Foto: Al Bello/Getty Images

Yobal Dueñas bateaba, y lo hacía muy bien. No por gusto, fue uno de los buenos segundas bases de los campeonatos domésticos durante la década del 90, y parte de los respetables elencos de Pinar del Río de esos tiempos, hasta su salida de Cuba.

Desde muy niño demostró talento en el béisbol y logró resultados hasta convertirse en un pelotero de respetable talla en la isla antillana. Incluso, tuvo la suerte de haber jugado en un mismo equipo junto a dos de los mejores peloteros de la historia de las Series Nacionales: Omar Linares y Luis Giraldo Casanova.

“Empecé de noveno bate, con 17 años, y ganamos la Selectiva del 91 como quinto bate, detrás de esos grandes (Linares y Casanova). Haber formado parte de la generación más grande que ha dado la pelota cubana. Había mucha paridad, muchos peloteros de calidad por posición”, contó hace par de años a El Nuevo Herald.

Sus números en Cuba fueron muy destacados y lo llevaron hasta el equipo nacional, en una época muy complicada por la calidad existen de tantos jugadores con calibre.

Baste con decir que, en 13 temporadas con el uniforme de su provincia, Yobal dejó un destacado average de 321, y apenas se ponchó 359 veces en 5025 veces al bate. Además, dio 282 dobles, 46 triples y 136 jonrones, e impulsó 763 carreras.

Dueñas llegó a su última campaña con 30 años, y su vida dio un giro total de un día para otro cuando decidió emigrar de su país de origen, para no verse en las malas condiciones en que vivían. Muchas fueron las vicisitudes por las que atravesó en busca de otro modo de existencia, hasta convertirse en entrenador y hacerse una carrera más allá del deporte activo.

Por el camino enfrentó muchos obstáculos. Después de salir de Cuba junto a Maels Rodríguez en octubre del 2003, firmó en 2004 firmó con los Yankees por 60 mil dólares, pero no tuvo un desempeño como esperaba. Después, estuvo en la Liga Mexicana del Béisbol, y además, vivió un lamentable hecho en que estuvo envuelto en un presunto robo.

Hoy, pasado el tiempo, Yobal Dueñas es entrenador de niños y reconstruyó su vida con esfuerzo y sacrificio. Aunque es feliz, tiene la añoranza de poder volver a su país algún día, porque lleva 18 años sin poder ver a su mamá y hermanos.

¿Cómo fueron esos primeros años en la pelota?

Atravesé por la llamada pirámide del béisbol. Empecé en la EIDE Osmany Arenado de Pinar del Río, pasé después para ESPA y participé en la nacional juvenil. Fui mundialista de esa categoría mi último año. Las condiciones en esas escuelas todavía no eran tan malas y si el transporte. Se usaban las guaguas Girón y cada vez que íbamos a Santiago de Cuba o a alguna provincia oriental nos metíamos día y medio para jugar los juegos escolares nacionales.

¿Cómo llegas al equipo Pinar del Río y a la selección Nacional?

Empecé con 18 años con la selección pinareña y estuve por espacio de 14 series nacionales. Fui a la serie selectiva como novato y terminé como quinto bate detrás de Linares y Casanova.

Siempre me trae recuerdos aquel sobrenombre de “El hombre y la tierra” que me puso Héctor Rodríguez. Fue en un play off contra Villa Clara, no estaba bateando ni fildeando y me tiraba para atrapar los rolling. Con razón me lo apodó. Eso me motivó para conformar posteriormente el equipo nacional en el cual con solo 22 años lo integré, donde había un equipazo.

¿Cómo fue jugar pelota en esos años del Período Especial?

Me mantuve por siete años en el Cuba. Todo eso en pleno período especial, se pasó muy difícil. Las condiciones eran precarias y muy incómodas pero la disposición para jugar al béisbol no se notaba tanto por el amor que todos los de la generación de los 90 le teníamos a la pelota.

Para ponerte ejemplos, los spikes eran muy malos porque eran marca Batos, no eran cómodos, era un solo par de esos zapatos. Un solo uniforme, un solo short slider, el que se usa por debajo del pantalón. Entonces la higiene no era la mejor. Cogíamos muchos insectos en los colchones, una sola sábana para 5 o 6 días, pero luchábamos contra las adversidades.

Llega el momento que decides abandonar Cuba. ¿Por qué?

Siempre lo tuve en mente en ese período especial pero mi esposa en aquel entonces nunca estuvo de acuerdo. Me decido cuando veo a dos grandes pinareños, el exlanzador zurdo Omar Ajete y el boxeador Ariel Hernández, que fueron dobles campeones olímpicos, cogiendo “botella” con destino a Guane y a San Juan y Martínez. No me quise verme en ese reflejo. También vi cuando en el Poder Popular provincial no le hacían caso a Luis Giraldo Casanova. Me dije, ¡si esto es así con ellos que esperaré para mí!

Mi familia nunca supo que yo quería irme. Nunca hablé porque se filtra cuando hablas eso y de 2002 para 2003 decidí irme. Esperé y me fui con toda la familia, con mi suegra y exesposa. Salimos ilegal junto con Maels Rodríguez. No aguantábamos más, nos suspendieron para el mundial de la Habana junto a otro grupo.

¿Cómo te fue después de la llegada a Estados Unidos?

Pasamos bastante para llegar a los Estados Unidos. Al llegar nos golpeó mucho no saber inglés. Al no tener dinero tienes que estar fuerte mentalmente. Me adapte a este país poco a poco.

Aquí tienes las mejores atenciones y mientras tienes dinero o puedes resolver tus problemas todo fluye y hay oportunidades de trabajo en el béisbol. Actualmente, enseño a niños.

Aquí aprendí a mejorar la mecánica en la defensa y el bateo mejorando además el concepto del swing. Me hice todo un educador; gracias a eso tengo buena academia y puedo ejercer mi trabajo fácilmente.

¿Cómo atleta no tuviste grandes posibilidades en la MLB?

Me firmaron los Yankees, pero llegué con avanzada edad para acá y cuando no te dan el dinero suficiente las oportunidades son menores. Yo venía adaptado a jugar casi todos los días. Me frustré y no quise jugar más.

No obstante, me siento mejor persona a pesar de mi corto trayecto en esta liga. Ahora me siento mejor educador. Aprendí de mis errores que han sido unos cuantos, pero enseñando a los niños fui madurando y me siendo mejor persona.

¿Cuáles son las mayores satisfacciones que tienes actualmente?

Estoy bien enfocado. Encontré la forma en que los nuevos talentos lleguen no solo a Grandes Ligas si no que puedan firmar en un colegio y le den la oportunidad de una carrera y además tengan actitud, disciplina y motivación para que sean mejores personas.

Tengo metas muy buenas porque mi objetivo es que estos muchachos puedan alcanzar el máximo nivel. Ya que yo no pude llegar, al menos impulsarlos a ellos a la meta de Grandes Ligas. Me salta la felicidad por esa parte, pero por otra parte no, porque llevo 18 años sin poder ver a mi mamá ni a mis hermanos.

¿Qué añoras en tu vida?

Tengo fe en que se abran las relaciones con Cuba para poder visitar a mis familiares. Me gustaría visitar a nuestro país, pero todas mis posibilidades las tengo en Tampa. No me gusta cambiar mucho de vida. Hago amistades y tengo una base aquí por eso no pienso moverme.

No quería terminar sin darle mi sincero sentimiento para Cuba. Ojalá en un futuro no muy lejano mi país pueda ganar un Clásico Mundial de Béisbol. Sería mi mayor satisfacción ver ondeando la bandera en ese importante campeonato del mundo. Mucha salud y bendiciones.

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