En Cuba, pocos pueden presumir de haber trabajado tanto por el desarrollo del béisbol como Máximo García, un octogenario ex lanzador zurdo que participó en la Liga Profesional Cubana con el equipo Cienfuegos, y en las ligas de Nicaragua y México.

Máximo fue de quienes decidieron quedarse en el país entrenando a las nuevas generaciones de atletas, una vez que se eliminó el profesionalismo en el país en 1961.

A pesar de su avanzada edad, se mantiene domingo tras domingo formando a jóvenes talentos, además de participar activamente en las reuniones del Consejo Nacional Martiano “Beisbol de Siempre”. Todo en función del bienestar de su principal amor: la pelota

Eterno impulsor del pasatiempo nacional, recibió a Play Off Magazine en su hogar, para compartir sus vivencias y opiniones sobre el estado actual de este deporte.

Hay un desconocimiento por parte de la afición sobre cómo se formaba un pelotero cubano antes de 1959 ¿Cómo fue su caso personal?

Nací en Matanzas y llegué a la Habana con 9 años. Comencé a jugar en el antiguo terreno de la Ruta 28 en el Cerro, pero empecé realmente en serio en el Instituto del Vedado, con 17. Allí también corría 110 metros con vallas en el atletismo y gané medalla de plata en una competencia nacional juvenil, cuando rompí el record de la categoría, con 16, 5 segundos.

Participé en varios campeonatos de béisbol Inter Institutos, hasta que, jugando en el estadio de la Tropical, Joe Cambria, scout de los Senadores de Washington, me firmó para ser profesional en 1955. Casi no puede jugar en esa temporada por el instituto porque la organización temía que otros me captaran antes, así que firmé inmediatamente. Tenía solo 17 años.

¿Con qué equipos se desempeñó?

Primero, con el equipo de Fresnillo y después pasé a Nuevo Laredo, ambas sucursales del Washington en la Liga Mexicana, con categoría AA. Jugué en 1959 en la Liga Invernal de Nicaragua con el equipo Oriental, y lancé cuatro partidos en la final de manera consecutiva contra los Indios del Boer.

En Cuba, primero estuve en la reserva del Almendares, pero solo participé en la última temporada profesional con el Cienfuegos. Allí compartí staff con dos fenómenos del montículo como Camilo Pascual y Pedro Ramos, a quien tuve el honor de relevar en mi debut. Ese año quedamos campeones, pero participamos en la Serie del Caribe porque Venezuela había roto relaciones con nuestro país.

En 1963 firmé con los Piratas de Campeche hasta mi retiro en 1966. En el año final de mi carrera apenas lancé, porque el center field Luis Zayas se lesionó y como siempre fui buen bateador, lo sustituí. Cuando se recuperó me mantuvieron en primera base porque así aportaba más, y terminé de segundo de los bateadores y líder en bases robadas. Con los Piratas tuve mis mejores resultados y fue donde más cómodo me sentí.

¿Cómo describiría el nivel del béisbol profesional en Cuba?

Era el mejor en toda América Latina, sin duda alguna. No solo fundamos las Series del Caribe, sino que los cuatro equipos de la liga profesional, Habana, Almendares, Marianao y Cienfuegos, la ganaron en su momento.

Lo que se ha escrito acerca de su calidad no es mentira. Doy fe, porque desafortunadamente jugué mucho más en las ligas caribeñas que en mi país.

Reconocimiento otorgado a Máximo García por los Piratas de Campeche. Foto: Marcel Villa.

Reconocimiento otorgado a Máximo García por los Piratas de Campeche. Foto: Marcel Villa.

En 1961 se disuelve la Liga Cubana de Béisbol profesional ¿Cómo fue para usted ese proceso de desaparición del profesionalismo?

En mi caso personal no me preocupó. El presidente del INDER, Llanusa, se reunió con un grupo de nosotros y nos preguntó si estábamos interesados en ayudar a la pelota nacional. No lo pensé mucho y di el paso al frente. Tengo el orgullo de ser entrenador fundador de la I Serie Nacional con el equipo Azucareros.

¿Cómo fue su trayectoria como atleta y entrenador después de 1961?

En verano jugaba en México y en invierno trabajaba como entrenador en Cuba. Regresaba a apoyar donde quiera que me ubicaran, fundamentalmente a las selecciones nacionales. Fue así hasta mi última temporada con Campeche. En ningún momento me sentí mal por esa situación. He seguido trabajando y lo haré hasta el día en que muera.

Después del retiro he tenido muchas experiencias lindas como entrenador. Asesoré a las selecciones de Cuba que participaron en el tope contra los Orioles y en dos primeros Clásicos Mundiales. Pero mi pasión ha sido ayudar a los niños.

¿Qué importancia tiene esta labor con los pequeños?

Si preparas bien a un niño, cuando llegue al primer nivel no tendrá problemas. Por eso, los domingos me iba para “El Bosque”. Ahora estoy en otro terreno que pertenece al MININT, en el municipio de Playa.

Mis niños tienen que ser martianos y comportarse dentro y fuera del terreno. Si uno saca malas notas en la escuela no puede jugar. También los enseño a expresarse correctamente. Por ejemplo, quien le diga “asere” a otro, tiene que hacer diez cuclillas.

Una vez, uno dijo una mala palabra, pero no vi quién fue. Pregunté y alguien lo señaló. Entonces, le mandé 10 planchas al de la mala palabra y 15 al otro por delatar a su compañero.

Jamás he cobrado un solo centavo por esta labor y llevo más de cincuenta haciéndolo, por pura conciencia y amor al béisbol y Cuba.

A sus más de 80 años Máximo Garía sigue entrenando a futuros peloteros. Foto: Marcel Villa.

A sus más de 80 años Máximo Garía sigue entrenando a futuros peloteros. Foto: Marcel Villa.

¿Cómo valora la pelota cubana?

Todavía mantenemos un buen nivel. Veo los partidos internacionales en la televisión y nuestros atletas no son muy distintos a los venezolanos, dominicanos o de cualquier otro país. Pese a todo mantenemos una calidad extrema, como muestran los muchachos que están en Grandes Ligas.

Pero también los entrenadores deben incidir más en todos los aspectos; educarlos dentro y fuera del terreno; enseñarles a correr duro, aunque conecten un rolling; trabajar con los lanzadores en el área del control y que comprendan que es el arma más importante. Cuando estaba activo nunca dejé de estudiar a los contrarios, y ahora veo que los deportistas no lo hacen.

Si tuviera poder de decisión en el destino del béisbol en el país, ¿le gustaría cambiar algo?

Quisiera una liga como el torneo sub 23, pero sin límite de edad, que funcionara paralela a la Serie Nacional. Así se podría bajar y subir atletas durante el campeonato y fomentar la motivación de rendir bien para llegar al equipo principal. Además, quienes no estén listos para cambiar de categoría se mantendrían jugando, algo vital para su desarrollo, en vez de estar sentados en el banco, o peor aún, entrenando en una reserva, o simplemente sentados en sus casas.

En mi caso este sistema fue clave, porque pasé varios años formándome en las sucursales y cuando me tocó el turno de cambiar de nivel estaba listo.

¿Le gustaría ver un equipo Cuba unificado en un Clásico Mundial de béisbol?

¡Cómo no! Quien quiera ayudar y participar por el bien de nuestro deporte nacional debe tener la posibilidad de hacerlo. En definitiva, esos muchachos que juegan en las Grandes Ligas son cubanos, no chinos.