Jerry Crasnick |ESPN

Primero, Jonathan Lucroy intentó hacer su venta. Y entonces dio su golpe final.

Durante el pasado Juego de Estrellas en San Diego, Lucroy vio al ejecutivo de MLB Joe Torre y al manager del equipo de Estados Unidos en el Clásico Mundial de Béisbol Jim Leyland en un pasillo en las afueras del camerino del Petco Park y abogó por un puesto en el roster del Clásico para el 2017. Su súplica fue tan sutil como un batazo de foul contra la copa protectora.

“Fírmenme para el WBC ahora”, le dijo Lucroy a Torre y Leyland. “Yo quiero jugar. Cuenten conmigo. Si necesita un receptor, estoy ahí”.

Ocho meses después, la estación de trabajo de Lucroy en el camerino de los Vigilantes de Texas está repleta de equipo de trabajo con colores combinados. Saca un par de zapatillas pintadas de rojo, blanco y azul de su casillero, y luego abre una caja para sacar un peto protector con colores patrióticos.

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Jonathan Lucroy muestra el equipo de receptor que utilizará con la escuadra de EEUU en el Clásico Mundial de Béisbol. FOTO: Jerry Crasnick/ESPN

Vamos con todo por el cetro”, dijo. “Esto es algo serio. No es una broma”.

A medida que el equipo de Estados Unidos busca enmendar su decepcionante historial en el WBC, de forma inevitable la conversación gira en torno a los jugadores que eligieron no participar del evento. Bryce Harper y Mookie Betts están en sus respectivos campos de entrenamiento, y Mike Trout sigue sopeando su posible participación en el 2021. Y Clayton Kershaw, Chris Sale, Madison Bumgarner y Noah Syndergaard están entre los lanzadores abridores que decidieron rechazar la invitación.

Entre las ausencias y la apatía, los jugadores que sí firmaron para el Clásico quieren que todo el mundo sepa lo apasionados que son. El jardinero de los Marlins de Miami Christian Yelich no se sintió motivado por el equipo gratuito – aunque el bate azul que la empresa Louisville Slugger fue un beneficio marginal agradable.

“Hay mucha pasión y orgullo en juego”, dijo Yelich. “Pienso que todo el mundo está emocionado. Nadie tiene que hacer esto. Nadie está forzado a jugar en este evento. Todo el mundo está aquí porque quiere y emocionado por representar a su país”.

Los participantes del equipo de Estados Unidos  están bien conscientes que los equipos estadounidenses no han podido ganar una medalla desde el primer torneo del WBC en 2006.

Durante la pasada edición, la escuadra fue criticada por aparentar emocionalmente desconectada del evento en varias ocasiones. Mientras los jugadores de República Dominicana ondeaban banderas y celebraban en camino al plato al anotar cada carrera, el jugador del cuadro Willie Bloomquist dijo que su padre lo habría sacado del terreno si se hubiese comportado de esa forma.

La ambivalencia de algunos jugadores nacidos en Estados Unidos refleja las señales mixtas que ellos reciben de los fanáticos en sus respectivas ciudades. Es duro para el público deportivo norteamericano emocionarse por el WBC cuando el resto del país está preocupado por llenar sus llaves para el torneo de baloncesto universitario conocido como la Locura de Marzo.

“La retroalimentación que he recibido en Twitter es, ‘No te lastimes ahí”’, dijo el torpedero de los Gigantes de San Francisco Brandon Crawford. “Nuestros fanáticos apoyan a los Gigantes. Elos quieren asegurarse que yo voy a estar saludable para los Gigantes, y a ellos no les importa mucho el Clasico Mundial”/

De forma predecible, los jugadores están escuchando a sus cuerpos en los entrenamientos y cambiando de curso si surgen lesiones. El jugador del cuadro de los Cardenales de San Luis Matt Carpenter se salió del evento la semana pasada por molestias en la espalda y fue reemplazado en el roster de Estados Unidos por Josh Harrison de Pittsburgh.

“Esta es nuestra carrera, nuestro trabajo”, dijo el relevista de los Astros Luke Gregerson. “Es lo que paga nuestras cuentas. Al final del día, cuando juegas en un evento como este, tienes que ser cuidadoso. No quieres lastimarte, porque necesitas estar listo para la temporada. Pero al mismo tiempo, hay tantos países y el evento se juega a una escala tan grande, que uno quiere hacer lo mejor posible para representar bien a tu país y ganar”.

Una muestra de los jugadores en el roster de Estados Unidos revela una variedad de razones para participar. Lucroy jugó hace cuatro años e inmediatamente juró que la volvería a repetir. Le encantó la atmósfera “loca” alrededor del evento, a pesar que los juegos en Miami se sentían como partidos visitantes debido a la enorme cantidad de fanáticos en apoyo a República Dominicana y Puerto Rico.

El relevista de Cleveland Andrew Miller le da la bienvenida a la oportunidad de lanzar en algunos partidos competitivos de inmediato y desechar el sentimiento de decepción por la derrota de los Indios en la Serie Mundial ante los Cachorros de Chicago. Además le gusta la oportunidad de reconectarse con Leyland, quien fue su manager durante su primera temporada en Grandes Lgias con los Tigres de Detroit en el 2006.

“Es una oportunidad para mí de completar el círculo con él”, dijo Miller. “En cualquier momento que uno está alrededor de él, es un buen sentimiento. Es todo un personaje. Sea simplemente el hecho de estar alrededor de él o escuchar sus historias, es algo que me encanta”.

Poco después de enterarse que formaría parte de la escuadra estadounidense, Yelich intercambió mensajes de texto con el antesalista de los Rockies de Colorado Nolan Arenado. Arenado, en cambio, intercambió mensajes con Crawford – con quien comparte el mismo agente – y rumiaron sobre lo bueno que sería convertir el lado izquierdo del cuadro interior del equipo de EEUU en una zona libre de hits.

Buster Posey, compañero de Crawford en San Francisco, tuvo su primera probada de una competencia internacional como miembro del equipo olímpico junior de EEUU en 2004. Tuvo efectividad de 1.23 como lanzador durante un torneo en Taiwan. Cuando el Clásico se puso en marca en el 2013, Posey venía de una larga y extenuante postemporada y no hacía mucho tiempo de su choque en el plato que terminó con una devastadora lesión en la pierna izquierda. Estaba demasiado preocupado por tener un buen inicio de temporada para aceptar un cambio en su rutina en los entrenamientos.

Ahora Posey, con 29 años, aceptó ir al Clásico Mundial a pesar que eso le sacará del campo primaveral de los Gigantes por un periodo indeterminado de tiempo y recortará su tiempo de acoplamiento con el nuevo cerrador Mark Melancon y algunos de los jóvenes lanzadores en el cuerpo de serpentineros de la novena. Trajo a su esposa, Kristen, y a sus mellizos de cinco años, Lee y Addison, a Miami para la ronda inicial del Clásico.

“Una de las cosas que me atrajo es que, yo amo el béisbol, y lo he amado por mucho tiempo”, dijo Posey. “Podemos jugar un rol único como embajadores y ayudar a esparcir el deporte. ¿Quién me dice que no habrá un chico en China que se enamore del béisbol al observar este torneo? Eso es algo que me atrae – el esparcir el juego a otros lugares”.