Camagüey presume de una triada exitosa de pugilistas con puntos entre sí muy distantes. Adolfo Horta, idolatrado por aquello del boxeo total; Julio Cesar la Cruz, estandarte farandulesco por su actividad en las redes sociales, intensificada tras la corona bajo la bandera de los cinco aros en Río de Janeiro en 2016; y Jorge Gutiérrez Espinoza, un caso sui generis de campeón olímpico que goza de sobredosis de anonimato a pesar de haber sido reconocido entre el centenar de los mejores deportistas cubanos del pasado siglo.

Vive sin lujos. Anda a pie. Pocos le piden un autógrafo a quien ganara la división boxística de los 75 kilogramos en el evento deportivo más importante que haya organizado la australiana ciudad de Sídney a comienzos de la presente centuria. Tampoco su modestia le permite hacer alardes de victorias en sendos eventos: Playa Girón, Torneo Internacional Giraldo Córdova o el fortísimo Ustid Nad Labem extrafronteras.  En ocasiones el éxito se desentiende de la popularidad.

Todos le llaman el Guajiro desde que llegara a Santa Cruz del Sur con 11 años, procedente de su natal Manzanillo al oriente cubano. Su historia tiene capítulos de malos entendidos, posible caso de dopaje e, incluso, polémicos pasajes por el boxeo profesional. De semejantes peripecias y más, Jorge Gutiérrez Espinoza conversa en exclusiva con Play-Off.

«Llegué pronto a la Academia Provincial con Lázaro Noa como entrenador. Me limó muchos detalles técnicos para pelear finalmente a la zurda. Dominé la categoría escolar y rápido ascendí a los juveniles. Gané el Mundial de Turquía en 1994, el cual me abrió las puertas del equipo nacional de mayores, pero tuve muchas dificultades para adaptarme. Me enamoré y me fugaba, por tanto me sancionaron. En mi división estaban boxeadores de la talla de Isael Álvarez, Alfredo Duvergel, Aníbal Rodríguez, así que no podía andar floreando».

A propósito, ¿crees que esa rivalidad falta hoy entre los boxeadores cubanos?

«Las figuras establecidas ganan muy fácil en Cuba. Luego la exigencia internacional crece, o los árbitros exigen otras cosas, y no pueden ganar. Hoy veo que se fajan a los manotazos muchos. Pocos pegan fuerte. Se trabaja con vagancia las pesas. Son conformistas algunos.

»Tuve que lidiar con un campeón olímpico como Ariel Hernández. La relación personal era muy buena, pero nuestro entrenador Julio Mena nos exigía, y mucho. Llegué a ser el número dos en Cuba y el primero en el ranking de la AIBA [Asociación Internacional de Boxeo Amateur]. Incluso quedé fuera del Mundial del 97.

»Antes había estado sancionado par de años por indisciplinas. Así que mantenerme no fue fácil. Pero de los rivales el más complicado para mí siempre fue Ofanni Suárez».

Antes de los Juegos Deportivos Panamericanos de Winnipeg en Canadá, Jorge Gutiérrez sufrió la fatídica decisión del colectivo de entrenadores de descenderlo hasta los 71 kilogramos. Acusa la decisión a caprichos del cuerpo técnico; desavenencias que a la postre acortarían su carrera deportiva. 

«Siempre tuve dependencia de mi fortaleza en los 75 kilos. En la división inferior me moría de dolores de estómago. Físicamente fatal. Demasiado débil. En una ocasión abandoné la escuadra porque no podía seguir. Pero para los Juegos Panamericanos de Winnipeg en el 99 estuve en mi peso ideal. Gané sin problemas.

»Después de la partida de Ariel Hernández, querían dejar a Johanson Martínez en el peso de titular. No entendía nada. Pero luego en el Mundial de Houston también hice el peso en la división. Aunque esa competencia fue un descaro y no disputé la final. Nos retiramos. Félix Savón y yo faltamos por pelear en ese cartel».

Tras los acontecimientos de Houston en 1999 con la retirada de la delegación cubana por las injustas decisiones arbitrales, Jorge Gutiérrez enfoca su mirada en la preparación para los Juegos Olímpicos de Sídney. Aunque prefiere antes hablarnos del Mundial de 2001 precisamente en tierras australianas.

En Cuba se especuló con un presumible caso de doping, que luego se justifica con una lesión en una mano. ¿Qué nos dices?

«La historia esa marcó un antes y un después en mi carrera deportiva. Me tomé un par de pastillas de furosemida para bajar de peso. Es una técnica vieja. Orinas y desaparece la sustancia en dos días. Esa era mi idea porque el trayecto era largo. Pero tengo suerte para los exámenes antidoping. En cuanto llegué me avisaron que era el elegido. Le expliqué al médico nuestro. Me dijo que me orinara en los pantalones en los entrenamientos, y que alargara el tiempo de espera de la prueba. Me la hicieron a las cuatro de la mañana.

»Llamaron a Cuba y se decidió que no peleara. Porque si daba positivo sería un escándalo. También tenía la mano derecha con problemas. Me pusieron el yeso. Al final la prueba dio negativa. Pero no se la iban a jugar conmigo.

»Un año atrás había vivido la gloria de  los Juegos Olímpicos. No creía en nadie. Recuerdo que mi primera pelea fue con un tailandés entrenado por Juan Fontanills, uno de los profesores cubano que se lamentó del sorteo. La única pelea complicada fue con el ruso Gaidarek Gaidarkekeov. El tipo es muy inteligente. Le regalaba la izquierda pero no mordía. Me estudió y me complicó,17-15 el veredicto final. Luego él sería el campeón de Atenas en 2004».

Y luego del Mundial…

«¡Ah! Castigo solapado. Un año sin viajar. Nadie me decía nada. Pero me excluyeron, aunque entrenaba normalmente en la finca con el resto. Hasta que después recogí y me fui».

Su condición de campeón olímpico no fue suficiente para ponerlo a salvo de las incomprensiones. Foto: Fidel Alejandro Manzanares.

Su condición de campeón olímpico no fue suficiente para ponerlo a salvo de las incomprensiones. Foto: Fidel Alejandro Manzanares.

¿Tu condición de titular olímpico no influyó en que fueran condescendientes contigo?

«No hombre, no… Terminamos la olimpiada y Alcides Sagarra me dijo que fuera a Camagüey a resolver mis problemas. ¿Pero qué tipo de problemas que tenía que estar fuera tres meses? Me dijeron que volviera tras el Girón. Cuando voy a La Habana a cobrar el dinero, me topé a Sarbelio Fuentes, quien para entonces era el nuevo jefe técnico del equipo. Asombrado no sabía de mí y le conté.

»Estaba muy por encima del peso, pero me exigieron que estuviera en el Playa Girón de Santiago de Cuba del 2001. Lo hice en los 81 kilos. Perdí con Yordanis Despaigne. Me sentía muy débil.

»Jamás volví a ser el mismo. Incluso perdí al otro año en una gira por Alemania. Mi primera derrota internacional. Por cierto, ese viaje es histórico, porque en una discoteca me ofrecieron 3 millones de dólares para que me fuera al boxeo profesional».

¿Nunca te gustó el boxeo profesional?

«Todo lo contrario. Pero son 8 años sin entrar a mi país si me quedo en otro lado. Pero nunca le tuve miedo a ese boxeo. Siempre me sentí un tipo fuerte, seguro con la pegada. Ahora grabo las peleas y las veo en video».

Pero al final incursionaste en ese mundo a los 34 años de edad.

«En 2010 unos amigos me invitan a República Dominicana. Allá corriendo en una pista, un agente contacta conmigo para una pelea de exhibición. Me ofrecieron 3000 dólares. Acepté. Pero llevaba 7 años fuera sin tirar un golpe. Me preparé dos meses. Cuando subí al ring me dije: “¿Y ahora qué hago?”.

»Pero el tipo se desesperó, se comió dos amagues y lo tumbé de zurda. Menos mal, porque no daba para muchos asaltos más. Me propusieron seguir, pero que va».

Entonces… ¿regreso triunfal?

«¿Triunfal? A muchos en Camagüey no le hizo mucha gracia el tema. Llegué y como me había pasado fuera los tres meses de licencia no tenía trabajo. Eso no me asombraba, pero lo de los 300 CUC que nos dan a los campeones olímpicos y que ya no estaban más en mi cuenta bancaria sí me dejó loco.

»Y no tenía una explicación. Estuve así 4 años. A veces no tenía ni para coger la guagua. Para colmo había vendido hace rato el carro Mitsubishi que me dieron después de la Olimpiada. Era muy moderno, no tenía piezas de repuesto en Cuba, o sea eran muy caras.

»Aquello fue tremendo. ¿Acaso no soy dueño de mi vida? Estuve más de 5 años fuera del deporte activo.  No le hice daño a nadie. Luego de mucho papeleo me volvieron a dar el dinero. Pero no el de los 4 años perdidos».

En pleno 2017 Jorge Gutiérrez no guarda rencores con directivos del INDER o entrenadores, quejarse va lejos de su estilo de vida. Entrena la categoría juvenil en la Academia Provincial de Boxeo y aunque no se licenció en Cultura Física, tiene muy claro qué se debe hacer sobre un ring de boxeo. «Para superarse hay que entrenar duro, pelear y fajarse. Solo así se pude llegar».