Vivir rodeados de agua y tener tantas dificultades para disciplinas deportivas acuáticas, siempre les ha parecido a muchos un absurdo. Es como sentir en carne propia el popular refrán que reza: “en casa del herrero, cuchillo de palo”. En esta realidad vive Vladimir Solá Díaz, el joven cubano que se coronó recientemente campeón mundial juvenil de vela, en Florida, Estados Unidos.

Amante del mar, Vladimir sigue los pasos de su padre, quien también practicó este deporte. Afirma con mucha pasión que no puede vivir alejado del agua, porque cuando lo está, es como si le faltara el aire.

El matancero de 21 años, recién cumplidos el pasado 3 de noviembre, conversó con Play Off Magazine desde Estados Unidos, donde aún compite en el Mundial Juvenil.

Este deporte es difícil y caro. ¿Cómo son las condiciones en la Escuela Nacional? ¿Cómo son los entrenamientos?

En la Escuela Nacional Andrés González, en Jaimanitas, las condiciones no son malas. Tenemos aire acondicionado, buena alimentación, agua fría y caliente, etc. En general para vivir no son malas, aunque ahora con la situación del país, esto irremediablemente nos afecta a nosotros.

En cuanto al material para entrenar es más difícil. No tenemos barcos suficientes y los que tenemos son viejos. Yo entreno en un barco que creo es de 1999. Llevamos mucho tiempo sin poder adquirir nada nuevo.

Eso sí, entrenamos todo el día. Por las mañanas, hacemos preparación física y después salimos a navegar tres o cuatro horas, todo en dependencia de la modalidad de vela a la que pertenezcas. Después, en la tarde, regresamos a hacer ejercicios, ya sea gimnasio, agilidad, cualquier cosa.

¿Qué problemas enfrentan para realizar las actividades a diario?

El principal problema es que un barco como el que necesito cuesta 16 mil dólares, y ese dinero ni el país ni el INDER lo tiene o lo da. Una campaña olímpica cuesta 250 mil. Cada implemento que se consiga cuesta poco más de mil dólares. Las velas, por ejemplo, cuestan 1600.

En mi caso particular, las velas que uso son mías. Me las compré yo, porque nadie me las dio ni resolvió. Las tuve que encargar con mi tío, que vive en el extranjero y él me las hizo llegar a Cuba, con las dificultades que eso trae.

Vladimir Solá Díaz, el joven cubano que se coronó recientemente campeón mundial juvenil de vela, en Florida, Estados Unidos.

Después de 15 años practicando este deporte, ¿cómo ves el estado de salud de esta disciplina en Cuba?

Las velas en nuestro país van dando pasos hacia atrás. Este deporte sigue evolucionando en el mundo muy rápido, y hoy depende casi totalmente de la tecnología. Así que cuando salgo a competir fuera, me siento en una posición de desventaja.

Comenté que el barco con el que entreno tiene ya 20 años, y a cada rato tengo que parar los ejercicios de navegación porque el bote se llena de agua. Ahora mismo acabo de coger acá un barco nuevo, que es como estar navegando en una nave espacial.

Cuando te acostumbras a entrenar de una manera y en las competencias cambia todo tan drásticamente, es muy difícil. Diría que es hasta incómodo en ocasiones tener entre manos un barco tan nuevo, que uno no conoce bien. Eso afecta nuestro rendimiento también.

Algo similar afirmó, recientemente, Laina Pérez, capitana del equipo femenino de pistola: que las condiciones de entrenamiento son unas y en las competencias todo es diferente.

Ese es un ejemplo. El tiro acaba de darle varias medallas a Cuba en los Panamericanos y sus atletas consiguieron boleto olímpico, pero no se invierte en ellos. Le siguen dedicando el dinero a la pelota. Se invierte mucho en la atención a la pelota, y mira ahora: pasó el Premier 12 y nos eliminaron en la primera ronda.

Creo que hay que invertir también en otros deportes y tomárselo en serio. Te puedo asegurar que en Cuba hay mucho talento en la vela, pero en nosotros no se invierte, sentimos que no nos tienen en consideración con respecto a otros deportes.

Así, por supuesto que nos tiene que costar trabajo adaptarnos y conseguir resultados en competencias internacionales. Todo es muy nuevo cuando salimos, no es lo mismo. En este momento somos 24 atletas en la escuela, y con barcos viejos e insuficientes en cantidad, no podemos desarrollarnos a tope.

Contamos hoy en día con tres barcos para cada modalidad y cuatro hobbie cat, que son los que usamos los atletas de vela. No llegan a veinte. Antes de prepararnos para una competencia tenemos que pasar casi un mes arreglando y remendando por lo viejos que están. Se pierde mucho tiempo.

Tampoco tenemos bases de entrenamiento en el extranjero desde hace mucho, lo que nos dificulta más ponernos al día. Ahora mismo, en los Centroamericanos de Barranquilla, uno de mis colegas no tuvo bote para competir casi hasta el día previo al torneo.

¿Cómo te sientes cuando llegas a un evento internacional confiado en que tienes el talento, pero no posees los medios adecuados?

Me siento a veces triste, cabizbajo. Ahora mismo estoy acá en este evento en la Florida impresionado por este resultado que nunca esperé. Las cosas empezaron a salir bien poco a poco, hasta llegar a la medalla de oro. También he logrado avanzar en el Open, entre los mejores del mundo y quedar entre los diez primeros.

Pero me siento incómodo, porque nadie te reconoce, y cuando empiezas a hacer las cosas bien todo el mundo se sorprende y se pregunta, “¿de dónde salió este muchacho?”, como si Cuba no existiera. Y no es así, porque aquí estamos y talento hay. Eso además de la desventaja competitiva.

Vladimir Solá.

¿Qué querrías para tu futuro? ¿Cómo te ves dentro de cinco años?

Verdaderamente, no sé cómo me vería. Quizás dentro de cinco años no se practique vela ya en Cuba. Todo es muy caro y con la situación en el país se pone peor. El futuro es verdaderamente incierto en cuanto a esto, según creo.

Y no solo digo esto para la vela, sino con el deporte en general. Mira los últimos Panamericanos. Cada día nos ubicamos más hacia atrás en el medallero. El día menos pensado, y no un día muy lejano, puede que no entremos entre los diez primeros.

Deberían invertir más en todos nosotros. Cuba es un país de deportistas, el deporte corre por nuestras venas. Necesitamos más ayuda, atención, recursos.

¿Cuáles son tus ídolos en el deporte?

Mijaín López y Omara Durand. Simplemente, son deportistas extraclase, los mejores en lo que hacen. Recientemente, a Omara le fue espectacular en el Mundial de Paratletismo. Ella es genial.

¿Qué otra profesión hubieras desempeñado

Marinero. Me gusta mucho el mar. En Matanzas vivo a dos cuadras del mar y siempre estoy cerca. Si no es entrenando es nadando, pescando, buceando.

¿Qué profesión nunca habrías elegido?

Abogado.

¿Tu decepción más grande?

Tenía que haber estado en listado para la clasificación olímpica que se hará en el mes de enero de 2020 en Miami, pero me la negaron. Lo hicieron para poner a Nelio Manso, que es campeón del mundo en la categoría de mayores. Y ya tiene 53 años.

Actualmente, soy el campeón nacional de esa modalidad, y tanto mis compañeros como yo necesitamos más fogueo, más experiencia, y la oportunidad de luchar por el boleto olímpico también. Pero me quitaron el chance. Eso me tiene muy decepcionado.

¿Tu alegría más grande?

Sin dudas, este resultado que alcancé acá, sobre todo por lo difícil que fue. Al ir a solicitar el visado a México le negaron la entrada en Estados Unidos a tres de mis compañeros, por lo que tuve que venir solo junto a mi entrenador.

Tuve que competir junto a Marc Selfa, un niño de 12 años, para no hacerlo solo. Pero la vida nos dio la oportunidad de juntos lograr la medalla de oro. Le agradezco a él y estoy muy contento por lo que hemos logrado.

¿Cómo es tu vida fuera de la escuela?

Pues sin muchos cambios, la verdad. El único día en que no entreno estoy dando clases en el Fajardo. Los fines de semana vengo a casa con mis padres y el lunes de nuevo a la escuela, excepto cuando hay competencia y me seleccionan para viajar.

Tenemos un salario de 950 CUP, pero bueno, eso me alcanza para ir y venir de Matanzas, como están las cosas. Del resto se encargan mis padres.

¿Tus compañeros de vela y tú podrían triunfar en Cuba?

La verdad no lo creo. Pero ganas de hacerlo tenemos y es donde nos tocó nacer. Y si naciera otra vez, no te quede duda, me dedicaría a esto.