Desde cualquier rincón de Cuba llegan peloteros de todas las categorías a comprar sus bates de béisbol milagrosos, famosos por su poco peso, durabilidad y acabado impecable. Atletas como Yoandry Urguellés, Osmani Urrutia y Ariel Pestano, entre muchos otros, los han usado para jugar.

En las afueras de la ciudad de Pinar del Río, en un pequeño taller de carpintería, trabaja Claudio Roba, quien lleva casi la mitad de sus 56 años de vida confeccionando bates y otros artículos deportivos.

El licenciado en Cultura Física también estudia las ciencias de las maderas. Su currículo se enriquece con 19 premios de la Academia de Ciencias de Cuba y más de 20 innovaciones tecnológicas relacionadas con el deporte.

Play Off Magazine lo contactó vía telefónica para conocer un poco más de su historia.

“Tengo una ciencia aplicada a la construcción de bates, de ahí su durabilidad. Los sumerjo en agua con sal y yodo, y les hago perder las propiedades físicas y mecánicas de la madera. Después, se las recupero con ceniza caliente a 60 grados con contenidos de grasas al 10 por ciento, y de ahí su flexibilidad y elasticidad.

“Las fibras en la madera están formadas en tres posiciones: fibras convencionales, simetría total y fibras encontradas, y si esa posición no se le busca en el torno en su realización, este se parte con facilidad”, explica Roba sobre la resistencia de sus creaciones.

Con Roba se puede hablar por horas. Extrovertido, y pícaro, parece un personaje salido de un cuento de Onelio Jorge Cardoso.

Los bates que fabrica Claudio Roba. Foto: oncubamagazine.com

Los bates que fabrica Claudio Roba. Foto: oncubamagazine.com

“La madera hay que cortarla al quinto día de menguante. Eso no lo respeta nadie. Yo voy al campo, marco la que necesito y la corto ese día. Hay que dejar que los sistemas naturales de la savia del árbol estén abajo, de lo contrario ese bate se pierde fácil”, dice.

Sus bates pesan poco, lo cual facilita su manipulación en el cajón de bateo y aumenta la posibilidad de obtener un mejor rendimiento en el juego.

“La gente no conoce cómo sacarle el peso a la madera, pero eso es secreto y no se lo digo a nadie. Este año me trajeron unos bates de la industria deportiva para que los rebajara, y de 40 onzas los dejé en 32”, dice y sonríe.

Los suyos cuestan 20 cuc y son muy resistentes, mientras los usados en la Serie Nacional se compran en el extranjero a unos 180 cuc, y muchos se parten con facilidad. Roba lleva años en busca de un contrato con la Comisión Nacional de Béisbol, pero nada se ha concretado.

“En el año 2008 se llevaron unos de muestra para la Habana y le hicieron varias pruebas científicas. Me dieron una carta avalada donde dice que soportaron como media 22 800 impactos y se los dieron al equipo nacional que en esos días salía a competir al exterior.

“Después me encargaron los bates para la Serie Nacional y me contrataron por un año. Luego todo quedó en el aire otra vez sin darme explicaciones”, explica.

Claudio Roba tiene contrato con el Fondo de Bienes Culturales (FBC) para adquirir la madera y es capaz de hacer los 900 bates que necesitaría el campeonato doméstico —según la cantidad de impactos avalados en su carta certificada— en menos de tres meses de trabajo.

“Algunos piensan que 20 cuc es mucho dinero para mí, pero el 25 por ciento va para el FBC, otro 25 por ciento para los impuestos, el 10 por ciento para el banco, más un 5 por ciento de retención. A mí me queda el 35 por ciento. Eso sin contar la pintura, las serigrafías y el barniz. Si me dan los recursos y la materia prima, solo cobro 4 cuc por cada uno. Creo que es una propuesta digna”, afirma.

El famoso carpintero tiene planes que permitirían abaratar costos y aumentar su producción, en beneficio del deporte cubano.

“Serían mucho más baratos si me permitieran hacer una cooperativa no agropecuaria, porque de esa manera el Estado me garantizaría todo. Hace más de cuatro años que tengo hecho el plan para esa cooperativa, pero no se aprobó. Si se aprueba algún día, puedo incrementar la mano de obra, y se podrían hasta exportar.

“Estamos gastando dinero en esos bates caros por gusto, dinero que puede servir para comprar medicinas, o para otras cosas que el país necesita. La solución la tienen aquí mismo”, concluye Roba.