En más de 50 años, entre miles de personas que han competido en los campeonatos cubanos de béisbol después de la desaparición del profesionalismo en la Isla, solo Alberto Díaz y otros dos peloteros ostentan una marca única: conectar 4 jonrones en un mismo juego de pelota.

Su hazaña gana mayor dimensión si revisamos que, en más de un siglo de historia, en las Grandes Ligas nunca un bateador ha disparado cinco en un desafío, y apenas 18 han botado cuatro pelotas en un encuentro. El último en lograrlo fue el actual miembro de los Medias Rojas de Boston, J.D. Martínez, de origen cubano, quien lo consiguió el 4 de septiembre de 2017, 90 días después de que lo hiciera Scooter Gennett, de los Rojos de Cincinnati.

El primero en registrar esa soberbia actuación fue el inicialista camagüeyano Leonel Moa, el 10 de diciembre de 1989 frente a Granma. Seis años después, llegó el momento del matancero Alberto Díaz. El último en firmar tal récord fue el pinareño Omar Linares, el 8 de abril de 1997, enfrentando a Villa Clara en la segunda Copa Revolución.

El caso de Díaz tiene varios matices curioso porque, de ese trío, es el único que no fue un jonronero nato. En 16 temporadas compiló 2537 veces al bate, en las que desapareció 67 pelotas, para un promedio de cuatro bambinazos por campaña: justo la misma cifra que obtuvo una vez en un solo choque.

También la fecha en que consiguió dicha marca no una cualquiera para muchos cubanos. El 17 de diciembre se celebra en el país el día de San Lázaro, santo que parece haberle alineado las estrellas. Quizás hay algo mágico en este hecho que ocurrió en el estadio Mario Martínez Arará, del municipio de Colón, ante Camagüey, conjunto rival en que militaba precisamente Leonel Moa, quien observó de pie en la inicial como le igualaban de su hazaña. Aquella tarde, el matancero le asestó tres batazos de vuelta completa al abridor Fernando Tejeda, y el último a Neury Fernández en el séptimo inning.

Alberto nació en Jovellanos el 12 de enero de 1964. Ahora, retirado como atleta activo, vive en su hogar en Jagüey Grande. Allí repasa en conversación con Play Off Magazine su carrera, y narra el momento singular en que alcanzó una marca en poder de unos pocos elegidos.

¿Cómo viviste tu debut en Series Nacionales, con 19 años, en una temporada en la que el otro equipo de la provincia, Citricultores, fue campeón?

Al llegar a la Serie Nacional ya había figuras establecidas y tenía que esperar. En ese equipo de Henequeneros fui acogido como jugador de cuadro y mi función en ese momento era entrar de cambio: lo mismo jugaba short stop, segunda o tercera base. Siempre que me sacaban hacía lo posible por hacer las cosas bien.

Entre 1989 y 1991, integraste los conjuntos de Henequeneros campeones nacionales durante dos campañas consecutivas. ¿Cuáles son los principales recuerdos de aquellas coronas?

Eso fue tremendo, porque un deportista siempre quiere llegar a ser campeón nacional y a conformar el equipo de su país. Son cosas que uno sueña, y esas dos coronas significaron un resultado grandísimo: imagínate, muchas emociones, alegría para el pueblo, la familia.

En la temporada de 1991-1992, Henequeneros disputó su tercera final al hilo pero cayeron frente a Industriales. ¿Qué ocurrió entonces?

Es que la Serie Nacional en aquel entonces era muy fuerte. Los equipos tenían demasiadas figuras, por lo que se antojaba muy difícil ganar tres campeonatos consecutivos. Era una liga bastante fuerte, no lo dudes.

Esos dos cetros y el subtítulo, los alcanzaste bajo la dirección de un mánager experimentado como Gerardo “Sile” Junco. ¿Qué significó para ti ser dirigido por él?

Para nosotros fue un gran educador, siempre preocupado por los atletas, ayudándonos en todo lo que podía, y creo que eso fue algo que nos motivó bastante. Anteriormente, el mánager que teníamos no había hecho esa labor de ayudar a los jugadores y Sile era como un padre, nos enseñó muchas cosas, a luchar en el terreno, a unirnos, porque nosotros no teníamos unión. Él logró la unidad necesaria y ganamos dos campeonatos seguidos.

Alberto Díaz. Foto: Laura Fariñas Naranjo
Alberto Díaz. Foto: Laura Fariñas Naranjo

El 17 de diciembre de 1995 te convertiste en el segundo bateador cubano que disparó cuatro jonrones en un partido. ¿Qué lugar ocupa en tu vida ese día, casi 24 años después?

Eso para mí fue lo más grande de mi carrera. Cuando di los cuatro jonrones no sabía lo que había hecho. Me sorprendió, realmente, porque yo no estaba comprendido entre los bateadores de fuerza de mi conjunto. Daba mis jonrones, pero bueno, no estaba entre los mejores sluggers de Cuba.  ¿Quién se iba a imaginar que un jugador de cambio disparara cuatro vuelacercas en un juego? Toda Cuba estaba sorprendida. Eso lo tendré presente toda mi vida. Mis amigos me ven en la calle y me dicen el jonronero, y yo vivo con eso, vivo orgulloso.

¿Cómo te lanzaron en la quinta vez al bate en ese choque?  

Siempre pensé que en ese último turno al bate me lanzarían pegado o me darían un pelotazo, porque en la pelota cubana se estila mucho eso cuando un bateador conecta dos o más cuadrangulares en un juego. Juan Manrique, que era el receptor de mi equipo, batea delante de mí y se embasa. Cuando el pitcher me hace el primer lanzamiento, él se roba la segunda base y eso le permitió al lanzador trabajarme en zona mala, que fue la indicación del mánager contrario. Después me dieron el boleto.

¿Cómo explicas que un bateador como tú, con solo 67 cuadrangulares en 16 temporadas, dispare cuatro en un juego?

Eso está dado por la preparación. El jugador que está en el banco debe entrenar un poco más y eso fue algo que siempre tuve en cuenta: hacer con más intensidad lo que realizaban mis compañeros que ocupaban la titularidad. Tenía que prepararme mucho mejor porque sabía que en cualquier momento me iban a dar la oportunidad y entonces siempre trataba de dar lo mejor de mí para ganarme el derecho de seguir jugando en el equipo.

En ese juego coincidiste con Leonel Moa, el primer hombre que disparó cuatro cuadrangulares en un desafío. ¿Luego del partido conversaste con él sobre ese récord?

Sí conversamos, aunque él estaba un poco molesto porque lo igualé. Incluso, cuando yo había dado tres, ya él le estaba diciendo al pitcher que tuviera cuidado porque le podía empatar su hazaña. Pero como decimos en Cuba, lo que está para ti…. Son actuaciones que pasan una vez en la vida.

La marca la alcanzaste un 17 de diciembre, día muy significativo para miles de cubanos. ¿Tienes creencias religiosas?

Siempre en la vida uno cree en algo, ya sea material o espiritual, y en el mundo de la pelota se debe creer para poder abrirte los caminos.

Te retiraste en 1999, con años. ¿Fue una decisión que nació de ti o existieron factores externos?

Esas decisiones las toma a veces la Comisión Nacional y en mi caso fue así. Uno nunca quisiera irse, uno cree que está joven, que se siente fuerte todavía, pero la Comisión determinó mi retiro, como mismo le sucedió a muchos jugadores que pasaron por las Series Nacionales.

Creo que podía seguir rindiendo, pues me cuidaba mucho. Soy una persona que no tiene vicios y me sentía fuerte; ahora tengo 55 años y mira como estoy. Eso me dolió bastante, me afectó, pero la vida sigue y todo lo que comienza tiene que terminar, pero me parece que para mí terminó un poco temprano. Me decidí a no practicar más béisbol: no me sentí derrotado, simplemente me sentí molesto con lo que hicieron conmigo.

Durante tu paso por los equipos yumurinos, ¿consideras que no te dieron las oportunidades que merecías?

Siempre anhelaba cuando empezaba cada Serie Nacional jugar como regular, y eso fue algo que nunca pasó, pues fui un jugador de cambio. Casi siempre que se lesionaba un jugador del cuadro me ponían a reemplazarlo o me encargaban la misión de salir como emergente. Esas funciones no las vi bien para mí, porque sentía que podía hacer más de lo que estaba haciendo. Si volviera a nacer, ojalá pudiera jugar de regular para ver hasta dónde podría llegar.

¿Integraste algún equipo en eventos internacionales?

La única vez que viajé al exterior fue a México, cuando fuimos titulares en 1991, al primer Campeonato de Clubes Campeones, y gané el trofeo de líder de los bateadores e integré el equipo Todos Estrellas. A pesar de quedar como mejor bateador, cuando llegué a Matanzas tampoco me pusieron como regular, lo que quiere decir que para ellos yo no estaba en sus planes. Siempre me tenían como jugador de cambio y eso me golpeó mucho.

En ese tiempo era muy difícil conformar el equipo Cuba. Existían muchos jugadores de cuadro que estaban por encima de mí, tengo que decirlo así, porque jugaban como titulares y eran muy buenos peloteros. Me refiero al pinareño Omar Linares, al habanero Lázaro Vargas, entre otros. Para colmo, si estaba en el banco no tenía como defenderme en mi objetivo de llegar a la selección nacional.

Después de tu retiro, ¿qué ocurrió?

Después de retirarme, me incorporé al Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) , en Jagüey Grande, a entrenar en la base con los muchachos de la categoría pioneril. Ahí estuve desde 1999 hasta 2003, cuando me trasladé para el Combinado Deportivo porque la atención que me daban en el Inder no era favorable, no cubría mis necesidades. Actualmente, laboro en el frigorífico de la Empresa de Cítricos de Jagüey.

¿Es feliz un hombre apasionado por el béisbol trabajando en una Empresa de Cítricos?

No soy feliz, pero estoy tranquilo porque realmente tengo lo que necesito para cubrir mis necesidades. Estamos viviendo una situación difícil en Cuba y hay que buscar un lugar donde se pueda trabajar con tranquilidad. Eso es muy necesario para mí, y yo lo he encontrado.

Alberto Díaz. Foto: Laura Fariñas Naranjo
Alberto Díaz. Foto: Laura Fariñas Naranjo

¿Después de tu retiro has recibido la atención que requiere una gloria deportiva como tú?

En una ocasión, vino un compañero del Inder y me dijo que debía irme para Matanzas, pues había sido seleccionado para estar en el Juego de las Estrellas de los Veteranos. No me lo creía. Cuando llegué allá, el Comisionado me dijo que me mandó a buscar porque estaban pidiendo nuevos integrantes, para no repetir los mismos. Yo agradecido que se hayan acordado de mí.

Creo que muchos atletas de este país se sienten abandonados y están en la misma situación que yo. Me siento un poco desatendido por esa parte, pero bueno, la gente por la calle sí reconoce mis logros y eso me reconforta bastante.

¿Estarías conforme con una selección cubana integrada por peloteros residentes aquí y en el exterior?

Eso es lo mejor que se puede hacer porque muchos países lo aplican. La Comisión Nacional debe tener presente que esa es una decisión que favorecerá a nuestra pelota. Como también creo que hay que buscar una alternativa para disminuir el éxodo de los jugadores.