Hassan Pena ha recorrido un largo camino desde que decidió marcharse de Cuba en 2004. Ha sido un trayecto que lo llevó, como es usual, a los Estados Unidos, y que a sus casi 33 años le permite contar algunas historias.

Hassan puede decir con tranquilidad que ha sido, en el último lustro, el cerrador más dominante de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP), que ha ganado cuatro veces seguidas el título al Cerrador del Año, y que su quinta corona la perdió al dar positivo hace una semana a una “droga de abuso”, un eufemismo para lo que Hassan mismo nombró, sin tapujos, marihuana.

La gorra bien calada realza su mirada escrutadora. Sus ojos parecen dos colimadores enfilados rumbo al home. Sobre el box, Hassan Pena parece tener nervios de acero, en ocasiones da la idea de ser casi un robot. Quizás por su mecánica tan perfecta, por el exquisito control en sus pitcheo; tal vez por su seriedad. Es que este cubano, esté en Estados Unidos o en Venezuela, tiene motivos para centrarse en su trabajo, para hacer las cosas bien.

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En la edición de octubre de 2014, en Isla Margarita, Venezuela, Cuba retornó a las Series del Caribe luego de más de cincuenta años de ausencia. En ese momento, parecía que Maduro no llegaría a fin de año, entre guarimbas y protestas la cosa estaba caliente en tierras morochas.

Pero el “elegido” asistió a la inauguración del torneo. En las cámaras se le vio caminando con parsimonia hacia el banco de los Azucareros de Villa Clara, equipo que representó a la mayor isla del Caribe. De fondo sonaba la voz contagiosa de Oscar de León y los ecos retumbarían aún pasados los días. El béisbol hace olvidar rencillas, disputas, cualquier cosa.

En la segunda jornada, los azucareros se enfrentaron a los locales, Navegantes de Magallanes. El juego cerrado, seis por cinco, se abrió en los finales. Y en el noveno llegó para muchos la sorpresa: Hassan Pena. El ex industrialista cerró de uno, dos y tres el inning y amarró la victoria para los venezolanos. Una taza de nuestro propio chocolate, como dicen por ahí ciertos comentaristas.

Muchos, entonces, recordaron a aquel muchacho que debutara con los Industriales de Anglada y que en 2005 se esfumó. Pero la suya es una historia mucho más larga, no tan simple como lo hace pintar siempre la prensa deportiva oficial en Cuba.

“Un día venía del estadio de lanzar con Industriales. La gente en la guagua me reconocía y me preguntaban por qué andaba en bus si era jugador de béisbol. Yo sonreía con asombro y les decía: óyeme ¿es que acaso soy rico? Soy un ciudadano como tú y tengo los mismos problemas”, declaró Hassan al periodista Eduardo Ochoa del periódico deportivo Meridiano, en Venezuela, durante la temporada 2015-2016, para entonces su tercera en la LVBP.

En esa misma campaña Hassan implantaría un récord para ligas del Caribe en juegos salvados, con 23. “Fue algo especial, romper el récord de Santos Hernández, fue sin dudas genial…”, dijo Pena a Cesar Sequera, también columnista de Meridiano.

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Es el collar de la suerte, el de su ebbó, el que le regaló su padrino o su madre. Lo cierto es que en el estadio universitario de Caracas, Hassan Pena no deja de tocarlo, incluso antes de subir al box, lo saca y luego de mirarlos unos segundos lo besa, mira al cielo y va en busca de su nuevo destino, cerrar el noveno ante los Leones, el eterno rival del Magallanes.

Con el salvamento número 16 de la temporada 2016-2017, Hassan se convierte en el primer cerrador en conseguir cuatro títulos consecutivos como el Mejor Cerrador en Venezuela.

Es un momento de gloria para él. Pero llegar hasta aquí no ha sido un paseo para el habanero.

—¿Mami y qué pasó aquí? —preguntó Hassan.

—Hijo, llovió por mucho rato, hace más de seis horas que no hay luz y lo que nos queda en la nevera es un poco de arroz con dos huevos —contestó su madre con cariño, ante la sorpresa de aquel muchacho de 19 años.

—Óyeme mami, esto terminó…Yo me voy del país.

Hassan dijo aquella frase en 2004 sin titubeos, como lo haría años más tarde al contar su historia a El Universal y a Meridiano.

Buscó entonces el mejor camino “…Siempre hay gente buscando salir y como sea uno se atreve, la primera vez no tuve suerte y me capturaron… Mi mamá pensó que había muerto en el mar, pues no pude hablar con ella sino hasta quince días después, en la cárcel… Por alguna razón me dejaron libre a los cinco días, pero ya no podría estudiar ni trabajar… Por eso cuando la policía me preguntó que si volvería a intentarlo, les dije que sí con seguridad”, aseguró Pena en la entrevista concedida a Eduardo Ochoa. Y lo consiguió.

Su primer objetivo fue entonces llegar a las Grandes Ligas, como todo pelotero cubano que se marcha de su tierra. Así, tras asistir al Palm Beach Community College en Florida, Pena fue seleccionado por los Washington Nationals en la ronda 13 del 2006, durante el draft amateur.

Pero Hassan no jugó en el sistema de los Nacionales en 2006. Pasó la temporada de 2007 con los Lake Monsters Vermont, en la Nueva York Penn League. En 13 aperturas, lanzó 59 innings y un tercio, con balance de cuatro triunfos y cinco reveses y un promedio de carreras limpias de 4.25. En 2008, lanzó para los Nacionales de Potomac y los Suns de Hagerstown, y en 2009 lanzó para los Nacionales GCL y de nuevo con Hagerstown.

En la temporada 2013-2014 vistió el uniforme de las Águilas del Zulia en la LVBP y ese fue el año en que cambió todo. Puede decirse que ese fue el año en que Hassan Pena empezó a vivir su sueño como el relevista más dominante de la Liga Venezolana en los últimos cinco años.

En su primera campaña con Zulia, Pena se alzó con el título al Cerrador del Año, un premio que repetiría luego en las siguiente tres temporadas vistiendo la franela de los Navegantes de Magallanes, su actual equipo.

Desde que el premio al Mejor Cerrador comenzara a otorgarse en 1985, ningún relevista había conseguido tal hazaña. Pena, el cubano, el exindustrialista, hacía historia.

Este año, cuando ya Hassan festejaba su quinto título consecutivo e imponía un récord difícil de batir en los próximos años, llegó su sanción. No fueron esteroides lo que arrojaron las muestras recogidas el pasado 2 de enero. En su sistema había rastros de una “droga de abuso”. Hassan reconocería que era marihuana.

El Programa Antidopaje de la LVBP sería implacable: Hassan era reincidente en el consumo y sería sancionado a 25 partidos y le retirarían su quinto trofeo de Cerrador del Año. El cubano no había hecho trampa para mejorar su rendimiento, eso estaba fuera de discusión, pero el deporte y la marihuana no están bien vistos juntos.