Foto: Telekom Baskets Bonn.

El baloncesto cubano pareciera resurgir del anonimato en el que cayó en los últimos años. Pero mucho antes de nuestras alegrías porque dos fantásticos jugadores como Jasiel Rivero y Javier Justiz sean noticias en Europa, ya había antillanos en el viejo continente defendiendo nuestra bandera.

Yorman Polas lleva casi 10 años jugando en Alemania. Su 1.92 metros de estatura no dan abasto para albergar tanta cubanía dentro de él, porque el nacido en Camagüey no ha perdido ni tan siquiera el acento de la Isla. A sus 35 años, tiene una vitrina colmada de varios premios individuales y algunos colectivos, pero no el más grande. A Polas le falta todavía un logro que teme que no pueda conseguir: volver a jugar por su país.

Muchas historias deportivas en Cuba tienen un inicio bastante similar en cada uno de sus atletas. Casi siempre, comienza con un entrenador de la base buscando niños para inscribirlos en un deporte en específico y con Yorman no fue casualidad. Ese momento lo lleva bien presente en su mente:

“Empecé en el básquet un día en que un entrenador de este deporte fue de captación por la escuela primaria donde estaba. Él iba pasando por cada aula y pregunto en la mía a quién le interesaría jugar o practicar baloncesto y, por supuesto, no dude en alzar mi mano”.

baloncestista cubano Yorman Polas
Foto: Raúl del Pino Safrán

Fue así como inició un matrimonio entre Yorman Polas y la esférica naranja que tiene casi 30 años de duración. Su evolución por las categorías inferiores era brutal y en poco tiempo se convirtió en uno de los prospectos más vistosos de su categoría.

Sin dudas, por aquellos años Yorman no era el único: su natal Camagüey estaba cocinando en cantera una fabulosa generación de basquetbolistas que harían del baloncesto el deporte más popular en su provincia. Jugadores como Yordanis Jaca, Yordanis Ramos, Leonel Batista y el propio Polas formaron parte de una nómina conocida como los matagigantes, capaz de poner en aprietos a grandes como Capitalinos, Ciego de Ávila y Villa Clara.

“Para mí fue un honor formar parte de unos de los equipos de Camagüey que subió la furia del baloncesto en nuestra ciudad. Teníamos muchos seguidores y amigos que no dejaban de hablar del básquet, aquello era incomparable. Ya en mi provincia muchos estaban inclinándose más por este que por otro deporte, sin menospreciar los demás y eso se sentía muy bien. Bueno para mí fue una etapa linda, había que jugar basketball porque había mucho talento en la Liga y sobre todo muchas rivalidades”, cuenta.

Lamentablemente, el sueño de aquella generación duraría bastante poco. Por aquellos años, ya era bastante común que muchos jugadores promesas de Cuba decidieran apuntar fuera de la Isla para continuar sus carreras. No era tan solo perseguir el sueño del profesionalismo, era buscar mejorar la calidad de vida como persona, tanto material, como económicamente. Jugar por lo que vales, hacer lo que te gusta y recibir un buen pago por ello no es un crimen: es una necesidad humana. Yorman siguió el mismo camino, aunque su decisión de salir de buscar otros lares no fue a la ligera.

“No fue una decisión que tomé de un día a otro. En uno de esos viajes en los que representé las cuatro letras conocí a mi exmujer. Por esa etapa, tuvimos una intensa comunicación y esto lo sabían muy pocas personas, porque tener una novia en ese entonces de otro país te podía marcar en la selección negativamente.

“En 2010 había una competencia internacional (creo que fue en República Dominicana) y yo podía formar parte de la selección para ese torneo, pero el colectivo de entrenadores decidió no llevarme y entonces ya sabía que a partir de allí no tenía más futuro en mi tierra. Quería luchar por otros sueños, así que en aquel entonces mi esposa y yo decimos que tomaría otro rumbo”, recuerda.

A pesar de que todo en su salida no fue fácil, Yorman prefiere callar las cosas que le complicaron por aquellos años buscar un nuevo futuro. Empacó en una maleta su ropa, sus sueños, un beso de la familia y salió con la esperanza como amuleto por el aeropuerto, rumbo a Alemania buscando una mejor vida.

En el país germano intentó abrirse paso en una nación como inmigrante y tuvo que empezar desde la división más baja. El München Baskets de la cuarta división sería la nueva casa y el lugar donde tendría la oportunidad de probarse.

“Al llegar a Alemania pensé que era muy fácil todo, como lo había pensado y bueno, las nuevas costumbres, las nuevas cosas y el idioma chocaron un poco. Ese año que estuve en München Baskets me ayudó de mucho, entré en forma y logré conocer un poco las reglas europeas. Allí estuve preparándome para seguir avanzando a un mejor nivel. En esa liga por supuesto fue todo easy, pero solo jugué la mitad del torneo y fui seleccionado el MVP de la competición, si mal no recuerdo, en 2012-2013”.

Luego de su desorbitante demostración captó la atención de un equipo de segunda división que tenía grandes propósitos, el Crailsheim Merlins. Esa escuadra catapultó la imagen de Polas, el cubano alcanzando el segundo lugar de la Liga. Ese año se adjudicó el premio a mejor defensor del campeonato que otorga EuroBasket.com

“¡Oh sí! Crailsheim fue otro equipo que me abrió las puertas. Allí me sentí muy bien, aunque creía que podía llegar más lejos, pero fue un gran comienzo. Con ellos, la primera vez donde tenía colegas americanos, salidos de las universidades americanas, sabes, colegas que ya luchaban por un sueño. Yo luchaba por triunfar en Europa y ellos por llegar a la NBA. En ese transcurso me encontré ex-NBA players y fue algo que me impulsó a seguir luchando. Allí me di cuenta de que yo no era el líder del equipo como era en Camagüey, sino que era uno más, pero me fue bien porque con ese equipo ganamos el boleto a la primera división. Fui yo quien no se quiso quedarse porque quería seguir buscando perspectivas en otros lugares con mi familia”, detalla.

Ese cambio era dirigirse a Gießen 46ers, equipo de segunda con el que ganó en 2014-2015 el título para ascender a la Bundesliga en la siguiente campaña. En tan solo 3 años, en una nueva nación, ya había logrado llegar a la máxima instancia del baloncesto en Alemania, un premio a su talento, esfuerzo y consistencia deportiva.

Su temporada de debut en la Primera División fue destacada: el escolta promedió en 33 juegos 9.9 puntos por partido y 3.9 rebotes por partido. Al finalizar esa campaña, Polas tomó la controvertida decisión de firmar con el rival directo, el Telekom Basket Bonn.

“Eso era algo que estaba esperando hace tiempo y no quería dejar pasar esa oportunidad por alto de jugar en Europa. Gießen era como mi segunda casa y a pesar de que tenía ya varias ofertas de otros conjuntos, el primer año decidí quedarme en Gießen. Allí tuve la oportunidad de un buen debut y hacerlo con ellos fue muy especial para mí. Me abrieron más las puertas de mi carrera, pero al final hice lo que era mejor para mí. Llevaba varios años jugando solo en Alemania y quería saber qué se sentía jugar torneos europeos. Sin dudar me fui al Telekom Baskets, equipo donde fui bien acogido, por eso todavía me encuentro aquí. Es un equipo tradicional en esta liga y juega torneos internacionales, un nice feeling. Cuando te encuentras jugadores diferentes a los que te habías encontrado antes, son nuevos retos”, afirma.

El cambio le vino de maravillas. Desde 2016, camina de la mano con Telekom y su rendimiento ha sido fabuloso. En par de ocasiones se ha colgado el galardón de All Stars en la Liga y ha ganado en dos temporadas consecutivas (2017-18 y 2018-19) el premio a mejor defensor de la Bundesliga. Es que su defensa se ha transformado en un arte y el reconocimiento a esto le llega en toda competición donde se desempeñe.

“Aquí en Europa, el jugador que fuera mejor que yo tenía que demostrarlo, no importaba de dónde viniera. Así que salía siempre a hacer mi trabajo, en cada juego, en cada entreno y así es mi mentalidad hasta la actualidad. El básquet no es solo de canastas, también hay que saber defender y creo que la defensa te da oportunidad a hacer muchas otras cosas también”, explica.

Dejando a un lado su carrera, ahora toca hablar de un tema que le toca muy profundo, Cuba. Yorman siempre ha sido, como dice un amigo, “más cubano que el congrí”. Pocos conocen que el camagüeyano se ha presentado en par de ocasiones en la Federación con intenciones de jugar por su país, pero hasta el día de hoy su regreso no se ha concretado.

“Pocas personas saben que lo he intentado, pero al final no se ha concretado por parte de Cuba. Creo que el interés de ellos no ha sido el mejor y eso me decepciona mucho. La primera vez que los contacté la condición era que tenía que jugar la Liga Superior y eso es algo que no se puede porque la liga aquí en Alemania también coincide con esas fechas. En la segunda ocasión, bueno, ocurrieron algunos otros detalles también que me los quedo para mí”, cuenta.

En esos detalles que prefiere callar de seguro han de estar las verdaderas razones del porqué tantos jugadores quedan con su regreso en el aire. Polas es de los que cree que se le debería dar oportunidad a todo el que desee competir con la selección y claro, siempre que tengan la calidad necesaria

“La federación debería darle oportunidad a los jugadores que tiene fuera de Cuba. Si eso pasa, cuánto podría llegar a suceder. Haríamos un mejor papel en juegos multideportivos o torneos internacionales. Cuba tiene varios talentos regados por el mundo y es momento de aprovecharlos”.

baloncestista cubano Yorman Polas
Javier Justiz y Yorman Polas.

En su larga carrera hay espacio para muchos momentos históricos y emotivos, que llenan de gloria al baloncesto cubano, entre estos un dato curioso ocurrido recientemente. La Basketball Champions League, por primera vez en su historia, tuvo 4 cubanos en su torneo. El 16 de octubre del 2019 quedó marcado en los libros de récords de la competición. Ese día, también por primera vez en dicho evento, dos nacidos en la Isla se enfrentaban en la cancha: Javier Justiz con Casademont Zaragoza y Yorman Polas con Telekom Basket Bon.

“Me sentí orgulloso de jugar con Justiz, no importaba que fuera como oponente, pero ya no era el único cubano en una cancha, sino que éramos dos luchando por un objetivo. Experiencia bonita esa y difícil de olvidar. Jocosamente, ganamos las dos veces, nada fácil, pero Telekom lo hizo mejor (guiña un ojo con pícara sonrisa)”.

Cuando pregunto por esa nueva generación del baloncesto cubano y sobre qué le gustaría transmitirles, parece que le salieran las palabras del alma.

“Solo deseo que esa nueva generación también reciba la oportunidad de jugar en ligas extranjeras y que se desarrollen. Que nunca se rindan y que no se cansen de luchar por lo que quieren. Los sueños a veces demoran, pero llegan. 

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