de los Medias Rojas de Boston, J.D. Martínez, de origen cubano, quien lo consiguió el 4 de septiembre de 2017, 90 días después de que lo hiciera Scooter Gennett, de los Rojos de Cincinnati.

El primero en registrar esa soberbia actuación fue el inicialista camagüeyano Leonel Moa, el 10 de diciembre de 1989 frente a Granma. Seis años después, llegó el momento del matancero Alberto Díaz. El último en firmar tal récord fue el pinareño Omar Linares, el 8 de abril de 1997, enfrentando a Villa Clara en la segunda Copa Revolución.

El caso de Díaz tiene varios matices curiosos porque, de ese trío, es el único que no fue un jonronero nato. En 16 temporadas compiló 2537 veces al bate, en las que desapareció 67 pelotas, para un promedio de cuatro bambinazos por campaña: justo la misma cifra que obtuvo una vez en un solo choque.

Más jonrones en una sola campaña

Esta cifra se antoja en la misma cuerda que las anteriores: con los bateadores de fuerza desaparecidos de los campeonatos de la isla, es improbable que algún toletero desaparezca no ya 30, sino 25 pelotas fuera del estadio.

Entonces, ¿cómo pensar que alguien pueda igualar o superar las 36 pelotas más allá de los límites que Alfredo Despaigne despachó en 2012 en una sola campaña?

Si miramos los líderes recientes, nos damos cuenta de cuán lejos estamos de aquellos gloriosos tiempos en que algún jonronero de nuestros amores desaparecía pelotas mas allá de las gradas en cantidades suficientes como para impresionarnos.

Marcas de picheo: máximos ponchadores

La impresionante lista de los máximos ponchadores de nuestra pelota está dominada por tres lanzadores de una provincia que ha dado muchos serpentineros estelares: Pinar del Río.

El ponche, una de las más bellas acciones que puede completar un pícher, ha ido en decadencia en nuestra pelota, como para pensar que alguien se acerque a Rogelio García, quien, de forma curioso, completó 2499, a uno de la cifra redonda de los 2500.

Cerca quedaron Pedro Luis Lazo y Faustino Corrales, con 2426 y 2360, respectivamente. En estos tiempos sin abridores tan impresionantes o consistentes como aquellos, con la capacidad de hacer abanicar a los contrarios, esta cota durará por siempre.

Récord de ponches en una temporada de Maels Rodríguez

El supersónico espirituano dejó una cota impresionante en Series Nacionales que, difícilmente, alguien pueda quebrar porque no abundan los ponchadores en los campeonatos domésticos.

Su velocidad ayudó al logro del increíble récord de más ponches en una temporada de la Serie Nacional, con 263, superando por un amplio margen la antigua máxima marca de 208, que estuvo en poder de Santiago Mederos Iglesias.

Además, Maels es dueño del único juego perfecto en la Serie Nacional, cuando lo alcanzó el 22 de diciembre de 1999 ante Las Tunas.

Los 22 ponches de Faustino Corrales

Faustino Corrales era un pícher ponchador, eso nadie lo duda. Su soberbia curva era un arma letal que engullía contrarios uno detrás de otro y la aprovechaba muy bien.

Además de sus impresionantes registros históricos de bateadores retirados por esa vía, el pinareño también ostenta una marca en un juego de pelota que, difícilmente, sea igualada por alguien más.

Imagine que significa retirar a 22 contrarios por ponches, cuando un juego de béisbol, de nueve innings, se completa con 27 outs. Esto ocurrió un miércoles 20 de diciembre del 2000 ante Holguín.

Atrás quedaron esos tiempos en la pelota cubana en que un lanzador sobrepasaba, al menos, los 10 ponches en una salida. Menos, igualar la hazaña de Faustino de doblegar a 22 de esa forma.

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