En ocasiones, en nuestro país hay rostros que a través de los medios se convierten en parte de nuestra rutina diaria y, un buen día, desaparecen sin más y dan paso a las especulaciones sobre qué fue de sus vidas. Uno de esos “desaparecidos” es Abdel Quintana, quien fuera torpedero titular e inamovible de la dinastía industrialista que implantó Rey Vicente Anglada en la primera década de este siglo.

Abdel se retiró de manera abrupta sin haber cumplido los treinta años de edad. El desgaste físico, la lejanía de la familia, y la desmotivación a causa de una petición a las autoridades deportivas de la capital -no satisfecha- fueron las causas de su adiós tempranero.  

Es recordado por ser solvente a la defensiva y por su poco bagaje ofensivo, y tuvo la responsabilidad de sustituir a Germán Mesa, uno de los mejores en su posición en al historia de la pelota cubana. No obstante, nadie le puede quitar el mérito de jugar en un béisbol que superaba, por mucho, al que se desarrolla en la actualidad a nivel dómestico.

Son varios los casos de peloteros que comenzaron su carrera sin mucho brillo en la era pre éxodo masivo, se mantuvieron jugando en la Serie Nacional y se destacaron, incluso llegando a integrar los equipos nacionales. Por ello nos preguntamos: ¿qué podría haber logrado este pelotero de haberse mantenido jugando?

¿Cómo fue tener que llenar el gran vacío que dejó una leyenda como Germán Mesa?

Era muy joven en ese entonces. Tenía solo 21 años cuando ocupé ese puesto y a esa edad uno no es capaz de calcular bien la gran responsabilidad que significaba llenar los zapatos de Germán Mesa. También yo no era la primera opción para asumir la posición, por delante de mí estaba Yunel Escobar, quien tenía un gran nivel deportivo y no por gusto tuvo una gran carrera dentro de la MLB, así que tuve que luchar muy duro para poder imponerme. Nuestro mánager, Rey Vicente Anglada, me dio la oportunidad y no le di más chance a nadie.

Considero que hice un buen trabajo por mi capital. Estuve cinco años bajo las órdenes de Anglada y fuimos campeones en tres ocasiones. Fui a un Juego de Estrellas en 2007, representé a los equipos habaneros en varias Superligas. Aunque nunca me alcanzó para integrar la preselección del equipo Cuba porque había varios torpederos de calidad en aquel entonces, por tanto era muy difícil.

Abdel Quintana Industriales

Fuiste una pieza inamovible dentro de la dinastía que impuso Rey Vicente Anglada con Industriales. Pese a tus limitaciones ofensivas, ¿cómo lo lograste?

Rey siempre confió en mí por mis características como jugador, que le funcionaban a él perfectamente en la idea de equipo que quería. Yo sabía que mi responsabilidad principal era la de fildear todo lo que pasara por mi posición, que había otros para batear y traer las carreras como Scull, Kendrys, Javier o Enriquito. En lo personal, me gustaba más defender que batear, de hecho había entrenamientos enteros en los que no realizaba un solo swing en el cajón de bateo y me dedicaba, exclusivamente, a coger rollings.

Creo que él nunca me sentó porque yo estaba totalmente consciente de mi lugar en el equipo y me dediqué simplemente a realizar mi trabajo. Por eso yo encajaba bien en la dinámica del sistema que él tenía en el equipo.

Al final, creo que esa fue la clave para poder ganar esos campeonatos, que todos sabíamos cuál era nuestra responsabilidad dentro del equipo y por tanto, todos halábamos parejo.

A pesar de estas carencias ofensivas, Pedro Luis Lazo, uno de los mejores lanzadores de la historia de nuestros campeonatos, te describió como el bateador más difícil que había enfrentado. ¿A qué se debía esta facilidad para conectarle?

Creo que era porque simplemente le encajaba, él me tiraba duro y yo me encargaba de hacerle un swing corto para hacerle contacto. También tengo que decir que él me refrescaba, o sea, me subestimaba, era algo lógico porque teníamos una alineación llena de buenos bateadores. No obstante, después me puso interés y seguí conectándole bien de todas formas. Lo considero como mi mejor logro con el bate.

Abdel Quintana Industriales
Foto: Hansel Leyva

Te retiraste siendo muy joven, con solo 27 años de edad ¿Cuál fue el motivo de esta decisión?

Empecé en la Serie Nacional siendo muy joven, tenía 16 años, imagínate que los 17 los cumplí jugando en Las Tunas. Entonces, comencé a valorar muchas cosas como todo el desgaste físico que había sufrido en todos esos años de viajes, entrenamientos y demás, que son parte de la vida diaria del atleta. También ya en ese momento tenía dos hijos, a los cuales les faltaba mi presencia la mayor parte del tiempo por estar envuelto en esa rutina diaria.

Sin embargo, mi principal desmotivación fue a causa de las autoridades deportivas de la capital. Vivo en Campo Florido, a más de veinte kilómetros de la ciudad, y todos los días me tenía que despertar a las 6 a.m. para poder llegar a tiempo a los entrenamientos en la Ciudad Deportiva. Una vez terminaba, llegaba de noche a la casa. En otras, palabras salía de noche y llegaba de noche también.

Por tanto, le solicité a la Comisión Provincial que me otorgaran un apartamento en cualquier lugar de La Habana, del cual me fuera más fácil moverme a los entrenamientos. Quizás no me lo dieron porque no era miembro del equipo nacional, pero a la capital si le aporte tres campeonatos y años de sacrificio y entrega para poder obtenerlos. Pero bueno, estoy conforme con lo que hice en el terreno, eso es lo más importante.

Una vez culminada su carrera, su nombre desapareció literalmente de la palestra pública dando lugar a más de una especulación ¿Cómo fueron esos primeros años posteriores al retiro?

Como acostumbra a pasar en la vida, uno se aleja del ámbito y nadie te llama, te sientes realmente abandonado por todos. Fueron cinco años los que estuve fuera del béisbol en los que nadie me contactó, ni se ocupó de mí.

El tiempo lo ocupé trabajando en el almacén de un Infotur gracias a la gestión de un amigo. Hasta que Miguel Alfonso, Jefe de la Academia Provincial de Béisbol de La Habana, me llamó para que empezara a trabajar con niños en las categorías inferiores, labor en la que llevo ocho años.

¿Cómo ha sido entrenar en las categorías infantiles?

Trabajar con niños es complicado, porque ellos llegan a ti para que les enseñes, los eduques y les transmitas todas tus experiencias, cosa que no siempre es fácil porque tienes que saber cómo comunicarte con ellos. Es un trabajo que es de lunes a lunes, porque la mayor parte de los fines de semana son las competencias. Llevo más de dos meses sin descansar un solo día.

No obstante, es un trabajo muy bonito porque cuando empieza a pasar el tiempo tú ves como evolucionan y van obteniendo otros valores personales que uno les inculca, como la entrega y la disciplina. Esa sensación que da cuando ves ese progreso a causa de tu trabajo, no tiene comparación con nada en el mundo.

¿Algún factor en específico que le gustaría que cambiara con relación al manejo de las categorías inferiores?

Bueno, todo el mundo tiene una idea de las carencias que tenemos a la hora de realizar nuestro trabajo y todo el sacrificio que tenemos que hacer entrenadores en unión a los padres, que son el soporte de nosotros, para que pueda seguir fluyendo la formación de talentos en el beisbol.

Además de otros detalles como el hecho de que se juega muy poco, ya que los campeonatos son de apenas 15 partidos y estos no son suficientes para que el niño se desarrolle. Además de la fricción que existe entre el INDER y el Ministerio de Educación, que nos afecta mucho a la hora de trazar los horarios de entrenamiento. Hasta que estos organismos no lleguen a un consenso se seguirá afectando el desarrollo del béisbol en la base. Creo que el reclamo a que se atienda más al béisbol infantil es común entre todos los que estamos implicados en el.

No obstante, si hay algo que me molesta muchísimo, y no es más que el enfoque negativo que le da buena parte de la prensa y periodistas deportivos al béisbol en la base. Nadie puede jamás poner en duda que la mayoría de nosotros realizamos nuestro trabajo como debe ser y le enseñamos a los niños todo lo que deben aprender. La parte de interiorizarlo y aplicarlo una vez crecen queda ya por parte de la voluntad propia de ellos.

Entonces, en varias ocasiones nos quieren culpar a nosotros de todos los males del béisbol cubano, cuando son pocos de ellos los que tienen la voluntad de venir a ver cómo funcionan estas categorías.

Pregunto: ¿Cuándo la televisión ha transmitido un partido de béisbol infantil en los últimos años?. La respuesta es nunca. Por tanto, creo que la prensa posee muy poca información acerca de la labor que realizamos día a día y que es muy injusta con un sector de profesionales serios y dedicados que lo dan todo para que sigamos siendo un de las mayores potencias beisboleras del mundo.

Abdel Quintana Industriales
Foto: Hansel Leyva

¿Qué sueña Abdel Quintana con respecto a su futuro?

Me gustaría que varios de mis alumnos lleguen al máximo nivel, dígase Industriales, equipo Cuba o la MLB, donde ellos estimen conveniente. Además de verlos triunfar y aplicar lo que uno le enseñó en el terreno y fuera de él a nivel humano.

También me gustaría seguir desarrollándome como entrenador e ir escalando poco a poco con mi trabajo. Primero dirigir a alguna categoría inferior en un Campeonato Nacional y, algún día, integrar el colectivo de dirección de los Industriales.

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