“Este seguro viene a cerrarme con una recta, él sabe que no me pude pasar con curva ni ninguna otra bobería de esas”, se dice Yadil Mujica para sí, mientras camina hacia el home sin dejar de mirar al box.

Yadil se cuadra. Su cuerpo extremadamente delgado no impresiona, pero Gervasio Miguel y casi todos los pícheres en Cuba saben que el torpedero yumurino le batea a cualquiera. Las miradas de ambos se cruzan y el veterano pinero se muestra inmutable ante la presión del juego: Matanzas ya ha anotado dos carreras y tiene corredores en primera y segunda. Mujica clava los ojos en su rival, Gervasio toma las señas, chequea a los corredores y lanza.

“Saca Mujica una línea larga por el right field, larga, larguísima… jonrón del muchacho de Martí, impulsa tres, Matanzas 5, la Isla, 0”, suena la narración en un radio puesto a todo volumen en las gradas. Estamos en Calimete allá por 2008 o 2009 y los recuerdos me llegan en tromba justo antes de preparar la entrevista.

Aquel día, después del jonrón, la Isla remontó el juego y ganó 9 por 5, gracias a dos vuelacercas con bases llenas de Luis Yadier Fonseca, pero el batazo de Yadil me quedó grabado en la mente y tal vez por eso la primera pregunta hoy, casi diez años después, cuando vive y juega fuera de Cuba, está relacionada con las Series Nacionales y lo que represento para él jugar en el máximo certamen beisbolero cubano.

Conversando con Yadil Mujica

“La Serie fue una escuela, desde mi punto de vista ahora mismo la veo como la élite, un espacio donde vives buenas y malas experiencias, muchas necesidades, las cosas y problemas de cada cubano, de cada deportista, pero se aprende, siempre se aprende.

“Ahí adquirí un liderazgo en mi equipo junto al gran Yoandy Garlobo, de quien aprendí mucho en cuanto a mañas que debe tener el pelotero en el juego. Creo que todo el que tiene la posibilidad de jugar en Cuba, tiene la experiencia garantizada siempre y cuando le ponga ganas e interés. Y eso fue lo que yo hice”, cuenta Yadil.

Los parlamentos fluyen y el tiempo deja su huella. Él ya no es aquel muchacho flaco, flaquísimo, que deleitaba a todos en el Victoria con sus líneas y fildeos.

Hoy es otro Yadil Mujica, un pelotero con una amplia hoja de servicios en la pelota profesional; un emigrado del béisbol cubano que salió de la Isla en busca de otro provenir, dejando detrás a su familia, a su bebé de meses; quien al momento de esta entrevista era parte de la nómina de los Navegantes del Magallanes de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional.

“Aquí en Venezuela ando a la espera de oportunidades y sé que me la van a dar, entonces ahí veremos: tremendo lío voy armar. Y después a ver qué pasa”, dice y en esa sonrisa corta se plasma la madurez de Yadil, el tono reflexivo de sus argumentos, para quien “el profesionalismo te da experiencia a todos los niveles, tanto dentro como fuera del campo”.

Yadil Mujica
Mujica en Ligas Menores. Foto: TJ Perreira.

Mujica abandonó Cuba hace ya varios años. Aquel fue un paso que marcaría su vida para siempre, al alejarlo de sus seres queridos, y llevarlo a un país extranjero, lejos de su gente.

“Salir de Cuba no fue una decisión sencilla, es algo que cuesta, quizás la peor decisión. Hoy todavía lo pienso y lo veo como un recuerdo amargo. Imagina, dejaba a mi niña de meses, a mi familia, a mi gente en el barrio, pero fue mi destino y sabía que debía afrontarlo, lo hice y estoy aquí haciendo lo mismo con las mismos deseos hasta que Dios quiera”, dice.

En sus palabras se nota el peso de la distancia, esa nostalgia intrínseca que acompaña a los hombres que como él deciden emigrar en busca de mejor futuro. En Cuba quizás pocos se acuerdan de su nombre, pero el muchacho de Martí estuvo cerca de la Gran carpa, al jugar en Triple-A con los Yankees de Nueva York, algo que nunca olvida.

“A pesar del mal manejo del cual fui víctima por culpa de tres o cuatro impostores, por todas las trabas que me pusieron para hacerme un contrato con los Yankees, fue lo más grande, lo conseguí y todos quedaron sorprendidos porque llegué hasta triple A y creo lo hice bien.

“Ahí mejoré un mundo, sobre todo a la defensa, pues conté con los consejos del señor Tony Franklin, toda una enciclopedia en ese sentido. Y eso sin olvidar a mi padre, Orestes, sus consejos, su conocimiento, ese era el mejor. Muchos saben lo que hablo. Si algo aprendí en Nueva York fue a no acomodarme, a pensar siempre que se pude dar más”, cuenta.

Su firma con los Yankees fue en febrero del 2011, y en el nivel Triple-A tuvo una gran línea ofensiva de 308/357/385, en 13 juegos. Pero Mujica nunca vivió de eso, de lo que pudo ser. Aprendió mucho y sigue aprendiendo.

“Para vivir de este oficio es así, aprendiendo todo el tiempo”, dice, y por eso sigue en los circuitos profesionales del Caribe. La Liga Mexicana ha sido un acicate para las aspiraciones del matancero.

“El béisbol mexicano ha sido un motor necesario para seguir adelante, ahí llevo jugando de forma seguida desde 2014. Es una pelota de excelente calidad, con mucha rivalidad entre todos los equipos. He aprendido mucho en cada uno de los elencos en que he jugado.

“En lo personal me he acomodado tanto en las dos ligas- invierno y verano- que podría jugar cuatro o cinco años más si Dios quiere, pues he tenido excelentes resultados, tanto en lo personal como en lo colectivo”, afirma.

Pese a la distancia, la lejanía de aquellos tiempos en que fildeaba bolas increíbles en la Serie Nacional de Béisbol, Mujica no olvida su pasado como jugador de Matanzas.

“Sería lo máximo volver  a pisar el Victoria de Girón, ver a mi familia en las gradas, a la gente gritándome, a mi amigos diciéndome cosas -que si soy un “muerto, que si soy el mejor”- claro que me gustaría.

“Por cuestiones personales ahora no puedo, pero esas son cosas que siempre extrañas. Yo sigo la Serie cuando puedo, lo hago bastante de hecho y más con los juegos de Matanzas, ahí está mi primo Eduardo Blanco a quien siempre aconsejo”.

Otra vez vuelve la nostalgia, ese sentimiento impregnado que acrecienta la distancia. Esos deseos de hacerlo todo otra vez, ansias de creer que las cosas pueden ser diferentes. Su vida es una historia que puede ser la de miles de cubanos.

Yadil Mujica

Entonces

Mujica se despide y yo río, pues siempre en el terreno lo vi sonreír también, disfrutar el juego. Ahora ha engordado un poco y ya no es tan flaco, quizás por eso de más jonrones.

La imagen del que dio en Calimete regresa con nitidez y noto la mirada de Yadil mirando a la bola cuando toma altura y se pierde. En mi mente detengo la imagen, la analizo varias veces: sentimientos, pasiones, frustraciones, la vida de un pelotero se queda en eso, gira alrededor de la pelota, de los instantes en que un batazo se pierde de jonrón como aquel día hace poco más de diez años atrás.

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