Por: Amílcar Pérez Riverol / El Toque

En las tardes, justo después de dejar a los viejos sin pan para mañana, nos íbamos a jugar pelota en el potrero. Siempre con guantes de menos, con la única pelota enviada por un tío, con bates desgajados de la mata de guayaba. No hubo sitio de nuestra infancia –ruralísima– donde fuésemos más veces y de mejor manera, felices.

Allí di mi primer jonrón. Allí me tomé en tres strikes mi primer café. Allí se jugaba duro, que es la única forma en que se puede jugar al béisbol. Y finalmente, allí aprendí que quien no se deja la suela durante el juego, suele patear la tierra cuando va cayendo el sol para que el polvo levantado sirva de cortina a la escasez de su entrega. A sus notables limitaciones. Allí aprendí que a la frustración le gustan las columnas de polvo incluso cuando ya ha acabado el juego.

Por estos días, lejos de casa y de la infancia, he vuelto a revivir esa desagradable circunstancia que nada tiene que ver con el pelota. Una memoria negativa de potrero. Es el juego final para los cubanos en la Liga Can Am. Cuba ha perdido hasta ese momento 15 choques, ocho de ellos de forma consecutiva –la peor racha de su historia–, varios con números de nocaut.

Podemos imaginar cuánto marcaban los niveles de frustración arterial en cada jugador, y especialmente en los miembros del cuerpo técnico del equipo, sin ningún buen adjetivo que poner a su favor, tras días de escasísimo béisbol. En ese instante crítico, una equivocación arbitral se convierte en la justificación –vacía, pero justificación al fin– para que el cuerpo técnico decida que es el momento de levantar tierra. De inventarse un gran cierre para que de alguna manera se sepa que aún podemos dar, y ser el show.

Así, tras la pérdida del juego 16 –sólo 5 victorias– cerró su paso el equipo cubano por la Liga Can Am. Con un acto que resume lo que fue para los nuestros el torneo: una triste parodia. No es extraño que el gran cierre tenga a Roger Machado dando pataditas de delantero de quinta división. O a Víctor Mesa, con sus panzadas a medio camino de luchador de Sumo. Considerando la actuación de nuestro equipo en la Can Am, parece obvio que el torneo acabara con malos gestos técnicos de cualquier deporte, y nada de béisbol

Lo han repetido una y otra vez nuestros directivos: la pelota en Cuba será “revolucionaria” o no será. Hay que reconocerles su rotundo éxito. Así acaba otra vez. Reducida a muecas técnicas de pésimo fútbol. Defendida por semibarrigas de lucha Sumo. Pareciéndose a una mala tarde en el potrero. Mucho polvo, poca sangre. Un mal show.

Puedo entender la frustración de Roger Machado. En gran medida es la de todos. Entiendo la frustración de un hombre que ha jugado en el Cuba A y ahora dirige un equipo con la calidad del Cuba D y los resultados del Chipre E. Entendemos la presión que representa ser la punta del iceberg de un problema que toca abismos a los que él no puede llegar. Uno entiende, porque las pataditas de Roger que no son ni siquiera originales  –se  aprenden con cinco años en las academias de béisbol– más que el reflejo de un fracaso puntual, son otro síntoma de esta enfermedad que a fuerza de no tratarse, parece que nunca va a acabar.

Víctor Mesa

Víctor Mesa. FOTO: Captura de pantalla

Lo entiendo, pero no lo justifico. No justifico que se comporte como el director de los Manigüeros de Tumba la Mocha. Las culpas respecto a la situación en la que está hoy el béisbol cubano lo superan,  pero en ninguna medida lo exoneran de sus responsabilidades ante este tipo de shows. Y cuando digo Roger Machado, digo todo el cuerpo técnico, digo el equipo todo. A estas alturas a nadie se le ocurre exigirles que ganen como Cuba. En cambio, exigimos que no pierdan como su caricatura.

Las preguntas que sobrevienen son evidentes. ¿Cómo harán el director del equipo nacional, y el de los Industriales, para hablar de disciplina, de respeto por el deporte a los  peloteros de todas las categorías en Cuba si en lugar de disculparse por el show se han escudado en una supuesta mala calidad de los jueces del certamen? ¿Cómo encaja este espectáculo con el discurso de trabajar duro en la disciplina como premisa para recuperar las Series Nacionales?

Qué vergüenza. Qué lástima nuestro béisbol cada vez menos sustantivo. Empanizado de adjetivos: “revolucionario”, “digno”, “rebelde”, “patriota”, “libre”, “puro”, “íntegro”, “limpio”, “antiesclavista”. Harina sobre harina que no logra disimularle tanta falta de sustancia. Tanta ruina. Qué lástima estos días en que ver jugar al Cuba, lejos de regalarnos el olor que en la bola deja el palo de guayaba, el buen juego, nos tienen respirando polvo de maizal. Tierra levantada por la más típica y triste perreta de potrero.