Muy probablemente, nadie del equipo Cuba que jugará el IV Clásico Mundial se sienta más cómodo en el Tokyo Dome de Japón que Frederich Cepeda. Esa fue su casa hasta hace dos años, cuando se despidió para siempre de los Gigantes de Yomiuri, novena del circuito profesional nipón en la que militó par de campañas.

El ya mítico 24 de las selecciones nacionales regresó ahora al templo beisbolero por excelencia de la capital japonesa, donde tal vez un grupo de aficionados no lo recuerden como un bateador extraclase, de talla mundial.

Sus números lo dejan mal parado, porque no promedió nunca por encima de 250 y en su última campaña eslabonó una espantosa cadena de 21 turnos sin conectar de jit. Pero justamente esos guarismos negativos son una motivación adicional para Cepeda, quien desea demostrar su verdadero linaje ofensivo.

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Cepeda en el primer encuentro frente a japón en el IV Clásico Mundial. FOTO: Ricardo López Hevia

«Yo tuve la mala fortuna de conectar jonrones en los primeros turnos que me sacaron de emergente. Los japoneses, en vez de darme la titularidad, pensaron entonces que era el hombre perfecto para salir del banco, pero en realidad no es tan sencillo ir a batear en turnos que, por lo general, siempre demandan una conexión sólida», me comentó Cepeda hace unos meses, rememorando su paso por el exigente sistema profesional asiático.

Lo cierto es que nunca pudo dar la talla, y para colmo de males, lesiones complejas lo alejaron de los diamantes tras la experiencia japonesa, dejándolo sin opciones de borrar esa imagen negativa. Y parecía que todo ese calvario nunca terminaría, pero Cepeda primero arriesgó a jugar sin el alta médica en la 56 Serie Nacional y después tuvo el valor de reconocer que debía parar en aras de alcanzar su mejor condición.

“Yo no quiero hablar ahora de lesiones, llevo meses respondiendo preguntas de eso. Ahora estamos en el Clásico y hay nuevas prioridades. Para mí es un gran honor estar de nuevo en el equipo Cuba, un premio a la constancia”, refirió Cepeda en intercambio exclusivo con Play Off.

El espirituano se plantó en el diamante de Tokio como uno de los 21 peloteros que han participado en todas las ediciones de los Clásicos, en su caso no como un mero espectador. Cepeda ha dejado una línea superior a 380/500/730 en cada una de sus incursiones, y siempre ha sido un madero clave.

“Desde que surgió, el Clásico ha sido la Olimpiada del béisbol y eh tenido la dicha de estar siempre con el Cuba, incluso ahora, cuando ya mucha gente no creía en mí. Pero con el favor de Dios he logrado integrar otra vez un equipo nacional y estoy listo para dar guerra en el terreno”, precisó el espirituano de 36 años.

Ya han pasado 11 largas campañas desde aquella corrida triunfal del plantel dirigido por Higinio Vélez que escaló hasta la final del primer Clásico, y Cepeda es el único sobreviviente que reside en el archipiélago con cualidades para mantenerse en la escuadra de las cuatro letras.

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Alfredo Despaigne junto a Frederich Cepeda. FOTO: Ricardo López Hevia

Durante todo este tiempo han pasado cientos de peloteros de aquí para allá y ningún equipo se ha parecido a otro. “Las épocas no son las mismas. Nosotros en el 2006 terminamos en segundo lugar, logramos una proeza que ahora es más difícil, aunque no imposible.

“Hemos visto cómo se han renovado las selecciones una y otra vez, en parte por el cambio generacional que ha dejado a algunos jugadores ya fuera del béisbol, y también por la salida de peloteros a otras ligas, sin la posibilidad de representar a Cuba”, argumenta Cepeda, quien no se atreve a seleccionar cuál de los tres equipos anteriores ha sido el mejor.

“En el primer Clásico obtuvimos el resultado más notable, pero eso no quiere decir que los conjuntos del 2009 y 2013 fueran inferiores en calidad. En la segunda participación presentamos un grupo sólido que hacía de todo, lo mismo daban jonrones que robaban bases, y ya hace cuatro años nos plantamos con un equipo de largo metraje.

“La diferencia entre esos dos equipos y el del 2006 está en que perdimos juegos claves contra Japón y Holanda que nos impidieron llegar a semifinales. Hace 11 años, cuando menos contaban con nosotros, ganamos los choques importantes con una generación que llevaba bastante tiempo unida y logrando resultados”, recuerda el único bateador ambidiestro que presenta el Cuba del 2017.

Tras poner sobre la mesa las herramientas principales de las anteriores novenas, Frederich Cepeda ve en la actual selección fortalezas puntuales, como la velocidad de la ofensiva o la experiencia de los lanzadores, las cuales deben explotar al máximo para avanzar a la segunda ronda.

Por modestia, jamás lo diría, pero el simple hecho de contar con él en la alineación ya es una fortaleza adicional que cualquier selección agradecería tener.

Por último, en unas palabras de cierre, pensamos que Cepeda podría anunciar alguna despedida, pero nos conectó una de sus habituales líneas: “He pasado por momentos difíciles, pero voy a seguir jugando béisbol, lo tengo decidido antes del Clásico. Es mi pasión, es vida, es mi deporte, es lo que quiero hacer”.