Rolando Tucker es uno de los mejores esgrimistas cubanos de la historia y miembro del Salón de la Fama de la Federación Internacional.

Leyenda del florete, Tucker fue parte de una época dorada de este deporte para Cuba y en su palmarés repleto destacan el título de campeón mundial en florete individual en 1994, las dos coronas por equipo de 1991 y 1995, una plata colectiva en 1997, así como un bronce por equipos en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

Ingeniero y floretista legendario, en la actualidad Rolando Tucker ayuda a formar esgrimistas en la Universidad de Notre Dame, mientras disfruta de su vida y la familia. Play-Off Magazine Tv conversó con él sobre su carrera y vida.

¿Cómo llega Rolando Tucker a la esgrima?

Estaba en una escuela primaria y por la política de la masividad del deporte en Cuba, a estos centros iban buscando muchachos para muchos deportes. Me apunté a todos los que pude y la esgrima fue el que más me gustó. Fue algo curioso, pues el deporte no era algo que me llamara la atención. Me apunté, en realidad, porque era muy inquieto y la manera más inteligente de proceder era ponerme en lo que fuera para salir del aula de forma justificada.

¿Cuándo empezaste a ver la esgrima como algo más serio en tu vida?

Siempre me gustó mucho, porque es un deporte en el que hay que pensar. Lo practiqué porque me gustaba y así fui avanzando. Incluso, iba a entrar al Preuniversitario de Ciencias Exactas. Me llevaron a hacer las pruebas de matemáticas y la aprobé, pero después la profesora no me llevó a hacer la de química. No entré, porque nunca hice la prueba. Después, gané los Juegos Escolares Nacionales de ese año y de ahí me llevaron para la ESPA provincial, pero yo estaba “flotando”. Entrenaba mucho, sí, pero era porque me gustaba. La primera vez que recuerdo haberme preparado con el objetivo de hacer una clasificación fue porque mi hermano estaba en Rusia, estudiando en la antigua URSS. Ya estaba en la ESPA nacional y el entrenador dijo que quienes hicieran el equipo iban a una gira con el equipo nacional, aunque aquello no era cierto. Pero escuché que pasaba por la URSS y como quería ver a mi hermano, fue que entrené de verdad, por primera vez, para tener un resultado.

Cuando comenzaste, ¿era un deporte popular en el país?

No era muy conocido, pero luego en mi época, en la etapa dorada de la esgrima en Cuba, sí se conoció bastante porque, claro, aparecíamos todos los fines de semana en el periódico.

¿Qué llevó entonces a que la esgrima tuviera el boom que vivió en el país en los 80 y 90 con resultados mundiales?

En sentido general, el deporte cubano tuvo un momento de mucho auge. Fue creciendo y mejorando, hasta el momento cumbre en los Juegos Olímpicos de 1992, un resultado de mucho mérito. El proceso cubano, no quiere darle ningún nombre para no darle ninguna connotación política, pasó por un momento en el que era muy importante poner a Cuba en el mapa, a través del deporte. Entonces, hubo mucha inversión de recursos, se creó un sistema científico deportivo muy bueno, se aprendió del Campo Socialista. Además, de todo lo bueno que pueden aportar los cubanos.

También estaba el factor de la motivación, pues era una forma de mejorar tu estilo de vida. En Estados Unidos, por ejemplo, o en España, veo difícil que le digas a un padre que su hijo se va cinco días a una escuela a entrenar porque le van a dar comida, pues a ellos no les hace falta comida. En nuestros tiempos, eso era bueno para los padres y la familia: que fueran a una escuela deportiva, porque iban a estar bien atendidos y el deporte era una gran posibilidad de mejorar para toda la familia. Mucha gente entrenó mucho porque quería salir a viajar.

Yo, realmente, cuando me puse a entrenar y a entrenar – ya estaba en el equipo nacional-, fue cuando vino el Período Especial. Me di cuenta de que, si hacía equipo para la gira, mi familia iba a estar mejor. Ahí fue cuando me puse a entrenar.

¿Qué recuerdas de aquellas primeras competencias antes del Mundial en el que ganaron la primera medalla de oro por equipos?

Fui un niño muy feliz, como lo fui en mi juventud, a lo mejor por mi carácter, pues solo me fijo en lo bueno y lo malo lo dejo a un lado. La pasé bien, entrené mucho porque me gustaba, porque lo amaba, pero mi motivación era intrínseca. Yo estaba ya en donde quería estar. Hay quien entrena para la medalla. Después sí empecé a entrenar para obtener cosas.

¿Tenían todas condiciones para la práctica de la esgrima al más alto nivel?

Decir que teníamos todos los recursos es quizá muy ambicioso, pero teníamos lo imprescindible para practicar la esgrima y llegar a un nivel alto competitivo. Pasaban dos cosas. Llegamos a un momento en que todo estaba puesto ahí, incluso la historia anterior de gente que quizá hasta tenía más talento que nosotros.

Pero nosotros dimos un salto más. Elvis Gregory suele decir, con razón, que no solo era que estaba todo ahí, sino que nosotros también usamos nuestra cabeza.

Las condiciones estaban creadas, el país estaba volcado al deporte y fue una época en la que había mucho talento junto. Coincidimos también las personas. El equipo anterior, por ejemplo, era muy bueno, pero tenían problemas entre ellos, sobre todo uno. Pero en mi época, muchas veces, discutíamos incluso por los que estábamos atrás, por sus derechos, porque les dieran competencias. Incluso, pese a lo buenos que fuimos de forma individual, tenemos más medallas por equipos que de forma individual. Trabajamos mucho para el equipo, éramos muy unidos. No había envidia.

Esgrimista cubano Rolando Tucker
Cuenta de Facebook de Rolando Tucker Rolando Tucker, en sus años de esgrimista.

¿Cómo llega un joven de 19 o 20 años a un Campeonato del Mundo, en 1991, y a ganar una medalla de oro por equipos?

Mi caso es atípico, no sabía lo que tenía en las manos, el talento que tenía. Llegué casi de “fly”, aunque sí me lo gané. Pero no era que tenía un sueño, no. Lo hacía porque me gustaba. En el Mundial, tiraba en las preliminares contra equipos más fáciles, pues era el quinto y contra los difíciles no me ponían. Pero Guillermo, el mejor del equipo, se lesionó antes de la final y me pusieron. Me recuerdo con 19 años en la final de un campeonato del mundo. Recuerdo la impresión, pero no me lo tomé como una presión que me aplastara, me dije que tenía que ganarle a alguien. Recuerdo el apoyo desde las gradas cuando tocábamos a un contrario. Me parecía que estaba en Cuba, fue bonito eso.

¿Cómo marcó ese Mundial de 1991 tu carrera?   

Creo que ha sido la mayor alegría que me ha dado la esgrima. La vida no, porque mi familia es la mayor alegría, pero entre muchas cosas que me han pasado, creo que ha sido una gran alegría.  

Gané un mundial individual, pero individual no es lo mismo, porque gana uno solo. Estaba muy contento, por supuesto, pero no es igual. Aquello fue una cosa para mí inesperada, creo que, para mucha gente: conseguimos algo que era prácticamente insólito.

En ese momento fue el tope de mis resultados como esgrimista, mío y de todos los que estábamos ahí. Supongo que me habrá dado confianza en mí mismo porque, hoy por hoy, es uno de los mejores cuatro resultados que he tenido en mi vida.

¿Cómo afectó la llegada del Periodo Especial a tu vida personal y deportiva?

Impactó la de casi todos los cubanos, con excepciones, y fue un momento duro. Hasta ese momento no vivía con grandes lujos, pero yo sentía que tenía lo que necesitaba para vivir. Cuando llega el Periodo Especial, esas cosas que para mí eran normales, empiezan a faltar, y mi familia empieza a sufrir esas carencias que antes no teníamos. Sobre todo, cuando se empieza a sentir fue en el momento en que no hice el equipo para la gira.

No pude viajar, yo estaba en la CUJAE. Me coincidieron exámenes importantes con una competencia del Villa de La Habana. Realmente, fallé una competición, pero era la que no podía fallar. Luego intenté recuperar en otras, pero no fue suficiente.

Mi familia para mí eran mi mamá, mi papá y mi hermano, que vivían conmigo y así fue cómo me impactó. Me puse a entrenar más en serio con el objetivo de clasificar, seguí con mis estudios en la CUJAE, pero sí me puse el objetivo de hacer equipo para poder viajar.

¿Económicamente ayudaba ser parte del equipo nacional?

Por el solo hecho de estar en el mundo deportivo había ciertas ventajas, como tener una escuela, la comida durante los cinco días de la semana, que te den el uniforme. No es solo que uno ayude a la familia, también, no eres un lastre para ellos. Pero, si hacías equipo y viajabas, podías acceder a tener más dinero para, incluso, ayudar a tu familia.

¿Cómo logró Rolando Tucker estudiar ingeniería en la CUJAE y ser parte del equipo nacional?

Iba manteniendo las dos cosas y, cuando llegaba un momento en el que tenía exámenes, pues no iba a entrenar y hacía como un esfuerzo extra. Y cuando me iba de gira, no iba a la escuela, pero cuando llegaba de la gira, a lo mejor estaba quince o veinte días sin entrenar porque me tenía que poner al día con las cosas de la escuela.

También tengo que reconocer y agradecer que el sistema cubano ayuda al deportista, me ayudó mucho en la carrera. Incluso, es lo que más agradezco, de antes de ser campeón del mundo, porque cuando llegas al éxito todo el mundo te ayuda, el problema es cómo tú llegas hasta ahí.

Esgrimista cubano Rolando Tucker
Universidad de Notre Dame Esgrimista cubano Rolando Tucker

En 1994, te convertiste en campeón mundial individual.

En 1992 no hice equipo. Después, me puse a entrenar y cuando vi lo que mejoré y que estaba entre los ocho primeros del ranking, me dieron más ganas de entrenar. Además, estaba la otra motivación de que hacía falta dinero.

Recuerdo que, a veces, era contraproducente ganar porque si ganas tienes que seguir jugando y si pierdes, tienes más tiempo para lo otro. Pero después entré en mi etapa de locura transitoria, la gente llegaba y ya yo estaba ahí entrenando y se iban y yo seguía ahí porque tenía que acabar todo lo que yo tenía en mi cabeza para poder mejorar y eso fue lo que me llevó a ganar el Mundial. No me lo creía, eso de ser campeón del mundo.

¿De qué forma cambió la vida de Rolando Tucker al ser campeón mundial?

Daba más reconocimiento por supuesto, más presión alrededor, pero nunca lo vi como que tenía que mantener un título, un estatus. Yo estaba para mejorar la esgrima.  

¿Cómo era la convivencia en el equipo?

Rivalidad había, por supuesto, en el momento del combate, pero luego, como te decía, éramos un grupo muy unido, por lo menos como yo lo viví. Nos ayudábamos muchísimo.  

La rivalidad claro que existía, pero siempre estábamos ahí apoyándonos. Creo que había más rivalidad por parte de mis amigos y por la gente que quería a Elvis, que por nosotros. Él es mi amigo, mi hermano y seguimos siendo hermanos.

Uno de los momentos fundamentales en la carrera de Rolando Tucker se dio en los Juegos Olímpicos de 1996, cuando fuiste el abanderado de la delegación y, sin embargo, no se dio el resultado que muchos esperaban. ¿Cómo lo recuerdas?

El papel aguanta todo lo que le pongan y los pronósticos son pronósticos. En Cuba, los periodistas fueron los responsables de poner esa expectativa tan amplia. Leí o escuché que podíamos coger oro y plata en el individual, y oro por equipos y podía ocurrir, por supuesto. Pero de ahí a vaticinar que ese va a ser el resultado, realmente eso no era realista. Sí, nosotros ganábamos muchísimo, pero otros también.

En la esgrima los resultados son muy variables. En el por equipo quedamos en bronce y hoy estoy muy orgulloso: lo único que me duele es no haberlo disfrutado en ese momento. Tengo un video de cuando ganamos, cuando Elvis y yo nos abrazamos y juntamos las cabezas, y la expresión nuestra era como diciendo: menos mal que cogimos bronce. Estábamos hablando de unos Juegos Olímpicos. Me da rabia no haberlo vivido, al final, la vida es para vivirla y disfrutar los momentos. Me da rabia porque no pudimos disfrutar ese momento por aquellas expectativas.

¿Se les reconoció ese bronce cuando regresaron a Cuba?

No sentí reconocimiento ninguno. Estoy pensando en lo que sentí, esto es como percibo lo que sentí en aquella época. La única persona que le dio un valor grande fue Eligio Williams, que era el director de deportes de Marianao en aquella época. Estaba yo para que me dieran una casa y el señor de vivienda le dijo: “pero si ellos cogieron bronce en los Juegos Olímpicos”.  Eligio le dijo: “Imagínate que fuésemos los terceros del mundo en vivienda, ¿crees que tendríamos los problemas que tendríamos ahora?”. Así fue como viví el bronce. Llegamos a Cuba por la puerta de atrás, como si hubiésemos cometido un delito o si fuese una decepción. Fue una decepción, pero por las altas expectativas que otros tenían.

Rolando Tucker
Cuenta de Facebook de Rolando Tucker Rolando Tucker, en un podio junto a otros esgrimistas de su época.

¿Cómo es posible que en esos años tan duros se dieran esos resultados? Incluso, llega después una plata por equipos en 1997 en el Campeonato del Mundo. 

Llegamos allí por un proceso personal. Y también, está el proceso de la esgrima cubana, que fue un proceso a su vez, de mucha gente. En esa época, todavía seguíamos, hasta el 2000, estábamos en alza. El punto está en el factor humano, en esa necesidad que tienes de hacer resultados este año porque si no, da igual lo que hiciste el año pasado: pierdes las posibilidades de seguir viajando. Creo que acabé mi carrera deportiva temprano justo por eso, porque tenía una lesión y no podía parar, tenía que seguir.

Tuviste un período final complicado, con lesiones. ¿No pensaste parar y cuidar de la salud?

No, confié en los profesionales que me estaban atendiendo e hice lo que me dijeron. Debí hacer más caso. Me jugó una mala pasada el hecho de que me terminé lesionando en una competencia y no me atendí. Cada vez me empezó a salir el dolor más, porque ya había algo dañado. Siempre crees que se va a quitar. La vida del deportista es así, te duele aquí y allá. Después, vi que me estaba doliendo más y más en sitios diferentes y ya no podía entrenar como entrenaba antes y no ganaba lo que ganaba antes. Seguía teniendo la motivación, pero me dolía y me fui desmotivando. Cuando competía, perdía con gente con la que consideraba que no podía perder. Me di cuenta de que estaba sufriendo más de lo que tocaba. Además, ya me había casado con mi mujer, que es española y estaba en Cuba y ella en España. Cuando miras el cuadro me decía: ¿qué hago aquí? Sufriendo, perdiendo con quien no quiero perder. Aguanté hasta los Juegos Olímpicos porque me dijeron que me iban a ayudar luego, cosa que no pasó. También, por ayudar al equipo, aun así, lesionado.

¿Cuándo tomas la decisión de dejar la esgrima? ¿Tenías pensado emigrar y hacer la vida con tu esposa?

Me casé en el 1999, pero empecé con ella en el 1997. Intentamos que viviera en Cuba, pero fue algo difícil y tuvo que volver a España. Si ella no vivía en Cuba, yo tenía que vivir en España. Siempre le dije que quería acabar mi carrera por Cuba, no competir por otro país y ella esperó a que acabara. No te puedo decir que el retiro me dolió, la vida es como es, hay que disfrutar cada etapa.

¿Fue una competencia triste, con sabor a despedida, esa de los Juegos Olímpicos del 2000?

No por la despedida, sino por el resultado. No tenía nostalgia de seguir haciendo esgrima, es que ya no quería seguir. Al final dices, estoy sufriendo por gusto, buscando algo que no existe. Además, que ya lo hice: fui campeón mundial, primero del ranking por tres años, bronce olímpico. Me hubiera gustado ser oro olímpico, pero ya está, se fue. No te puedo decir que me dolió. Sí recuerdo que, cuando empecé a ser entrenador, llegué a una competición y estaba entrenando a unos muchachos de equipo nacional. Llegué a la habitación de uno de ellos y cuando empezó a sacar su traje de esgrima y sus zapatillas me dio mucha nostalgia, me dieron ganas de ser yo quien se estaba preparando para el combate.

¿Qué ocurrió con Rolando Tucker después del retiro?

Después de un año esperando a que me dieran la liberación, que esa fue la ayuda que me dieron, llegué a España y empecé a trabajar de entrenador y tuve mis dos hijas.

¿Cómo fue el proceso de adaptación a España?

Extrañaba Cuba, pero mi mujer y su familia me acogieron superbien y puedo decir que fui afortunado. Conozco el caso de mucha gente que ha tenido que pasarlo solo y se sufre hasta que uno se adapta. Sufrí, a mí sí me costó.

Pero, tienes una vida por delante con muchas más posibilidades y tienes una familia que echar hacia delante. Tampoco tienes mucho tiempo para estar llorando por los rincones, tienes que salir.

Cuando pasaron a vivir a Estados Unidos, fue como volver a empezar.

Siempre estuve vinculado a la esgrima, en España. Pero soy ingeniero en Control Automático y nunca he ejercido. Pero cada vez que he ido a buscar trabajo no he tenido problemas en encontrarlo.

La ingeniería sí me ha servido aquí en Estados Unidos para tener nivel universitario, he trabajado como maestro sustituto de Español, Matemáticas, pero, realmente la esgrima nunca me ha faltado.

Has seguido vinculado al deporte y has trabajado como maestro. ¿Por qué esa duplicidad?

Siempre hay cosas que pagar, siempre quieres más. Siempre que he tenido tiempo he hecho un trabajito extra. En España, sí necesitaba hacer las dos cosas, porque no es un deporte que se conozca mucho y en España, realmente, era agente de seguros y trabajaba con la esgrima, tenía medio sueldo con las dos.

Aquí, en Estados Unidos, mi hija estaba haciendo esgrima. Todo vale mucho y he tenido que hacer cosas extras para poder financiarlo.

¿Qué significa la familia para Rolando Tucker?

La familia es lo primero siempre, soy muy familiar, pues la familia lo es todo para mí, no me planteo otra cosa. La esgrima me ayuda a vivir, es mi pasión, pero si no la tuviese, y tuviera otras cosas, encontraría la manera de divertirme, mientras que pueda tener a mi familia en las mejores condiciones posibles.

Con mis hijas me ha costado poco que la practiquen. La mayor es campeona de España, pero la cuestión es que la esgrima ayuda a los jóvenes a entrar a la universidad. Intento motivar. La esgrima, con ellas, es una cuestión estratégica para su futuro, para que logren estar en una buena universidad.  Eso es lo que tengo para ayudarles. Luego, si quieren seguir y ser campeonas de la estratosfera, ya eso es una cosa suya.

¿Sigues yendo a Cuba?

Cuando voy es por corto tiempo y lo que me interesa es ver a mis padres, pues soy muy familiar y voy a Cuba porque quiero verlos. Cuando voy, me los pongo en una mochila, y me voy con ellos: lo que quiero tenerlos cerca.

¿Qué sueños cumplió Rolando Tucker y qué planes tiene?

Uno de los sueños que he cumplido es el de poder ir a Cuba más de una vez al año a ver a mis padres. Uno de los motivos por el que estoy trabajando en la universidad es ese, pues aquí tengo la posibilidad para poder ir a verlos.

Otro sueño cumplido es el hecho de que estoy viviendo con la persona que elegí para casarme y vivir mi vida: lo vivo diariamente. Sinceramente, vivo feliz, hago lo que me gusta, vivo decentemente y atiendo las cosas que me importa. Mucho más no puedo pedir.

Mantente actualizado con Telegram y disfruta nuestras historias en YouTube

¿Quieres estar siempre al tanto de la actualidad del deporte cubano? Únete a nuestro canal de Telegram: ¡lleva a Play Off en tu bolsillo! Haz click para seguirnos: Canal de Telegram Play-Off Magazine.

Historias de deporte cubano contadas con una mirada profunda a la vida personal de los protagonistas y la sociedad, Para disfrutar nuestras exclusivas suscríbete en: Canal de YouTube Play Off-Magazine