La alcaldesa de la villa estadounidense de Cooperstown, Ellen R. Tillapauth, reconoció el jueves la importancia del béisbol para construir puentes de cooperación, comunicación y entendimiento entre su país y Cuba.

Al recibir en el Salón de la Fama de dicho deporte a Miguel Fraga, primer secretario de la embajada cubana en Washington, Tillapauth se refirió a la pasión compartida de los dos países por la disciplina de las bolas, los strikes y los jonrones.

En una proclama de bienvenida al diplomático, la alcaldesa también expresó el deseo de trabajar por promover una mayor amistad entre las comunidades de Estados Unidos y Cuba.

Fraga agradeció el gesto de Tillapauth y mencionó momentos de la historia de su país relacionados con el béisbol, que es considerado parte de la cultura de la mayor de las Antillas.

Según autoridades del llamado Templo de los Inmortales, ese recinto, cuya fundación por el hombre de negocios, coleccionista de arte y filántropo Stephen Carlton Clark data de 1936, recibe cada año a más de 300.000 visitantes.

Fraga visitó Cooperstown como parte de una visita a comunidades del estado de Nueva York, donde fue invitado por universidades y centros docentes, en los cuales disertó sobre Cuba y se reunió con autoridades académicas.

Los cubanos de Cooperstown

De los cubanos que jugaron en las Grandes Ligas de béisbol estadounidense, solamente Atanasio “Tany” Pérez se encuentra entre los exaltados en el Salón de la Fama.

Atanasio Pérez Rigal (Tony o Tany Pérez, también conocido por el sobrenombre de Big Dog) nació en Ciego de Ávila en 1942. En 1998 fue elegido como miembro del salón de la fama de los Reds de Cincinnati. Dos años después lo seleccionarían para inmortalizarlo en Cooperstown.

Sin embargo, en la sagrada instalación aparecen además, seleccionados por el Comité Especial de las Ligas Negras, Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez y Cristóbal Torriente.

Dihigo fue exaltado en 1977 y, en su placa, lleva inscrito el sobrenombre de El Maestro.

El Inmortal, como también se le conoció, sí jugó en las Ligas Negras de los Estados Unidos en en varios circuitos profesionales —Cuba, México, República Dominicana y Venezuela—, donde se destacó como lanzador y jugador de posición.

Cristóbal Torriente y José de la Caridad Méndez fueron elegidos para integrar el Hall de la Fama en 2006. Tampoco ellos pudieron jugar en las grandes ligas por ser negros.

Dihigo, Torriente y De la Caridad alcanzaron su celebridad en los enfrentamientos que sostuvieron diversos equipos cubanos contra clubes estadounidenses que visitaban la isla fuera de temporada.

(Con información de Prensa Latina)