El 31 de marzo del 2010, Arleys Sánchez estaba intranquilo. Par de días antes, durante la trayectoria hacia Santa Clara, se le notaba algo tenso. La posibilidad de abrir el último y decisivo juego de la final parecía real. Se necesitan nervios de acero y una concentración infranqueable. Toda esa tensión pasó a un segundo plano cuando luego del primer lanzamiento y tras 5:55 horas de juego, ¡Industriales se proclamó campeón!

Algunos años atrás, cuando solo podía soñar con disfrutar un momento así, llegaba al terreno del Estadio de Béisbol Menor “Edison”, del capitalino municipio de Diez de octubre, un pequeño niño. Allí agarró la primera pelota y empuñó su primer bate. Con nueve años, le propusieron insertarse en el apasionante mundo de las bolas y los strikes y la vida le cambió para siempre. No hubo otro, siempre el béisbol llenó esos espacios a los que ahora viaja su memoria para revivir glorias pasadas.

“Como todo niño cubano –dice– siempre jugaba en las calles a la pelota.  En una ocasión, el abuelo de un amigo, que jugó en la liga profesional cubana, me preguntó si quería practicar este deporte de forma oficial. Por supuesto que acepté. Así comenzó todo”, cuenta Arleys Sánchez de la Cruz.

Strike uno

Nombres como los de Ramón Cairoz, el fallecido Adisbel Véliz en la base, luego en la EIDE los de Luis Suárez, Lázaro Cordón y Gerardo Leroux, marcaron a Arleys Sánchez en su andar inicial por los terrenos. Según el propio atleta reconoce, nada le hacía más feliz que subirse al montículo. Eso, para quienes aman una disciplina como esta, llena más que cualquier medalla y reconforta cualquier herida provocada por injusticias o carencias.

Entrenar nunca resultó sencillo, al menos no como “Dios manda”. Aunque las condiciones nunca fueron las idóneas debido a una evidente escasez (o falta) de implementos, “tal realidad se revertía gracias a la calidad y profesionalidad de aquellos excelentes profesores. Ellos hacían hasta lo imposible por impartir los entrenamientos con la mayor calidad posible”.

Mucho tuvo que ver también el papel de sus más allegados. En su condición de abridor, la familia le dio la primera victoria con un tremendo apoyo al camino que decidió tomar. “A ellos se los debo todo. En especial a mi madre, quien luchó conmigo y a quien le tocó hacer las veces de padre desde muy temprano. Un aparte especial merece mi tío. Él me inculcó esa pasión por el juego. Recuerdo que estudiaba en una Escuela Militar Camilo Cienfuegos y cada vez que llegaba de pase me dedicaba, al menos, media hora de su tiempo para jugar conmigo”, recuerda.

Para quienes, como él, comenzaron desde una edad infantil en la pelota, aquellos torneos de pequeñas ligas constituyen recuerdos imborrables. Es la génesis del pelotero, una guerra consigo mismo que luego marcará su carrera, y hasta su vida, en los años por venir. Con el paso del tiempo, no olvida el sacrifico que demandó convertirse en campeón nacional juvenil y, con 14 años, saborear una medalla de plata en esa categoría.

expelotero Industriales Arleys Sánchez
Foto: cortesía del entrevistado Arleys Sánchez, un exlanzador de Industriales y equipos Cuba. Foto: cortesía del entrevistado

Llegada a Series Nacionales

Al transitar por las distintas esferas y obtener guarismos exitosos, el brazo de Arleys Sánchez comenzó a figurar entre los candidatos a formar parte de la preselección del siempre exigente equipo Industriales. No obstante, su llegada a las Series Nacionales, al menos, pudo ser antes de lo que fue.

“El año antes de debutar estuve en la preselección de Metropolitanos. Al mismo tiempo aprobé las pruebas de ingreso para la Universidad, pero me llamó el Servicio Militar y tuve que pasar un año. Creo que, si hubiera sido del interés de las autoridades, se hubiera podido acortar mi estancia en el ejército y acelerar así mi participación en la Serie”, explica.

Finalmente logró hacer el grado en las filas del llamado “equipo insignia de la pelota cubana” y su primera vez sobre un montículo en clásicos nacionales llegó ante la selección que le hubiera abierto las puertas, los rojos de la capital.

“Fue el primer juego de la primera subserie frente a los Metros. Salí de relevo. Ese día me dieron una línea dura de hit al jardín izquierdo, luego un rolling al campo corto que pifió el torpedero y un rolling para doble play que no se completó. No fue un debut como hubiese querido, pero tampoco fue tan malo del todo”, sonríe.

“Al siguiente año jugué la Serie Provincial de Ciudad Habana y me tocó lanzarle al equipo Cuba Sub-15, cuyo director era Mayito Salas, quien también dirigía el plantel de Ciego de Ávila de mayores y luego del partido me preguntó de la posibilidad de dejarme jugar con ellos porque necesitaba un zurdo en su equipo. Aquello sirvió de alerta y entonces vi que en la capital comenzaron a darme un mayor seguimiento”, reveló.

“Luego escuché que estaba en la preselección de Industriales para la Serie 42 y me dije que no desaprovecharía la oportunidad. Tuve un excelente rendimiento en los entrenamientos y pude apoderarme de una de las pocas plazas vacantes dentro del staff azul de aquellos años, plagado de luminarias”, manifiesta.

Jugar en Industriales se torna una experiencia complicada, aunque mágica al mismo tiempo. Este es el equipo con más seguidores y detractores a todo lo largo y ancho de la Isla y, por ende, los rivales le juegan con mucho interés, pues en muchos, es el equipo para derrotar.

“Por eso siempre nos preparábamos con esa mentalidad fuerte, para hacerle frente a las adversidades y situaciones difíciles, con el afán de quedar bien con nuestros fieles aficionados, familiares y, sobre todo, con nosotros mismos”, dice.

Quizás, esa propia armonía, garra y calidad indiscutible de los atletas crearon una maquinaria casi perfecta por más de un lustro durante los primeros años del presente siglo y, a pesar de la diversidad de personalidades propia de un grupo, supieron conformar una familia, apuntalada además por una estrecha comunicación con el alto mando del elenco.

Mucho tuvo que ver en ello la monarquía ejercida sabiamente por Rey Vicente Anglada, a quien Arleys le profesa un profundo cariño y respeto. “Con Rey estuve presente en tres campeonatos y un subcampeonato. Como director fue un gran líder, supo aglutinar y conducir un excelente grupo de hombres con ansias de victorias”.

Al término del reinado de Anglada, otro legionario asumió las riendas de la multilaureada novena, Germán Mesa, quien no contó con tantas coronas, pero que supo ganarse la suya, contra todo pronóstico.

“Con Rey gané tres títulos y bajo el mandato de Germán obtuve el cuarto. Aquello fue tremendo, porque tuvo que lidiar con la pérdida de varios jugadores en medio de los campeonatos que dirigió, a pesar de eso ganó uno”, cuenta Arleys Sánchez.

Campeonato inesperado

La ruta hacia la corona 12 de Industriales parecía una quimera en la temporada 2009-2010, correspondiente a la 49 Serie Nacional. Sin embargo, un resurgir de los Leones los colocó en la postemporada. Una vez en playoff, el primer rival en los octavos de final fueron los Gallos de Sancti Spíritus. Los del Yayabo prácticamente pusieron contra la pared a los capitalinos.

El verdadero cambio radical y hasta la situación que pudo inclinar la Serie a su favor, llegó de la peor manera. Tras un lanzamiento wild a Lisbán Correa, una corrida del fornido atleta tras el lanzador espirituano, provocó una trifulca, primero entre ambos equipos y luego entre industrialistas y la policía del Estadio “José Antonio Huelga”.

“Correa no asumió una decisión correcta, pero es algo que sucede en cualquier liga del mundo. Lo bochornoso fue lo que hizo la policía aprovechándose de la situación para maltratarnos, pues acudieron a echarnos spray en los ojos a la mayoría de los jugadores. Verdaderamente, fue un comportamiento cobarde. Ese momento sirvió para cambiar totalmente la garra, actitud y la combatividad del equipo.

“Regresamos a La Habana. Muchos de nosotros pudimos abrir los ojos casi al final del viaje, pues permanecíamos bajo los efectos del spray. El equipo se reunió en el hotel y dijimos que era la hora de echar el resto, que los tres juegos se los ganaríamos en el Latino. Así ocurrió, pudimos vencerlos. Industriales es un equipo que cuando quiere verdaderamente algo, no los frena nadie”, manifiesta.

Los espirituanos quedaron en el camino y poca resistencia pudieron mostrar los Vaqueros de La Habana ante el empuje de los azules de la capital. La final se había pactado, por tercera vez en la década, entre Industriales y Villa Clara. Arleys trabajó el primer, cuarto y aquel inolvidable séptimo juego de la final.

Esa noche de marzo, Arleys Sánchez respiró más profundo que nunca, sostuvo la pez rubia unos instantes más de lo habitual. Quería sentirse seguro, listo para la batalla. De todas formas, sentía miedo.

“Todos los deportistas del universo sienten un prearranque, como se dice. Los que son capaces de controlarlo avanzan, los que no, fracasan. En este caso, yo busqué el modo de que no me robaran la iniciativa y traté de mantener el control del juego y que me hicieran la menor cantidad de carreras posible”, explica.

El resultado recogió una buena faena monticular del zurdo octubrino. En siete entradas completas enfrentó a 25 rivales y siete de ellos le pegaron indiscutible. Le pisaron la goma en cuatro ocasiones y tres se fueron por la vía del ponche. Una sucesión de hechos llevó a que, tras casi seis horas de juego, Industriales se proclamara campeón en otra final. La última en la carrera de Arleys Sánchez.

“Todos los títulos los disfruté al máximo, pero el último del 2010 siempre tendrá presente esa huella indeleble en mi corazón por los tres juegos que tuve la oportunidad de iniciar, por la hombrada que fuimos capaces de realizar ganándoles los dos juegos de visitador al que, para mí, era el equipo más exacto por esos tiempos y por el impacto que tuvimos en la capital. Fue una cosa sensacional y los fieles se gozaron ese campeonato. En cada rincón hicimos vibrar La Habana de emoción y otras de las razones fue que al terminar el juego y concretarse la victoria, me entregaron la llave de mi actual vivienda, sin dudas un gran logro y premio al esfuerzo de tantos años”, cuenta.

Profeta en otras tierras

Con unos resultados verdaderamente destacados temporada tras temporada, integró las filas de varios equipos nacionales. Con el paso de los años, las prestaciones de este lanzador de la “mano equivocada” tuvieron mayor presencia en la escuadra de las cuatro letras.

Por aquel tiempo, coincidieron en el elenco nacional varios atletas de calidad, de ahí que se confeccionaran los llamados Cuba A, B o C y se distribuían a los distintos torneos del año, teniendo en cuenta su nivel de complejidad.

“Todas las experiencias con el Equipo Nacional resultan siempre positivas y emocionantes, bien sea el principal o cualquier otro. Siempre pensaba en hallar el modo de hacer mi aporte, desde el rol que me tocara, con algún juego ganado o salvado”, explica.

Arleys Sánchez participó en el Torneo Interpuertos de Rotterdam, Holanda, en el año 2007. Ese año la selección antillana se llevó la medalla de oro bajo las riendas de Víctor Mesa, quien tuvo en él a su caballo de batalla. Al capitalino no le hicieron carreras en 15 entradas lanzadas, obtuvo par de victorias y un salvamento. De ahí que su nombre figuró entre los mejores monticulistas del certamen.

“Ese propio año participé en el Mundial de Taichung, Taipei de China, con el mánager Rey Vicente Anglada. También salvé un juego. A ese torneo llevaron cinco lanzadores derechos y cinco zurdos, un staff de lujo. Allí cumplí uno de mis sueños de estar en el equipo grande con mi ídolo, Adiel Palma; con el lanzador todos estrellas del Primer Clásico y compañero de equipo, Yadel Martí; con Pedro Luis Lazo y con el lanzador que más tarde se convertiría en el recordista de la velocidad y uno de los mejores cerradores en el mejor béisbol del mundo, Aroldis Chapman”, refiere.

Con un talento y dedicación como la suya, por aquellos años, de seguro el zurdo hubiera firmado algún contrato en el béisbol de las Grandes Ligas de Estados Unidos. Aunque tal firma nunca se materializó, quedará siempre pendiente su incursión en la mejor pelota del planeta.

“El atleta que practique este deporte y no sueñe con jugar en la MLB realmente pierde el tiempo. En esta época admiro como mis paisanos se han establecido en las Mayores, con características similares a las mías. No lo hice cuando tenía condiciones porque siempre me he dicho que si algún día me trasladaba a otro país del mundo sería por las puertas del Aeropuerto Internacional José Martí. En los años en que jugué, los muchachos se marchaban en lanchas. Personalmente, le tengo terror al mar. Imagínate que ni a la playa voy. Quienes lo hicieron merecen todo mi respeto por tener ese valor incalculable”, dice.

“Ojalá algún día pudiera conformarse un equipo compuesto por peloteros de ese béisbol, y del que sea. Pero te puedo decir que la palabra ‘unificado’ no me gusta. Basta con tener la posibilidad de contar con ellos en los eventos de primer nivel sin restricción alguna, según la necesidad del propio equipo y del mánager, pero ese cuento es un poquito más largo”, afirma.

Cierre inesperado para Arleys Sánchez

Además del descontrol, el principal rival de un pícher constituye la lesión, algo por lo que ningún deportista quisiera pasar nunca.

“Me sorprendió en mi mejor momento y en plenitud de facultades. Decidí, luego de un prolongado descanso, apresurar el entrenamiento y el volumen de lanzamientos para el inicio de la Serie 50 que se avecinaba y en un solo lanzamiento se terminó mi carrera deportiva. Sentí dolores intensos en el codo y luego de varios análisis y chequeos, el team médico determinó que lo mejor era una intervención quirúrgica debido a la aparición de varios osteofitos en la articulación”, recuerda.

El proceso transitó sin dificultades, el personal médico se esmeró para que todo saliera satisfactoriamente. Empero, Arleys se sintió solo, abandonado a su suerte. “Me sentí sin apoyo, luego de tanto nadar para morir así en la orilla no me parecía justo. Fue algo que me desilusionó y desalentó muchísimo”.

“La confianza y el deseo de mi reincorporación por parte de la nueva dirección, con Lázaro Vargas al mando y José Elosegui nuevamente al frente de los lanzadores, junto al resto de los jugadores fue lo máximo, pero realmente no podía. Fue como caer en un pozo, del cual no pude salir, incluso, buscando miles de alternativas. Hice hasta lo imposible por ayudar y aportar victorias al espectacular equipo azul”, expresa.

Durante la que sería su última temporada, apenas pudo encaramarse en la lomita y, en una ocasión, lanzó la entrada sin problemas aparentes. Sin embargo, al llegar al banco sintió que el mundo se le venía abajo y el dolor no le dejó otra alternativa que dejar aflorar las más sentidas lágrimas.

“Ahí mismo me puse fuerte y hablé con Elosegui. Decidí terminar e ingresar para operarme de una vez. Los especialistas me dijeron que fue la mejor decisión porque de continuar así existían grandes opciones de fracturarme el brazo”, explica.

El profe Arleys Sánchez

Tras varios intentos de regresar y no verse en óptimas condiciones, decidió darle un giro a su carrera y convertirse en un joven entrenador. Este cambio tan brusco, sin una intención previa, puede devenir una experiencia traumática para un hombre que, hacía unos meses, dominaba a sus anchas a los rivales. En su caso tomó la pelota por la costura, la sujetó fuerte y lanzó sin miedo.

Estuvo en la Academia Provincial de La Habana y pese al afán de brindar su experiencia y conocimientos a las jóvenes promesas de esos tiempos, sintió que recibía un trato injusto y decidió marcharse.

“Elosegui me pidió que en la siguiente temporada le diera una mano en los entrenamientos y no pude negarme. Es de los mejores pedagogos que tiene el béisbol cubano y sin pensarlo, accedí. Luego estuve un tiempo en la academia, pero vi que no era valorado lo suficiente. Siempre existían obstáculos para todo; como que no respetaban mi trayectoria. Entonces decidí mostrar mi talento en otras latitudes y acepté una misión deportiva a Venezuela en el 2014”, dice Arleys Sánchez.

Tras un prolífico paso por ese país suramericano se trazó nuevas metas, experimentó la decepción y, lo más importante, conoció el amor.

“Soy de los que piensa que el que merece no pide. Pero, muchas veces uno no es un billete de 500 € para caerle bien a todo el mundo. Analizo mucho a los demás, hablo lo necesario, pero escucho mucho. Dicen que tengo un carácter fuerte, aunque yo creo que esa es mi mayor virtud y fortaleza. La atención cuando era jugador fue aceptable, pero luego de que terminó mi carrera dejó mucho que desear, insisto. Sin embargo, eso no me amilanó. Soy de los que gusta emanciparse por su propio esfuerzo y sacrificio.

“A inicios del 2016, al término de la misión, conozco a mi actual esposa que es italiana. Nos enamoramos, nos casamos y, luego de todo el proceso legal, vine con ella a vivir para acá (en Italia). Resido actualmente en la ciudad de Bérgamo. Aquí trabajo para una agencia de seguridad para eventos especiales y también soy entrenador de la Sociedad de Béisbol & Softbol Bérgamo Walls”, expresa.

Una vez en Europa, jamás se desvinculó de la pelota. El chance de lanzar de nuevo fue como si le llegara el alma al cuerpo. Estaba feliz.

“La oportunidad llegó por medio de un amigo italiano llamado Fabrizio Maretti, -jocosamente yo le digo General Manager-. Él conoce mucho cómo se mueven los mercados del béisbol de primer nivel en Italia. Me preguntó en el 2019 si quería jugar la Serie A2 (segunda división italiana). Le respondí que sí y llegamos a un acuerdo con los Atléticos de Bologna junto a un alumno mío, también lanzador. Fuimos de gran ayuda para el equipo y pudimos clasificar hacia los play-off de ese propio año.

“Esa fue una experiencia muy positiva. Aquello devino en algo muy emocionante y reconfortante para mí. Después de ocho años sin lanzar pude subirme nuevamente en la lomita de los suspiros y, a pesar de no estar al 100, pude aportar triunfos y juegos salvados gracias a la actitud y la experiencia”, recuerda.

Según Arleys Sánchez, la liga italiana resulta bastante particular y diversa, comparado con el contexto cubano, “pero el nivel no está mal, esta puede ser una opción para los jugadores cubanos, aunque aquí la prioridad son los players nacionales. Por equipos solo encuentras tres o cinco extranjeros en el róster”.

Cuba en la distancia

Emigrar, dejar atrás a los seres queridos, los amigos, la historia, significa un reto para cualquier persona. Arleys así lo asumió y llegado a este punto reconoce que, para ser completamente feliz, necesita tener cerca a su hija mayor y su mamá. “Me hacen muchísima falta, pero todo en la vida tiene solución”.

“En Cuba me sentía bien. A pesar de que ya no podía jugar béisbol a un determinado nivel, en el momento en que decidí establecer mi residencia en Italia no estaba tan mal allá. Soy de los que piensa que la felicidad la decide uno mismo. Con mi familia cerca me sentía invencible, el resto de las cosas, unas más y otras menos, pero lo básico siempre lo tuve”, dice.

“Adaptarme a un nuevo país no fue complicado, a pesar de las costumbres diversas, el clima, la burocracia. Este país siempre acaparó mi atención desde niño y sabía que más tarde o más temprano me tocaría visitarlo. Hoy en día soy residente y he construido mi vida y una familia aquí. Aún quedan muchas metas por cumplir. Con el favor de Dios y lo que me protege, sé que lo lograré. Me considero un tipo emprendedor que nunca se da por vencido”, afirma.

“Lo primero es encaminar en la vida a mis tres hijas para que sean mujeres profesionales y valiosas. El otro objetivo es ser mánager de un equipo de la serie A aquí en Italia, me estoy preparando para el reto. Eso viene en camino”, confiesa.

 Aunque la pandemia de Covid-19 le priva de visitar su país, Arleys Sánchez no olvida su tierra, la lleva dentro y vive orgulloso de poder llamarse cubano.

“Donde quiera que voy lo dejo plasmado y bien claro. A mi país lo veo siempre con los ojos llenos de amor. Las palabras de Cristóbal Colón ahora las entiendo más que nunca: Esa es la tierra más hermosa que ojos humanos han visto”, concluye.

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