Cada vez que la selección nacional de fútbol sufre un estrepitoso descalabro en la arena internacional, las alarmas mediáticas saltan inmediatamente con respecto al fenómeno. La mayor parte de los análisis se enfocan siempre en el macro problema, o sea, en las dificultades que son más visibles a ese nivel como emigración constante de jugadores, la falta de contratos en otras ligas para los que juegan aquí y el hecho de que no se convoquen a los que ya están contratados en estos circuitos. Una vez concluido el fervor de la derrota, el tema se pierde de la palestra pública.

Sin embargo, casi ninguno de estos debates van sobre el funcionamiento en la base de este deporte a nivel regional, verdadera génesis de cuanto mal existe a nivel doméstico. Por ello nos acercamos al programa de fútbol del municipio habanero Plaza de la Revolución, uno de los que mayor progresión en cuanto a resultados se refiere en los últimos años y de los que mayor cantidad de jugadores ha aportado al primer nivel dentro y fuera de nuestras fronteras. El programa ha visto crecer a jugadores como Marcel Hernández, Héctor Morales y Eddy Sáname.

Esta área especial está enclavada en el corazón del Nuevo Vedado. Por ello, cualquiera pensaría que la posición geográfica es privilegiada y que el buen nivel adquisitivo que tienen sus residentes, en comparación con otras regiones de la capital, se traduce en recursos para facilitar la consecución de resultados, lo cual está alejado de la realidad.

Lo primero que se ve cuando uno llega al terreno de la escuela José Luis Arruñada, sede del programa, es un ir y venir de muchachos de todas las edades corriendo por un terreno descuidado e irregular, el cual no tiene las medidas pertinentes de un campo de fútbol y que debe haber provocado más de una lesión a los jugadores que allí entrenan día a día.

Por increíble que suene, solamente cuatro hombres están a cargo de todas las categorías, la mayoría de formación autodidacta. Esta es una situación muy compleja, ya que deberían ser un total de doce profesores, dos por cada categoría. Entonces, ¿cómo son capaces de obtener buenos resultados?

fútbol cubano en la base
Foto: Hansel Leyva

¿Cómo llegan los éxitos en la base?

Joel González Monzón es uno de los entrenadores encargados de las categorías inferiores, con más de seis años de experiencia y varios títulos en sus vitrinas.

“El principal problema que yo tengo a la hora de trabajar son los implementos. El Inder me ha entregado de 10 a 15 balones en el tiempo que llevo aquí. Todo lo que tengo, incluyendo los conos de práctica, los he conseguido por mi propia gestión personal gracias en gran medida a que he tenido la posibilidad de viajar a otros países. El resto de las cosas como son los uniformes, los zapatos deportivos, la alimentación adecuada, la transportación o el chapeo del terreno son gracias al sacrificio que realizan los padres”, cuenta.

Los padres son el soporte de cuanta práctica deportiva se realiza en el país, como el caso de Humberto Viamontes Rodríguez, quien lleva seis años al lado de su hijo Enzo asistiendo a esta área especial.

“En realidad uno nunca lleva la cuenta de lo que se gasta, porque el bienestar y desarrollo de tu hijo no tiene precio. Casi todos los gastos corren a la cuenta de uno y créeme, hay veces que ni yo mismo sé de qué manera se logra. Lo único que te puedo decir es que el esfuerzo y sacrificio han de estar al máximo nivel, esa es la única manera de lograrlo por increíble que parezca. No obstante, sí me gustaría que el Inder apoyara más a los niños y aprovechara la gran masividad que tiene este deporte en la actualidad. Como te dije anteriormente, soy capaz de proporcionarle la condiciones a mi niño, pero aunque muchos padres no lo digan abiertamente, sus niños tienen que dejar de entrenar porque no pueden permitirse comprarle un par de tacos.

“Para mí es muy importante que mi niño practique fútbol, porque es el deporte que le gusta y mi deber como padre es apoyarlo en cualquier cosa que el escoja en la vida. Ojala algún día llegue a ser un jugador profesional, pero si no lo logra no importa, lo principal es que en este deporte él se va a formar en un buen ambiente donde va a aprender muchos valores necesarios para poder ser un buen hombre en el futuro y llevar un estilo de vida saludable a través de la práctica de deportes”, dice.

La relación Inder- área especial tampoco parece funcionar de la manera correcta en cuanto a la preparación metodológica se refiere, aspecto vital para el desarrollo de cualquier entrenador. Yeider Justiz Romero es otro de los multilaureados profesores que laboran en este lugar y que está encargado de manejar las categorías a partir de los quince años hasta los mayores.

“Yo soy balonmanista de formación y estudié derecho en la Universidad, pero el fútbol me apasionaba y comencé a formarme como entrenador dirigiendo equipos de barrio hasta que llegué a este lugar en 2017. Una vez al año a nosotros nos imparten un taller metodológico el cual es muy útil para muchas cuestiones. Sin embargo, por otro lado este está muy desactualizado en muchas cuestiones que se manejan en el fútbol actual. La mayor parte de mi preparación y métodos de entrenamiento yo los desarrollo a título personal buscando información en Internet, allí puedo encontrar la literatura correspondiente a los mejores entrenadores del mundo y aplicarla con mis muchachos”, cuenta Romero.

Un caso similar es el de Joel González, quien también se prepara por su cuenta y que ha desarrollado sus propios métodos de entrenamiento. No obstante, esta iniciativa no se ha visto desprovista de obstáculos. “A mí me han dado evaluaciones de mal porque no entienden la manera en que yo preparo mis clases. Además, para ellos es más importante que se cumpla con la entrega de documentos, que con lo que uno logre en el terreno con sus alumnos, cosa que jamás va ser mi prioridad por encima de la preparación de mis niños”.

fútbol cubano en la base
Foto: Hansel Leyva

La organización de los torneos y el crecimiento futbolístico

Otro aspecto a destacar es el de los torneos provinciales en estas categorías y las peculiaridades que estos presentan, ya que siempre se habla de los campeonatos nacionales y lo mal que estos funcionan. Sin embargo, se puede describir como toda una experiencia de vida ver un partido provincial de las categorías inferiores. Pocas imágenes son comparables a la del rostro de un niño de once años que está sentado en el banco, ansioso por entrar al partido. La pasión y la entrega que estos infantes son capaces de desplegar en la cancha son sencillamente incomparables, además de que el público constituido en su mayoría por los padres se implica tanto en el partido hasta llegar a la irracionalidad. Esto solo se puede describir como deporte en estado puro.

No obstante, ¿se maneja de forma adecuada este tipo de torneos por parte de las autoridades deportivas pertinentes?

“Lo primero que está mal en mis categorías es que te exigen resultados, por ejemplo, si en un campeonato quedaste segundo lugar, al siguiente tienes que ser campeón, sino tu evaluación será negativa. Lo cual es absurdo, ya que a esas edades lo más importante es sean formados correctamente y que tengan bien claro cuáles son los fundamentos de este deporte.

“Esa concepción errónea se ve claramente en los campeonatos que se organizan. Estos deberían de ser una fiesta para los niños, pero no lo es. Los partidos se organizan en terrenos muy descuidados que pueden provocar lesiones. En muchas ocasiones los árbitros no van, algunos partidos han sido pitados por los propios padres de común acuerdo entre todos, sino se suspenden. No hay seguridad, más de una trifulca se ha formado entre los padres que se meten tan adentro del partido que han podido desembocar en algo peor.

“Para colmo, estos eventos están sujetos al calendario de los campeonatos nacionales, lo que significa que si los partidos se suspenden y coinciden con la fecha del nacional, el torneo corre riesgo de no concluirse. Así todo son muy pocos partidos para que los niños puedan desarrollarse bien, por ello yo y los profesores de otros municipios cercanos siempre estamos intentando crear copas alternativas y amistosos para que se pueda jugar”, cuenta Joel González.

Hemos dado un vistazo a la etapa cuando el futbolista comienza su desarrollo dentro de la isla, pero, ¿que sucede una vez estos crecen y van escalando de categoría? Según Yeider Justiz “una vez que los muchachos van alcanzando la adolescencia, las familias van sacando sus cuentas y ven que el futuro de un futbolista en Cuba es bastante incierto aunque el muchacho tenga talento, entonces como es lógico la mayoría prefieren potenciar su futuro académico fuera del deporte. Además, las escuelas no nos apoyan mucho tampoco, no dejan que sus estudiantes salgan a practicar aunque se cumpla todo el papeleo y los permisos correspondientes de nuestra parte».

«Otra realidad que nos golpea mucho es el mal criterio de selección de las Escuelas de Iniciación Deportiva (EIDE), por el cual muchos atletas de calidad se quedan fuera de estas de manera injusta. Esto desemboca en que los muchachos se desilusionan y dejan la práctica. Desgraciadamente, en cada generación hay muchos que no culminan su formación y posterior inserción al primer nivel. Esta realidad se nota mucho a la hora de jugar en los Campeonatos Nacionales de primera categoría, incluso en los equipos Cuba, ya que a partir de que los muchachos empiezan a competir se pierden un promedio de dos a tres jugadores de calidad por año, que puede no parecer mucho pero cuando se lleva a una escala provincial o nacional la cifra es alarmante. Hay municipios que han perdido hasta generaciones enteras por todos estos motivos expuestos. Revertir esta situación debe ser una de las prioridades de las autoridades del fútbol nacional», adiciona. 

fútbol cubano en la base
Foto: Hansel Leyva

Las expectativas del fútbol en la base

No existe manera más efectiva de comprender un fenómeno que hacerlo a través de la individualidad. Esta pequeña muestra del contexto adverso que viven estos tres hombres es similar al resto de los afiliados a este sector dentro del país y nos da la posibilidad de hacer un boceto de la cotidianidad del fútbol cubano en la base regional.

Esto nos lleva a una última interrogante: ¿Cuáles son las principales motivaciones y expectativas que estos tienen para sus vidas dentro del deporte? Quizás sus respuestas nos ayuden a entender los móviles que impulsan a que tanta personas se mantengan trabajando día a día en pos del desarrollo de una práctica que necesita un cambio radical en su gestión, cambio que no se vislumbra de forma inmediata.

“Yo sueño con que mi niño llegue a ser profesional, ya que mantenerse jugando es lo que él ha decidido por sí mismo, es lo que más le gusta hacer y en lo que realmente es bueno. Ojala algún día tenga la posibilidad de llegar a vestir el uniforme de la selección sacional y jugar por un club extranjero”, dice Humberto Viamontes.

“Yo le dedico la mayor parte de mi día al fútbol para cada vez ser mejor profesional en lo que hago. Mis expectativas es seguir subiendo de nivel todo lo que pueda para ganarme entrar como entrenador en una selección sacional para desde allí seguir defendiendo el deporte que yo amo”, afirma Yeider Justiz.

“El fútbol es mi vida, me siento incompleto cuando no lo tengo, me pongo tan pesado que ni mi mujer me soporta. Cuando está el periodo de vacaciones, estoy loco porque este se acabe para regresar al terreno para entrenar con mis niños. Yo quiero dentro de esto llegar lo más lejos que pueda. No obstante, creo que estoy alcanzando mi tope y va siendo hora de buscar nuevas fronteras para seguir desarrollándome”, explica Joel González.

He aquí un pequeño atisbo de una verdad que va mucho más allá de por qué un jugador determinado represente o no a la selección sacional. De hecho, es una verdad que trasciende al fútbol y se extrapola a otros deportes, incluso a todas las ramas de la sociedad cubana.