La mañana del 20 de junio del 2012 amanecía con murmullos y comentarios entre los amantes del baloncesto cubano. Los rumores se transmitían de boca en boca sobre el abandono de la selección nacional por parte de 5 atletas que buscaban el sueño de llegar al profesionalismo. Entre los nombres estaba el avileño Enrique Ramos.

“Kike”, como lo llaman sus allegados, nació en el barrio de Benavides, en la capital de Ciego de Ávila y fue uno de esos cinco que dejaron la concentración del equipo cubano, la noche del 19 de junio en el Centrobasket con sede en San Juan, Puerto Rico.

Con mil ilusiones, dudas, incertidumbres y sin ninguna ropa más que la que llevaba puesta, el avileño dio un paso hacia adelante, una decisión que no tendría marcha atrás. Hoy, tras más de siete años de ausencia obligada, espera impaciente el momento de volver a Cuba nuevamente.

A finales de 2019 firmó con Los Leñadores de Durango, de la Liga Nacional de Baloncesto Profesional Mexicana, un club que ya contaba con dos cubanos en sus filas, para reunir así un trío de jugadores antillanos por primera vez en la institución.

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¿Cómo fueron tus inicios en el baloncesto?

Empecé en el baloncesto en la categoría 11-12 años, pero cuando iba a pasar para la EIDE mi mamá no quiso y continué estudiando en la secundaria. Cuando cumplí 15 años empecé a jugar escondido de mi madre y de la mano de Pambo, un entrenador avileño que ha descubierto un buen número de jugadores en Ciego y comencé a jugar juvenil.

Llegaste a la Liga Superior de Baloncesto en años donde los Búfalos Avileños ejercían su poderío en Cuba. ¿Cómo fue entrar a un equipo con esa constelación de estrellas?

Eran una dinastía, el mejor equipo de Cuba. Tenían jugadores como Geoffery Silvestre, el “Papa Haití”, Michael Guerra; incluso, una vez estuvo Andy Boffil de refuerzo en la escuadra y era impresionante jugar con esos hombres que tenían un nivel ya súper avanzado. En general, era una banda que daba miedo.

¿Con quién te codeaste por aquellos años?

Haití y Reynaldo Pauza que en paz descanse, fueron de los principales con quienes tuve que codearme porque estaban en mi posición. Me ayudaban un montón porque al entrenar con ellos todos los días tu nivel aumentaba.

El Centrobasket de Puerto Rico en 2012 marcó un antes y un después en tu carrera. El equipo cubano buscaba clasificar para el Premundial de las Américas y luego del primer choque frente a Bahamas abandonan el equipo cinco jugadores, entre ellos tú. ¿Qué ocurrió allí?

La verdad cuando llegamos al torneo ya tenía pensado quedarme, lo que decidimos hacerlo en el segundo juego porque se nos dio la oportunidad. No quiero entrar en detalles porque hubo mucha gente que nos ayudó y quizás esto lo afecte. Se me dio el chance en el segundo juego, pero nuestra idea era hacerlo al final lo que a veces tienes que tomar el primer carro.

Con la salida de ustedes peligraba la participación de Cuba en el Torneo pues se quedaban con siete jugadores, uno menos que el límite reglamentario. ¿Fue la mejor decisión?

Se supone que la selección cubana viajara con 15 jugadores, de hecho, todas las selecciones lo hacen. Los equipos tienen tres reservas y se inscriben 12 jugadores. Los tres están en caso de una lesión o cualquier otra cosa. Cuba ese año viajó con 12, no sabemos que hicieron con los otros tres pasajes porque tenían que llevar 3 reservas. Quizás no fue lo mejor en ese momento, pero había que tomar una decisión.

Estuviste desde 2012 hasta 2015 fuera del mapa del baloncesto por que no podías jugar en la Liga de Puerto Rico hasta que tus papeles estuvieran en regla. ¿Qué hiciste durante ese período?

De 2012 a 2015 estuve jugando en la Universidad Metropolitana UMET donde estudié y me gradué. Me dieron una beca deportiva con todo, allí me gradué en Educación en la especialidad de Recreación y estuve trabajando con un proyecto comunitario en los Residenciales de Puerto Rico. El proyecto estaba encaminado a fomentar la práctica de deportes en los barrios más complicados del país y, por cierto, el director de esa propuesta también era cubano.

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Enrique Ramos.

En 2015 te uniste a los Brujos de Guayama, de la Liga Profesional de Puerto Rico, lo cual fue tu debut como profesional y el regreso a las competiciones oficiales. ¿Cómo fue ese retorno?

Mi regreso no fue muy bueno, tuve una lesión en el hombro y luego dos en la rodilla en la siguiente temporada. Tuve que estar luchando contra varias lesiones por aquellos años. Estuve 3 años con los Brujos y luego fui cambiado a los Cariduros de Fajardo.

Este año tuviste un breve paso por República Dominicana y luego te incorporaste a Los Leñadores de Durango, en la Liga Nacional de Baloncesto Profesional de México. Te encontraste con dos compatriotas tuyos, los capitalinos Darol Hernández y Reynaldo García. ¿Cómo es la relación entre ustedes?

En Dominicana estuve con los Reales de La Vega, después que terminé me llamaron para Leñadores y me encontré con Darol y Reynaldo. Nosotros jugamos juntos cuando éramos juveniles. Aquel Capitalinos acababa con todo el mundo y tengo ese grato recuerdo. Siempre es bueno encontrarse con viejos amigos.

El mundillo del basket te ha dejado muchas amistades, entre ellas la de Ysmael Romero. Cuéntame un poco de esa hermandad

A Ysmael lo conozco desde los juveniles, en el primer año suyo, pues tenía como 16 o 17 años. Luego nos encontramos nuevamente en el equipo nacional y siempre tuvimos mucho respeto uno por el otro. Fuimos compañeros de cuarto e hicimos una amistad increíble hasta el día de hoy.

¿Qué representa para ti Puerto Rico?

Puerto Rico ha sido de lo más grande y lo mejor que me ha pasado. De todos los países en los que pude haberme quedado creo que fue la mejor decisión. Hay muy buenas personas, nos brindaron mucho cariño y nos ayudaron mucho al principio. Cuando hago énfasis es que nos ayudaron con “todo”, desde un par de medias, ropa, zapatos, cama, porque cuando uno se queda las cosas son muy difíciles. Hubo muchas personas que me ayudaron más directamente como las universidades que se portaron extremadamente bien conmigo. No tengo ningún tipo de quejas de Puerto Rico, pues es mi segunda casa.

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Sobre ti pesa una sanción de 8 años que no te permite volver a Cuba, que te mantiene alejado de tu familia en Ciego de Ávila. Hoy existen nuevas políticas con los deportistas y estos tienen más posibilidades de las que tuviste tú en tus años como atleta en la Mayor de las Antillas. ¿Hubiera cambiado Enrique su decisión de salir si este panorama hubiera sido el de tus años en la Isla?

No te voy a decir que quizás hubiera cambiado, pero si te digo que quizás no me quedaría en otra nación de manera ilegal, aunque yo no me visualizaba en Cuba viviendo toda mi vida. Ahora con los beneficios que ellos (los basquetbolistas cubanos actuales) tienen, hubiera hecho cosas diferentes, quizás casarme, que se yo. Estaría encantado de seguir representando a Cuba, pero las cosas son así.

Me alegro un montón por ellos, que estén pasando por una mejor situación y que tengan ese beneficio. Creo que por fin Cuba se dio cuenta de que tiene un talento grande en su tierra y lo están exportando al mundo. Estoy súper contento de ver a los cubanos en Europa y me da un orgullo inmenso.

De los muchachos de esta nueva generación, ¿quiénes te impresionan más?

Hay muchos jugadores cubanos muy buenos: Justiz, Jasiel, Howard, Yorman y así de los jóvenes que ahora mismo están subiendo creo que Rivero. Me encanta su forma de jugar, no desde ahora, lo veo desde que llegó a la selección nacional con 16 años creo, desde tan pequeño a probarse con hombres y ahí se veía que su nivel y explosividad eran demasiado. Me llena de satisfacción que esté en Europa, disputando la segunda mejor Liga del mundo.

¿Qué sueños te quedan por cumplir?

Tengo un solo sueño y es volver a casa. Quiero ver a mi familia, ellos son lo más grande y estos años sin verlos ha sido la parte más difícil. En cuanto al baloncesto, seguir jugando hasta que las rodillas den y luchar, que no hay de otra.

 ¿Y el sueño que no vas a poder cumplir?

El que no se me va a cumplir es llegar a la NBA, ya es un poco tarde para eso. Los procesos son muy complicados y más cuando eres un jugador extranjero. Espero sinceramente que pronto llegue ese cubano que toque la puerta del mejor baloncesto del mundo.