Foto: Jim Mone/Associated Press

A las dificultades de la emigración, el pelotero cubano Aledmys Díaz suma otro inconveniente mayor: el tiempo que ha pasado alejado de Cuba, de su natal Villa Clara, a donde no ha podido regresar en 8 años, y en donde tiene su familia y los amigos de la infancia.

Allí, en la provincia central de la Isla, dio los primeros pasos en el béisbol cuando era un muchacho que admiraba a uno de los mejores equipos de la pelota cubana, y a estrellas como el conocido campocorto Eduardo Paret.

En la calle octava creció junto al recordado lanzador cubano de MLB, José Fernández, fallecido en un accidente que cortó su fugaz, pero deslumbrante carrera. Lazos de amistad y procedencia los unieron para siempre.

Antes de llegar a Grandes Ligas, firmar con San Luis, y competir en el mejor béisbol del mundo, el antillano fue revelación en su país y llegó a integrar el equipo nacional. Pero un día de 2012, tomó una de las decisiones que marcaron su vida: abandonó una delegación a un torneo en Holanda.

En la actualidad, Aledmys es un pelotero maduro, con experiencia en varios conjuntos de la Gran Carpa, y padre de familia, a quien el aislamiento no quita las ganas de volver a lo terrenos cuando la COVID-19 lo permita.

Mientras ese momento llega, disfruta de su familia y responde a las preguntas de Christian Fuentes, Amanda Rivera y Daniel Alfonso, en el podcast de Corte 4, la “página oficial de todo lo asombroso en Las Mayores”.

En este programa, se descubrió al Aldemys familiar, y atleta sacrificado. Se conversó de la relación con los cubanos en MLB, los recuerdos de Cuba, sobre su campocorto favorito, el lugar que daría a Yuli Gurriel entre los mejores peloteros de la historia de su país, y de qué haría si pudiera teletransportarse a Villa Clara.

Eduardo Paret o Germán Mesa: ¿Quién es el mejor campocorto cubano de todos los tiempos?

Creo que mi respuesta es obvia. Para todos lo que nacimos y nos criamos en Villa Clara en la época de los 90 fue un placer ver a Eduardo Paret jugar en los equipos de Villa Clara y los equipos Cuba. Para mí, él ha sido el mejor shortstop de Cuba en todos los tiempos, se pueden ver los números en series nacionales y equipos Cuba. Ha sido una gloria del béisbol cubano y el mejor campocorto.

¿Cuál ha sido tu favorito de los campocortos cubanos que han participado en MLB?

Cuba ha tenido campocortos, y no solamente los que hemos tenido la posibilidad de jugar en Grandes Ligas. A lo largo de los años, campocortos en Cuba como Germán Mesa, Evenecer Godínez, una trayectoria muy grande de los campocortos en Cuba y aquí en MLB también con muchos resultados.

En Cuba desde que nacemos, nos ponen un bate y una pelota en la mano y el campocorto es lo que todo niño quiere jugar, que es lo que pasó conmigo. Hemos tenido muchos buenos, José Iglesias, Adeiny Echavarría, Escobar, Alexei Ramírez, Rey Ordoñez. Tengo una anécdota bonita con él (Ordoñez).

Allá era muy difícil en los años 2000 ver las Grandes Ligas, y una de las cosas que me incentivó a jugar shortstop fue ver un video de Rey Ordoñez por allá por 2001 o 2002. Eso cambió mi vida, porque tener la posibilidad de ver a un pelotero como él, ganador de guante de oro, eso me inspiró también. No he tenido la posibilidad de conocerlo personalmente. Espero coincidir con él, y agradecerle por haber tenido ese impacto sin saberlo, en mi carrera como en la de muchos otros, como la generación de Iglesias, Echevarría, que sé que también lo pudieron ver a él.

¿Cómo fue esa relación cercana con José Fernández?

Tuvimos la posibilidad de crecer juntos en la calle octava, del reparto Macuca, en Santa Clara. Desde muy niños, con cuatro o cinco años, nuestras familias estuvieron bien cercanas porque crecimos en el mismo barrio. Era un niño muy inquieto, tuvimos la oportunidad de crecer en un ambiente muy sano, estar el día entero en la calle, jugando bolas, jugando pelota. Mi tío también tuvo gran impacto en su carrera porque fue quien le dijo a su mamá que lo llevara al Sandinito, el estadio donde con seis o siete años uno comenzaba a jugar béisbol, porque él tenía buenas aptitudes, buen brazo.

Todos sabemos el impacto que tuvo en las Grandes Ligas, todas las cosas buenas que él (hizo) como cubano, como emigrante. Creo que fue el sueño de todo cubano de llegar a Estados Unidos, triunfar y tener el sueño americano y hacer lo que más le gustaba, que era jugar al béisbol. Una cosa increíble.

De dónde viene tu nombre (el primer jugador en Grandes Ligas en nombrarse así)    

Creo que ese récord va a ser difícil de romper, de otro con ese nombre. Viene de una historia de mi papá, estando en la universidad, quien tuvo un amigo etíope y se llamaba Aledmys. Él le prometió que cuando tuviera su primer varón le iba a llamar así. Tengo varias anécdotas con mi nombre: en séptimo grado, en Cuba, estuve todo un mes con una maestra de química y en 30 días nunca pudo decir mi nombre igual dos veces.

Dejaste Cuba en el 2012 y no pudiste estar en el triunfo de Villa Clara, en 2013. ¿Cómo viviste ese momento?  

Recuerdo que estaba en México en el 2013 y tuve la posibilidad de mirar los play off ese año. Me puse muy contento, después de 18 años sin ganar. Lo sentí como si estuviera allí ganando también porque tenía amigos con quienes jugué por cinco años en las Series Nacionales. Desde el 2009 estuvimos acercándonos al campeonato y el pueblo se merecía una victoria, aunque todos los años estábamos en los play off, dábamos buen espectáculo. Muy contento, y también en la forma en que se hizo, con el jonrón de Ariel Pestano, después de todo el problema que había tenido con Víctor Mesa, porque había quedado fuera del equipo Cuba. Fueron muchas historias que hicieron un campeonato especial para Villa Clara.

¿Cómo son los cubanos de los Astros?

Tenemos una conexión muy especial. También he tenido la posibilidad a lo largo de mi carrera en Grandes Ligas de contar con el apoyo de muchos cubanos, como Brian Peña, en el primer año en 2016 en San Luis. La influencia que tuvo en mí fue importante para lograr todas las cosas que logré ese año. Luego fui cambiado a los Blue Jays y jugué con Yunito Gurriel y Kendrys Morales, quienes fueron muy importantes a la hora de adaptarme a un nuevo equipo, a la Liga.

Después, tener la posibilidad de compartir con Yordan Álvarez, con Yuli Gurriel, con Rogelio Armenteros y Cionel Pérez, que son muchachos que están comenzando. A veces, menospreciamos lo importante que es estar rodeado de personas que te aconsejen, que te muestren el camino, y tener la posibilidad de contar con el Yuli en este caso, que ya había jugado dos años anteriormente con Houston, me ayudó mucho a aclimatarme, a estar en sintonía con los peloteros en Houston.

Houston es una gran familia, tremendo equipazo, relleno de estrellas, pero a la vez son personas geniales, como Altuve, Correa, Bregman, muy humildes, buenas personas.

¿Qué comen cuando se reúnen los cubanos?  

Nosotros somos de buen comer, pero tenemos un chef en el equipo que nos hace muy buenos sándwiches cubanos. Quisiera saber de dónde sale el sándwich cubano, porque en Cuba nunca me comí un sándwich así. Pasamos mucho tiempo juntos, nos contamos muchas cosas, tenemos una buena conexión ahí.

¿Pudiste jugar contra Yuli Gurriel en Cuba?

Sí, jugué cinco años en la Serie Nacional, y en 2010 tuve la oportunidad de hacer dos veces el equipo nacional y jugué con él. En el momento en que llegué al equipo Cuba con 19 o 20 años, ya Yuli era un consagrado, tercer bate. Viéndolo jugar desde el otro lado, en Villa Clara, en mi opinión, respetando a otros grandes peloteros, el Yuli entraría entre los 3 o 4 mejores peloteros que ha dado Cuba en todos los tiempos. Si hubiera tenido la oportunidad de llegar a Grandes Ligas mucho más joven, creo que tuviese números para salón de la fama.

¿Cuál sería el primer sitio al que irías en Villa Clara si pudieras teletransportarte?

Es una pregunta difícil para mí. Como sabes no he tenido la oportunidad de regresar a mi país en 8 años. Es el lugar donde crecí, donde tengo a mis amigos, mi familia. El primer lugar a donde iría sería a mi casa, y tener la posibilidad de reencontrarme con toda mi familia, y después al estadio, el Sandino. Me recuerdo a los 11 o 12 años, saliendo de la casa solo a las 7 pm, con mis amistades para ir a ver el juego del equipo de Villa Clara. Tenemos muchos recuerdos como fanáticos y después de peloteros, en ese estadio.

¿En qué ocupas tu tiempo en estos días sin béisbol?

Primero, agradecer a las personas que trabajan en los hospitales, a los policías, a todas las personas que están trabajando en las tiendas: son fundamentales para esta batalla que se está librando contra la COVID-19. En el caso de nosotros como peloteros somos personas de rutina: por seis meses nos levantamos, vamos al estadio, jugamos, y estar encerrados ha sido bien difícil.

También tengo a un niño de tres años, ¿cómo tú mantienes entretenido a un niño de esa edad el día entero en la casa? -dice entre risas-. Tengo que darle mucho crédito a mi esposa, que está corriendo detrás de él. También este tiempo ha dado esa posibilidad de pasar más tiempo con la familia y es una cosa que debemos apreciar. Disfrutar a mi niño, verlo crecer: lo estoy disfrutando mucho.

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