Harto conocida es la pasión que el deporte despierta en esta Isla, donde durante el último medio siglo la práctica de la actividad fue institucionalizada, de forma tal que, más que una acción de ocio o esparcimiento, pasó a constituir un derecho inalienable de cada uno de sus habitantes. La eficacia del modelo de gestión y práctica instrumentado fue incuestionable por muchos años.

Cuba, un país pequeño, logró posicionarse en la élite de muchas disciplinas antes exclusivas de países de un elevado desarrollo socioeconómico, y su sistema deportivo, basado en la masividad, determinada por el principio de que el desarrollo del deporte es un derecho del pueblo, mostró ser uno de los más integrales y mejor concebidos a nivel global. Su índice de campeones olímpicos, mundiales y regionales, en proporción con la cantidad de habitantes, así lo constatan.

Sin embargo, no es secreto para nadie que en los últimos años la situación ha cambiado y la mayor evidencia es que los resultados en las competiciones internacionales distan de aquellos que hacían transpirar orgullo a todos los cubanos amantes del deporte.

[quotes quotes_style=”bpull” quotes_pos=”right”]La principal causa o determinante de esto, para muchos, es de índole económica.[/quotes]

La desintegración del campo socialista y el desplome soviético, durante los últimos años de la década de los ochenta y primeros de los noventa, se tradujo para el país en una considerable crisis, que aún no termina, y que impuso la contracción y el reordenamiento de todas las esferas socioeconómicas, el deporte entre ellas.

Pero, coincidentemente, los mejores resultados olímpicos de Cuba sucedieron en las citas enmarcadas en los peores años del llamado período especial: Barcelona 1992 y Atlanta 1996. Ello sugiere que la racionalidad económica no es la única condicionante de que el movimiento deportivo cubano hoy, cuando las condiciones son inobjetablemente mejores, carezca de resultados que enorgullezcan a sus seguidores.

Desarrollo del Béisbol

FOTO: Hansel Leyva

De hecho, la actualidad del deporte isleño, marcado por continuas deserciones y decepciones de atletas, algunos de los cuales, incluso, han renunciado a representar al país a nivel internacional –algo impensable antes-, ha instado a sugerir a muchos que el sistema deportivo cubano, tan efectivo durante muchos años, pasó sus mejores tiempos y es incoherente con las exigencias y condiciones del mundo contemporáneo.

Las aristas o problemas desde los que analizar la viabilidad y veracidad de tal afirmación pudieran ser muchos, desde complejos e integrales a simples y muy específicos.

Precisamente, en uno de estos últimos nos enfocaremos y es en el alto costo que representa para la economía familiar tener y mantener a uno de sus niños en la práctica organizada de alguna disciplina, y en cómo esto puede atentar contra la forja masiva de atletas y posibles campeones.

Una carga abrumadora…

Cada tarde la Ciudad Deportiva del Cerro acoge en sus terrenos a pequeños practicantes de disciplinas como béisbol y fútbol, quienes, acompañados por sus padres, entrenan con el objetivo de adquirir y perfeccionar las habilidades necesarias que les permitan integrar en el futuro el máximo nivel competitivo y, tal vez, satisfacer su ilusión de ser un deportista talentoso y un eventual campeón.

La universalidad del deporte permite que todo niño o niña con el interés de vincularse a la práctica organizada de alguna especialidad, y las condiciones y habilidades mínimas para ello, pueda hacerlo con independencia de sus condiciones económicas. En ese sentido, el practicante disfruta gratuitamente de las instalaciones destinadas a la práctica y de las enseñanzas del personal especializado que lo formará.

No obstante, producto de las carencias, actualmente las áreas deportivas regionales y municipales no disponen de los medios necesarios para facilitar una formación idónea y trabajar con los muchachos en las mejores condiciones.

Esto ha asentado una premisa para la práctica organizada y es que los padres, en muchas disciplinas y a casi todos los niveles, son los encargados de garantizar al pequeño los accesorios que necesita para la práctica; lo cual si bien es perfectamente entendible bajo una lógica económica elemental, donde uno debe garantizarse a sí mismo y su familia lo que necesita para su realización personal, genera un conflicto con la realidad socioeconómica del país, donde los ingresos mensuales de la mayor parte de las familias no se corresponde con sus necesidades básicas, y menos aún con otras secundarias o terciarias como la práctica de algún deporte.

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FOTO: Hanel Leyva

En la propia Ciudad Deportiva, Play Off pudo conversar con algunos padres de pequeños que entrenan en las categorías infantiles de béisbol del municipio Cerro (7-8 y 9-10 años).

Dariaska Martínez hace un año que cada tarde acompaña a su pequeño Diego a entrenar en la primera de estas categorías. Según nos comentó, desde que están abocados en esto, su familia ha corrido con todos los gastos del aprendizaje del niño, lo cual representa una gran carga económica sobre los hombros de la misma.

“Los padres debemos costear todos los accesorios para la práctica del niño”, -afirma Dariaska, quien además explicó que deben hacer frente incluso al costo del transporte que traslada a los niños a cada competencia.

“Lo único que no pagamos y corre por el INDER es el salario del profesor y la chapea del terreno”, aunque dijo tener conocimiento de que en otros lugares la familia también debe asumir esto último. De hecho, Yenisey Cartón, madre de Luis Alejandro, que entrena ahora en la categoría 9-10 del Cerro, pero previamente lo había hecho en Plaza, afirmó que en el vecino municipio los padres de los practicantes cargan incluso con la chapea del terreno de entrenamiento que, por demás, está en pésimas condiciones.

No obstante, sostuvo, a diferencia de los profesores de los niños de 7-8, los de la categoría de su hijo sí disponen de algunas pelotas y bates, pero no en cantidades suficientes.

Para ella, esta situación existente, de que los padres deban asumir tantos gastos, está mal, pues se trata del futuro del movimiento deportivo cubano, específicamente el béisbol, y no todas las personas tienen para costear lo necesario para la formación de los pequeños.

“Realmente es un sacrificio enorme y seguro la mayor parte de los padres lo hacen por la ilusión del niño, que puede ser un futuro campeón o es en el deporte donde radica la realización de su vida”, aseveró.

Pudiera pensarse que este problema se produce sólo con el deporte nacional, que a diferencia de otras disciplinas, como el fútbol o el atletismo, demanda muchos artículos y accesorios para su práctica. Pero resulta que, según algunos padres, esto no es exclusivo del béisbol y en muchas disciplinas es igual.

La propia Dariaska comentó que su hijo Diego estuvo antes en natación y “era lo mismo”.

“Tienes que comprar gafas, gorro, trusa, patas de rana para las sesiones en el estanque donde aprenden y ejercitan los movimientos, y aunque parezcan artículos sencillos en comparación con trajes, guantes, bates y pelotas, también cuestan bastante”, declaró.

En su opinión, incluso un deporte aparentemente sencillo, que no precisa de tantos accesorios, como el atletismo, requiere que dotes a tu niño de un par de tenis buenos que aguanten el entrenamiento, y esa condición de “bueno” los hace caros e inaccesibles para la mayor parte de las familias que basen su economía en sus ingresos “normales”.

Al comentar de estos temas, muchos padres coincidieron en que la familia que no tenga las condiciones materiales para mantener estos gastos, debe retirar al pequeño del deporte, o ubicarlo en la disciplina que le resulte más asequible económicamente, sea o no la de preferencia del infante.

Esto, objetivamente, puede contribuir a la pérdida de talentos de un deporte u otro, así como a la frustración del niño o niña, no siempre capacitados para comprender el porqué de estos desmanes.

Por suerte, tal y como contó Yenisey, la solidaridad del cubano no tiene límites. Se han visto casos de padres que se ayudan entre sí y juntan el dinero para que los muchachos provenientes de familias con menos posibilidades económicas adquieran los medios que necesitan de cara a alguna competición.

De igual forma, cuando algún niño repone alguno de sus artículos, el viejo lo regala a algún compañerito que necesita uno.

 La importancia de tener FE

Según los testimonios de los padres, la adquisición de los medios necesarios se pudiera ver afectada también, en muchos casos, sin lo que en la jerga callejera se ha dado en llamar tener FE. La expresión no alude al tradicional sentir espiritual o religioso de las personas, sino más bien a las siglas del sintagma familia en el extranjero.

Y es que, sin el aporte monetario de los parientes que viven extrafronteras o viajan frecuentemente, para muchos sería muy difícil mantener la práctica en las condiciones que todo pequeño, que no le gusta sentirse menos que nadie, quisiera o necesita.

El costo de cada accesorio para la práctica deportiva, en proporción con los ingresos salariales de la mayor parte de las familias, es realmente elevado y no todos pueden permitírselo.

Para que se tenga una idea: el salario medio en Cuba al cierre de 2014 fue de 584 pesos en moneda nacional, aproximadamente 23 CUC. Un guante de béisbol, uno de los accesorios más elementales, puede adquirirse en Revolico por precios entre los 15 y los 40 CUC en dependencia de si es usado o nuevo, las condiciones en que se mantiene y su tamaño. De igual forma, los tacos, para béisbol o fútbol, en pocas ocasiones puedenadquirirse en precios inferiores a los 25 CUC.

Como se ve, adquirir uno de estos artículos puede conllevar al sacrificio del salario íntegro, y más, de algunos de los miembros de la familia.

Uno pudiera pensar en por qué no acudir entonces a opciones más económicas, aun de menor calidad. Pero resulta que los Mercados Artesanales Industriales (MAI), plazas que suelen vender la producción mercantil que se comercializa en la red minorista en moneda nacional, pocas veces ofertan artículos deportivos en cantidades que respondan a la demanda.

La principal plaza de compra de los padres cuyos niños que están asociados a la práctica deportiva organizada, o lo hacen por afición, es la calle, y los artículos son abastecidos por personas que viajan con frecuencia, que los traen por encargo o para su expresa comercialización.

Asimismo, el sector cuentapropista y artesanal deviene en el otro proveedor mayoritario de las necesidades de artículos deportivos, mayormente textiles, aunque también de otras confecciones, como guantes de varias disciplinas y tenis.

Los trajes que los niños deben vestir durante las competiciones provienen de ese sector, cuyos precios oscilan, en dependencia de lo que incluyan, entre 20 y 40 CUC.

Dariaska y Yenisey concordaron en que los artículos de los artesanos, además de estar casi siempre disponibles, presentan una mejor calidad que las escasas ofertas de la producción estatal nacional. Sus precios, aunque elevados en proporción con el salario, son menores que los de los artículos traídos del exterior, los que a su vez son inferiores a los raramente comercializados en la red estatal de Tiendas recaudadoras de divisas.

Junto al resto de los familiares presentes en el entrenamiento, ambas madres afirmaron que si no se tiene FE o ingresos más allá del salario, la práctica deportiva de los infantes puede resultar muy difícil.

 La incertidumbre de un futuro mejor

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FOTO: Hansel Leyva

Aunque hablar de estos gastos no es un hecho que asombre, pues no difiere de muchos otros determinados por la realidad socioeconómica del país, sí constituye otra arista desde la que analizar la práctica en la base del sistema deportivo cubano, cuna de las mayores deficiencias del deporte hoy y una de las causas identificadas de la disminución de resultados internacionales.

Es cierto que esta carencia de artículos se ve más agravada en la base de la práctica masiva pero, precisamente, la masividad es el principio sobre el que ha estado basado el sistema deportivo cubano.

De perderse esta, difícilmente puedan hallarse talentos como los que tantas emociones dieron al pueblo cubano durante el último medio siglo.

Justo es reconocer que, a nivel nacional, el Estado invierte en la infraestructura necesaria para garantizar la celebración de los juegos escolares y el funcionamiento de los centros educativos especializados del deporte como las Escuelas de iniciación deportiva escolar y las Escuelas superiores de perfeccionamiento atlético, donde se concentra el talento y se trabaja individualmente con cada atleta para garantizar su llegada al alto rendimiento.

No obstante, en estos centros, según trascendió en los debates de la Comisiónde Salud y Deporte del ParlamentoCubano el pasado julio, la disponibilidad de instrumentos deportivos tampoco satisface la demanda, lo que atenta contra la calidad de la enseñanza y la práctica deportiva.

Meses atrás, Play Off tuvo la posibilidad de dialogar con Francisco Javier Navarro, director de Logística y Comercialización de la Empresa productora y comercializadora de artículos deportivos, conocida comúnmente como industria deportiva.

Sobre esta entidad, dado su encargo social, se supone que recaiga el deber de satisfacer la demanda de instrumentos y artículos para la práctica deportiva, desde la base hasta el alto rendimiento.

Sin embargo, tal y como Navarro comentó, en estos momentos la industria nacional no está en capacidad de posicionar su marca Batos en el mercado como en décadas anteriores, y su producción responde mayormente a las demandas de vestuarios y accesorios del alto nivel competitivo, y de las principales competiciones como los Juegos Escolares.

La industria deportiva ha sido uno de los sectores más afectados por el Período Especial, que provocó un descenso en su producción de 527 artículos a 86, fundamentalmente textiles, y la obsolescencia de su equipamiento técnico.

Asimismo, lo poco producido para el comercio minorista en moneda nacional se comercializaba hasta hace poco a precios no coherentes con la calidad de los productos ni con la disponibilidad económica de la familia cubana estándar. Por ello, tal y como reconoció Navarro, las producciones se estancaban en los MAI.

No obstante, el sector pretende resurgir a partir del venidero año, gracias a un cambio de subordinación que le permitirá tener más financiamiento e insertarse en todos los sectores del mercado, con el principio de la calidad orientada al cliente.

Quizás, si sus proyecciones logran materializarse, puedan satisfacer como entidad estatal los requerimientos de la práctica organizada a precios más asequibles que los del mercado informal. Para ello podrían establecer alianzas con artesanos y productores del sector cuentapropista, certificando sus producciones o facilitándoles a estos la adquisición de materias primas a precios que no impongan una carestía de las producciones.

Lo cierto es que, más allá de proyecciones, el costo económico que para las familias representa la práctica deportiva desde la base, de algunos de sus infantes, no tributa directamente a elevar la calidad del deporte, sino que más bien puede entorpecerlo.

Resulta entendible que el Estado no pueda ni tenga que abastecer a los practicantes con los medios que necesitan para realizar una actividad que pasa por el interés y la decisión personal. Sin embargo, al menos en las áreas de práctica organizada, donde se forman los futuros integrantes del alto rendimiento, que representarán al país en las competiciones internacionales, se debe velar porque los instructores dispongan de los medios mínimos indispensable.