Darío Suárez comenzó su andar por el fútbol minutos después de recibir un pelotazo en un partido de béisbol. Bendita fue, sin embargo, aquella pelota incrustada de manera fortuita en su frente cuando apenas tenía seis años, porque ese episodio fue la antesala de los goles y maravillas que le llevaron a una liga profesional, lejos de Cuba, a cumplir su sueño.

“Fue una situación muy rápida, pero a la vez trascendental en mi vida. Recuerdo como los padres del equipo de fútbol que se encontraba entrenando justo en el terreno de al lado me socorrieron con hielo, cuando el entrenador Dagoberto Lara se me acercó, me preguntó qué hacía jugando pelota, y me dijo que me acercara a vivir la pasión que representa el fútbol”, cuenta.

Fue este el chispazo necesario para la eclosión de Darío, con un talento afinado en las canchas deterioradas de Cuba y perfeccionado bajo los focos y la parafernalia mediática del deporte en Estados Unidos. Porque al hablar sobre su carrera, deben tenerse en cuenta dos etapas: su paso fulgurante por las selecciones y ligas nacionales, y su posterior período en Miami.

“Comencé a destacar en las provinciales con el Cerro, y pasé por la pirámide hasta que fui llamado al equipo nacional sub-20. Ahí me di cuenta de que podía llegar a donde me propusiera. Viví momentos de gran rendimiento hasta que una sanción de un año por faltar justificadamente (enfermó de dengue) a un partido del campeonato nacional, provocó que no me permitieran ir a los Juegos Panamericanos de Guadalajara faltando solo 20 días y cortó mi desarrollo e inclusión en la categoría sub 23, la cual ya me había ganado aún siendo sub 20. Fue el momento más frustrante de mi carrera”, recuerda.

Darío Suárez es un joven talento del fútbol cubano que compite como profesional en Estados Unidos

¿Cuál fue la causa específica de dicha sanción?

Sancionaron a siete jugadores por el partido de vuelta Habana-Camagüey, en los play off del 2011. Nuestro técnico, Francisco Rodríguez, se encargó de llevar a los jugadores que faltaron hasta la misma Comisión Nacional, la cual cedió, e incluyó a personas inocentes en su afán de dar un ejemplo, como estilan a la hora de juzgar a los jugadores.

Natural de La Habana, el jugador de 27 años milita actualmente en el Miami FC de la joven NISA (National Independent Soccer Association), una tercera división del fútbol estadounidense, en la cual comparte vestuario con otro talento nacido en la Isla, el espirituano Ariel Martínez.

“Del fútbol cubano me queda el sacrificio que llevas en el día a día, desde que te decides por este deporte, incluso cuando tienes todo en contra y la gente que te rodea te dice que para qué juegas, que los cubanos son malos futbolistas y todo lo demás. El apoyo que recibo de todos en Cuba ahora es incomparable: eso sin dudas es lo mejor y representa un impulso invaluable para continuar”, dice.

¿Por qué decidiste abandonar la selección en aquella Copa de Oro del 2015?

Luego de hacer buenas temporadas como capitán de La Habana, me llevaron a la convocatoria de la selección para enfrentar al New York Cosmos. Jugué un gran partido y di la asistencia de nuestro único gol. Un mes después integré el equipo a la Copa de Oro y al acercarse la fecha, tomé la opción de decidir mi futuro sin que nadie más me tronchara para ser un profesional. Ese era mi sueño y fue la única vía que tuve para cumplirlo. Sucedió después del segundo partido, en un Walmart. Recuerdo nítidamente mis nervios, pero un gran amigo me recogió y gracias a Dios todo salió bien.

¿Fue difícil la adaptación a una liga y a un país distintos?

Los primeros años fueron de aprendizaje puro, cometí muchos errores y dejé escapar contratos por no saber cómo funcionaba el fútbol en Estados Unidos. Tuve que trabajar en lo que apareciera para sobrevivir, pero nunca me rendí. Seguí luchando por mi sueño hasta conseguirlo.

¿Cuán distintos son el fútbol cubano y el estadounidense?

La diferencia es grande y el cambio que más notas es en el ritmo del juego. Los partidos en Cuba tienen menos intensidad, los entrenamientos son más fuertes en volumen aeróbico, y por eso a veces los jugadores suelen tener contracciones musculares en los partidos internacionales. Esto no quiere decir que estén fuera de forma o mal físicamente, solo que no están habituados a jugar a ese nivel. Mis mejores preparaciones físicas las tuve en Cuba, incluso por un margen descomunal.

Contrario a lo que creen muchos, los entrenadores allá son muy conocedores y grandes en su profesión. En comparación con lo que he visto en Estados Unidos, no tienen nada que envidiarles a los de acá, simplemente les choca la inexperiencia. En un año tienen tres o cuatro partidos de nivel alto y aquí un coach enfrenta un reto distinto cada fin de semana.

Darío Suárez atraviesa un buen momento en su trayectoria futbolística.

¿Cómo ves el fútbol cubano desde la distancia?

Con mucha tristeza. Cada día se pierden más generaciones de jugadores por leyes y trabas que se han heredado de antiguos problemas y conflictos, pero que al final del día terminan afectando a jóvenes con sueños e ilusiones. Los cambios en nuestro fútbol han tardado demasiado y desgraciadamente la carrera de un futbolista es muy corta, no podemos esperar en cámara lenta.

¿Es difícil la vida de un jugador en Cuba?

Es de puros contratiempos y sacrificios constantes. Desde niño, sufres las carencias materiales, de balones y otros implementos necesarios para entrenar. Además, te enfrentas a canchas en condiciones terribles, campeonatos nacionales mal planificados en la logística y pocos recursos para viajes y hospedaje.

Recuerdo que en más de una ocasión no fue a recogernos la guagua y debimos vagar por las provincias orientales durante varios días, o viajar 20 horas y llegar directamente al terreno y jugar el partido. Pese a todo esto, sabiendo que el fútbol en Cuba es complicado desde muchos puntos de vista, lo disfruté al máximo y traté de sacar lo mejor siempre.

En la actualidad, el “Súper Darío” -como le llaman- atraviesa un buen momento en su trayectoria futbolística: “En este minuto me siento en plenitud en mi carrera. Creo que estoy jugando a un buen nivel, con un poco de sangre joven y experiencia acumulada, pero siempre tratando de dar una mejor versión de mí cada día”, concluye.

Tras la coraza del talentoso delantero está el carácter afable de un joven que debió renunciar a mucho para alcanzar sus metas, y al cual aún le sigue martillando en su cabeza un sueño por cumplir: “Me gustaría seguir escalando en mi carrera y volver a representar los colores de mi Cuba querida en una selección sin fronteras, todos juntos”.