El anhelado camino hacia un equilibrio entre cuerpo, mente y alma se encuentra, según sus practicantes, en la capoeira, una danza singular, pues consiste en una pelea.

Simplesmente capoeira es una suerte de circuito que abarca en la actualidad países como Estados Unidos, Alemania, México, Holanda, y muchos otros. En Cuba, Mauro Dos Santos, quien lleva 17 años de su vida dedicados a este arte marcial, es el profesor que dirige el grupo desde hace dos años.

Dos Santos es de padre brasileño, pero nació en Angola porque su madre es de esa nación africana: tiene en sus venas la sangre del origen de este arte marcial, y también de su resurgir.

“Siempre he dicho que la capoeira se embaraza en África y nace en Brasil”, dice el profesor con absoluta certeza, pues fueron precisamente los esclavos africanos trasladados a América del Sur quienes la desarrollaron y expandieron.

Para ejecutarla se abre un círculo, donde se enfrentan dos personas, sin distinción de género o edad, fingiendo que lanzan y esquivan los golpes de la lucha. Todo ocurre bajo la melodía de los birimbaos, instrumentos de confección manual, que acompañados de tumbadoras y panderetas, incluso llegan a contagiar a los curiosos más allá de la circunferencia humana con sus pegajosos ritmos autóctonos brasileños y cánticos en portugués.

La palabra capoeira tiene varios significados. Uno de ellos describe una zona de bosque o jungla que ha sido despejada. Otro se asocia a un término utilizado en el Congo que significa revolotear y forcejear, el cual es empleado, en particular, para describir los movimientos de un gallo durante una pelea.

Capoeira en Cuba. Foto: Hansel Leyva

Llegó al Brasil en la época del comercio de esclavos, y estos las practicaron por décadas, a pesar de que sus dueños trataron de suprimirla. En la década de 1930, Manuel Dos Reis Machado, conocido en los círculos de este arte como Mestre Bimba, abrió una academia dedicada a su enseñanza. Como todavía era ilegal, tuvo cuidado de preservar el secreto.

En 1937, al recibir la aprobación del presidente brasileño Getúlio Vargas, la capoeira se convirtió en deporte nacional, al grado de que hoy existen en ese país unos dos millones y medio de practicantes y su aprendizaje se realiza en escuelas, universidades, academias militares y muchas otras instituciones públicas.

En Cuba, Mauro ha encontrado un hogar, y ahora intenta que crezca la popularidad de esta pasión suya. “Llegué a Cuba como turista y me enamoré de esta Isla. Busqué una excusa para quedarme y la encontré rápido en Simplesmente capoeira, donde hallé una familia”, afirma.

“Este arte engloba muchas cosas. Quien busca baile, danza y música, los encuentra. También tiene marcialidad, coordinación. Después de la natación la capoeira está considerado el deporte más completo”, destaca.

Esta práctica significó rebeldía para los esclavos, hace muchos años, ¿qué relación puede tener con Cuba?

Somos pueblos con mucho en común en cuanto a historia y matrices. La transculturación la notamos, en el caso de Cuba, con la rumba por ejemplo, que tiene sus raíces en África. Con la capoeira pasa exactamente lo mismo.

Hubo una época que para los señores esta práctica se convirtió en un problema, pero Mestre Bimba quebró esa matriz. En aquellos tiempos surgieron muchas confusiones, pero Bimba, el creador de la denominada capoeira regional, estaba dando clases a los blancos para que sencillamente se enamoraran de este arte.

¿Hay alguna edad para practicar la capoeira?

Desde que el niño comienza a desarrollar la capacidad de concentración y aprendizaje, ya se puede practicar. No hay una edad específica. Además, muchas personas longevas lo practican, porque no tiene edad. Lo principal es el entusiasmo, las demás condiciones físicas se forman aquí.

¿Por qué es tan poco difundida en los medios?

Porque necesita ser consolidada. No es como otras artes marciales que tienen una fundación y un único sistema. En nuestro caso, cada grupo crea una ideología, por lo que resulta complicado tratar de unir ciertos fundamentos. Para un Mestre algo puede tener un significado y para otro lo contrario. Es muy libre y al existir tantos estilos, no está encadenada en una sola forma.

¿Existe algún evento o competencia donde pueden participar?

Sí, de hecho un capoeirista cubano conocido como Nego en el mundo de esta arte marcial, y que fuera mi profesor tiempo atrás, ganó la competencia europea en Polonia y además obtuvo segundo lugar en Madrid, en una competición a la cual van representantes de todas las naciones del mundo. Para el próximo año tengo una invitación para competir allí en España, evento para el cual me estoy preparando.

¿Es difícil construir los instrumentos?

Nosotros somos los artesanos, por así decirlo. Los birimbaos originalmente salen de una madera que no hay en Cuba, pero acá tenemos la planta de la guayaba que es igual de flexible y consistente, o si no la rama de pino. La cuerda es una sola, y se usa un alambre de goma de carro y lo redondo es una calabaza, pero la cubana no es como la de Brasil, así que utilizamos la güira.

La capoeira crece en Cuba

A Mauro y un grupo de practicantes, se les puede encontrar, lunes, miércoles y viernes, entre las 7 y las 9 de la noche, en el Taller Príncipe, entidad comunitaria de formación integral ubicada en Zapata entre Basarrate y Masón, municipio Plaza de la Revolución.

Además, se les ve todos los sábados en la Plaza Vieja, en la parte más antigua de La Habana. A veces, se presentan en la popular Fábrica de Arte, o a cualquier otra entidad cultural que los invite.

Hoy, la noche sorprende al visitante entre canciones y movimientos sobre el poroso suelo de asfalto, mientras observa a los practicantes. Una de ellos es Magyini Alejandra Reyes, quien viaja tres veces por semana desde Guanabacoa, el municipio donde reside, hasta la sede de Simplesmente capoeira.

“Es divertido venir aquí, porque no solo combatimos, también bailamos y cantamos, además no hay distinción de géneros: hombre y mujeres la practicamos juntos”, afirma la joven estudiante de Ciencias Alimentarias.

Capoeira en Cuba. Foto: Hansel Leyva

Héctor Alejandro López también se siente atraído por esta práctica. Inicio en la capoeira porque le sorprende mucho el equilibrio que consigue con este deporte: “Aquí se danza, se aprende portugués, cultura brasileña, música. Además, este es un arte marcial que se rige por unos principios extraordinarios. A la hora de combatir se trata de una conversación, donde uno habla y el otro decide si responde y cómo lo hace.

“A mí particularmente me cambió la vida, porque descubrí que tengo una enorme flexibilidad, algo que nunca había explotado, y lo más importante es que va conmigo a todas partes. Estudio pedagogía, la especialidad de Educación Especial, y todo lo que me dan en la universidad lo asocio con la capoeira. Incluso más allá de las clases, si estoy limpiando o haciendo alguna otra tarea doméstica, cada movimiento lo relaciono. De hecho hasta a la hora de expresarme o caminar por la calle siento que llevo elementos de este arte conmigo”, dice.

Para Elián Rodríguez Benítez este arte es una forma de superación. Tiene 46 años y la ausencia de una parte de su brazo derecho, malformación que tiene desde su nacimiento, no le ha impedido practicar esa danza.

“Llevo 3 años y medio en este deporte y lo que más me llamó la atención fue la alegría con que se hacen los movimientos. Es una buena manera de olvidar los problemas y despejar la mente. Quizás sea porque toda la atención debe estar centrada en esquivar los ataques de la pareja, porque te pueden dar un golpe –sonríe con picardía–, y además el mismo ritmo de la música te lleva hasta un sitio libre de dificultades.

“Pero tal vez lo más importante es cuando me voy de aquí, pues se fortalecen valores como la solidaridad, el colectivismo. Te llevas muchas lecciones de ética que probablemente en la casa no las vas a adquirir, y menos en la calle. En mi caso puntual, que tengo una discapacidad, me prepara sobremanera desde lo físico, porque trabaja cada parte del cuerpo”, dice.

Capoeira en Cuba. Foto: Hansel Leyva

La capoeira, aunque nos parezca atípica o foránea, termina invitándonos por lo menos a seguir con movimientos leves los ritmos desde fuera del círculo, y hasta parece fácil entrar en él.

Descubrir en La Habana esa porción de la historia africana devenida brasileña, nos recuerda la diversidad cultural que nutre a esta urbe enriquecida también por elementos extranjeros, lo cual es también una muestra de libertad y equilibrio, como la capoeira misma proclama en sus concepciones.