A menos de un mes del inicio de la Copa Mundial de la FIFA, Rusia 2018, recordamos un hecho histórico que relaciona a nuestro país con el evento deportivo más popular del mundo.

Sucede que en el Mundial de 1938 —el tercero de los mundiales— participó una selección cubana. De esta manera Cuba se convirtió en el primer equipo caribeño en participar en un Mundial de la FIFA. No es poca cosa.

Hasta 1974 no participó otro país caribeño en un mundial. Lo logró Haití, en la Copa de Alemania 1974. Luego alcanzarían boleto mundialista Jamaica (Francia’98) y Trinidad y Tobago (Alemania 2006).

La gran mayoría de los países de América del Sur le dieron la espalda al torneo de 1938 en protesta por la selección de una sede europea: Francia. De hecho, en el torneo participaron 15 selecciones, y 12 eran europeas. Por América participaron solo Brasil y Cuba, que debutaba entonces.

Todo el viento parecía soplar en contra de los cubanos que, para colmo, asistieron al evento con solo 16 jugadores —se permitían 20—. A pesar de todo, Cuba fue la sorpresa del Mundial 1938.

Siete mil aficionados asistieron el 5 de junio de 1938 al Stade de Chapou, en Toulouse, para ver el debut del aparentemente débil equipo cubano. Al frente estaba Rumania, una selección de mucha más historia.

Las cosas empezaron mal. Al minuto 35 Rumania anotó el primer gol del partido por intermedio de Silviu Bindea. Pero Cuba reaccionó rápido y cinco minutos más tarde Héctor Socorro anotó el empate.

El segundo tiempo fue una tormenta hasta que se consumó la sorpresa del minuto 87: Cuba anotaba su segundo gol, a la cuenta de Tomás Fernández y ponía pies y medio en cuartos de final —el de Francia fue el último de los mundiales que se jugaba a partido único, había que ganar o ganar.

Sin embargo, duró poco el gozo. El rumano Iuliu Baratky anotó el 2-2 y hubo que ir al tiempo extra.

Al minuto 105 Rumanía puso el 3-2 en el marcador gracias al gol de Stefan Dobay. Todo parecía perdido cuando, a poco del final, Juan Tuñaz volvió a empatar el marcador. Era el tercer gol de Cuba en su debut mundialista. Todo un suceso.

Varios días después, Cuba y Rumania jugaron el partido de desempate —sí, así era el sistema de competencias entonces—. Stefan Dobay puso delante a los rumanos, pero los cubanos no bajaron los brazos. En apenas cinco minutos de juego Héctor Socorro y Carlos Oliveira marcaron los dos goles de la victoria cubana.

Y hasta ahí llegó la historia gloriosa, porque los suecos apabullaron a Cuba el 12 de junio en el estadio de Fort Carré, de la ciudad de Antibes con marcador 8-0. Los cubanos eran inferiores a los suecos, cierto, pero también estaban notablemente más cansados y tenían menos jugadores de recambio.

La selección, dirigida por José Tapia, hizo más de lo que se esperaba. Los cubanos quedaron en la mitad superior de la tabla con tres puntos y tres partidos disputados —una victoria, un empate y una derrota—. Por detrás quedaron equipos de más caché como Francia (la sede), Rumania, Alemania, entre otros.

¿Volverá Cuba a una Copa Mundial de Fútbol? Si vuelve, ¿podrá repetir la sorpresa de 1938? La esperanza es lo último que se pierde.