El paso de Yennier Cano por la pelota cubana fue tan rápido como la velocidad de su recta, aquella con la que se abrió paso durante tres temporadas e ilusionó a la afición avileña, gracias a dos títulos nacionales, una participación en la Serie del Caribe, una altura impresionante y un talento que a otros les tocará disfrutar.

El pasado año logró la firma con los Twins de Minnesota luego de haber pasado por varios circuitos del béisbol argentino y realizar la preparación en República Dominicana, antes de su viaje a Estados Unidos.

En su breve andar por la Serie Nacional, archivó 20 victorias con seis derrotas y un promedio de limpias de 2.11. No daba margen a dudas, venía el ascenso de un ídolo, de esos que se forjan en este béisbol a sol y sudor, con un sacrificio que pocos saben valorar.

Cano nació en el municipio Bolivia, Batey Buenavista, de la provincia Ciego de Ávila. Para quienes disfrutamos solo de las llegadas, ignoramos las historias que se van tejiendo en el camino antes del arribo.

“Tuve que enfrentar muchos problemas ya que vengo de una familia humilde y de bajos recursos. Pasé por momentos dolorosos y tristes, desde no tener ningún tipo de implementos deportivos y pedirlos prestados para poder ir a algún torneo importante, hasta pasar por situaciones donde siendo el mejor de mi categoría no era elegido al equipo superior por ser del campo. Gracias a Dios, siempre tuve el apoyo de mi familia y entrenador Yudel Fiss Cuba, quien estuvo a mi lado en las buenas y las malas”.

Comenzó con 6 años en el béisbol, jugando en el barrio y en la escuela hasta que su entrenador descubre en él condiciones y lo presenta en la escuela de deporte municipal, donde realiza las pruebas de habilidades en bateo y picheo, comenzando a ser parte del equipo municipal en la categoría de siete años.

“Soy un amante a los deportes. Desde niño jugué voleibol, baloncesto, fútbol entre otros más. Recuerdo que, en la provincial, en una final entre Bolivia y Ciego de Ávila, donde vine de relevo frente los mejores bateadores de toda la liga, ponché a los tres que me enfrenté. A pesar de que terminamos en segundo lugar, creo que fue unos de los momentos más lindo de mi vida”.

Cada entrenador. desde sus inicios. fue forjando al atleta que es hoy, en una etapa que cataloga de gran aprendizaje en su desarrollo. “En esas categorías debía elegir una posición fija entre batear y lanzar, decidiéndome por esta última que es mi gran pasión”.

Su llegada a la Serie Nacional se produce en la temporada 2013-2014, pero el arribo no fue fácil. “Tuve que enfrentar que algunas personas no me quisieran y estaban en desacuerdo con mi ingreso al equipo por llegar de último. Solamente confió en mí el director Roger Machado, quien puso una gran fe y a quien tengo que agradecerle por darme la oportunidad”.

No existen recuerdos amargos de su período en la pelota cubana. Los argumentos de quienes se negaban a su ingreso al equipo de Ciego de Ávila se esfumaron y perdieron todo su ficticio basamento rápidamente.

“Estar en el equipo de Ciego de Ávila fue una escuela para fomentar mi trabajo como atleta y fue un gran logro haber participado con un papel importante en dos títulos de campeón. Conocer a mi esposa y haber estado en el nacimiento de mi sobrino fueron momentos importantes en mi vida”.

Dentro de esos recuerdos, permanece la Serie del Caribe en República Dominicana, torneo en que más allá del bajo rendimiento del equipo, transcendió por el abandono de la selección de dos de los jugadores más mediáticos del país.

“La noticia de los hermanos Gurriel fue una sorpresa que creía. Cuando ocurrió estábamos durmiendo en el hotel y al otro día en la mañana lo comunicaron: todo el mundo estaba shock”.

Pero la vía escogida por Cano para salir del país fue diferente, pues no aprovechó ningún certamen internacional como escape.

“Para nadie es un secreto que recibí muchas ofertas, pero en ningún momento pensé desertar del equipo nacional. Decidí salir del país luego de que me aprobaran la baja del equipo Ciego de Ávila y el equipo nacional, por el motivo de probarme en un nivel más alto en el beisbol”, cuenta.

“Desde el momento en que pedí la liberación enviaron a muchas personas a hablar conmigo para que reflexionara sobre mi decisión porque era un jugador de gran calidad e importante para el equipo, pero ya mi decisión estaba tomada, ya no había vuelta atrás. Siempre fui con la verdad, les dije que quería probarme en el mejor béisbol del mundo. Creo que soy la primera persona en tener el valor de decir la verdad del motivo de su baja”.

“Fue una reacción dolorosa para mi familia ya que era la primera vez que nos separaríamos tanto tiempo, pero siempre apoyaron mi decisión”, afirma.

Tras la salida, no tomó el destino más común para los jugadores que emigran de Cuba.  La oportunidad se abrió para un país donde los goles son un modo de vida y esencia de su identidad como nación: “Luego de que me dieran la liberación salí para Argentina. Fue el destino que nos dio la oportunidad a mi esposa y mí, con el que estoy muy agradecido”.

Más allá del clima frío, su adaptación en Argentina transcurrió de una forma agradable, en la cual el béisbol formó parte de su estancia en ese país.

“Llego al béisbol de Argentina por la oportunidad que me dan de entrenar en sus instalaciones para no estar inactivo y lo hago con la Liga Argentina, donde me entrenó el profesor Amaro. Después conozco a Pablo Tesouro y me invita a jugar en Córdoba con el equipo de los Cóndores, en el cual jugué varias semanas teniendo buena actuación”, dice.

Antes de llegar a los Cóndores, en Buenos Aires fue parte de Almendares, equipo de cubanos emigrados a Argentina y que participa en la Liga Metropolitana en su primera división.

“Nunca olvidaré la amistad que hice allí con Abel, Junco, Alain, Elías y otros más con quienes compartí dentro y fuera del estadio muy lindos momentos. Estoy muy agradecido por el apoyo que me dieron mis compatriotas. En ambos equipos tuve experiencias únicas. Pensaba que en Argentina no se jugaba béisbol y los felicito por el nivel que están logrando”.

A pesar de la poca visibilidad de este deporte en ese país, Cano despertó el interés de scout de organizaciones de la MLB para observarlo de cerca. “Decidí que no era el momento, debía prepararme mejor y viajar a República Dominicana para entrenar más fuerte y estar presente en el país con mayor cantidad de scout”, cuenta.

Luego de su paso por República Dominicana, viajó hacia Estados Unidos sin tener nada asegurado. Tras nueve días de estancia en ese país, realizó su presentación ante 30 organizaciones de la MLB en Miami.

“Tuve varias ofertas iguales o parecidas de otros equipos, pero en el de Minnesota fue donde vi mayor oportunidad para desarrollarme como lanzador”, explica.

Dentro de esta organización, ya tuvo experiencia en la pasada campaña en las Ligas Menores, en las que trabajó 15 entradas, con dos juegos salvados y un promedio de limpias de 4.20.

“La diferencia es muy grande respecto al beisbol que estábamos acostumbrado a jugar en Cuba. Aquí es muy rápido, tienes poco tiempo para recuperarte. Las equivocaciones en el montículo te cuestan carreras, incluso a veces vienes de relevo y tienes que estar listo con solo 10 lanzamiento en el bullpen y me costó mucho al principio adaptar mi cuerpo a ese ritmo”, narra.

“Me chocó mucho la alimentación, llegué a perder hasta 10 kilos, pero ya en un mes mi cuerpo se había adaptado al cambio y volví mejor que antes. Lo que más me impactó fue conocer peloteros que solo los veía por la televisión y darle la mano, y oír un consejo de ellos creo que eso fue lo mejor”, dice. 

Cano tiene claro sus objetivos. Llegar al máximo nivel del béisbol mundial es un sueño por el cual trabaja y que fue el principal motivo por el que salió de Cuba. Sabe a dónde quiere llegar y mejor aún, no olvida de dónde viene: “Siempre estaré disponible para defender el equipo Cuba”.

lanzador cubano Yennier Cano

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