El 2014 no fue un buen año para el triple salto femenino cubano. Sin embargo, en esta modalidad con tanto pedigrí, los pinchos de Liadagmis Povea (Pinar del Río, 1996), seleccionada entre la decena de atletas juveniles cubanos descollantes, aportaron brillo. Muchos la recuerdan como subtitular mundial juvenil en Oregón, Estados Unidos, 2014. Su secuencia, la adrenalina, y la autoconfianza emergieron como divisa triunfal, pues sus 1.63 m de estatura y 54 kg de peso, distan de perfilarse como el físico idóneo para cualquier triplista.

Esta presencia en suelo estadounidense comenzó siendo un calvario. Marchaba tercera del ranking amparada en sus 13.73 m, pero al momento de la inscripción definitiva, aparecía octava; motivo para elevar el estrés y cubrir de incertidumbre la posibilidad de una gran actuación. Liadagmis hizo caso omiso a todo eso, calmó las tensiones de su entrenador Marcos Juvenal y luego, a la hora cero, después de clasificarse entre las doce finalistas con estirón de 13.55 m —segunda por detrás de la francesa Rouguy Diallo (13.77 m y luego 14.44 m merecedores del cetro)—, abrió en la definición con marca personal de 14.02 m.

«Fue mi mejor expresión de la entrega al entrenamiento. Desde que entré al equipo nacional, en septiembre del 2012, pensé en alcanzar un resultado de primer nivel en la categoría juvenil que me catapultara y reafirmara mis potencialidades de cara a compromisos competitivos élites», nos sentenció la atleta, que tiene en el brinco (primer movimiento de la mecánica de salto) su principal arma.

Liadagmis Povea en el Campeonato Mundial Juvenil FOTO: Getty Images

Liadagmis Povea en el Campeonato Mundial Juvenil FOTO: Getty Images

Povea además nos contó sobre su tránsito en el campo y pista, marcado por la presencia de Marcos Juvenal y Lázaro Martínez como respectivos entrenador y coequipero: «En la EIDE solía hacer 50 m con vallas, altura, bala-espalda y longitud. De esos eventos siempre fue la altura el que más me motivó, pero le tenía temor a entrenarlo. Actualmente estoy enfrascada en aumentar mi masa muscular y elevar los parámetros de fuerza, que se traduciría en aligerar la carga sobre mi pierna después del brinco (alcanza casi seis metros), para que no sufra en la transición al péndulo.

»Marcos Juvenal es muy peleón, digo, exigente, pero su metodología nos ha hecho evolucionar y materializar rendimientos estables. Con Lázaro converso mucho; es el mejor del mundo en nuestra categoría y los intercambios de experiencia sobre la técnica, los sistemas de entrenamientos y las motivaciones, siempre son beneficiosos».

La joven triplista está consciente de que aún tiene elementos que mejorar: «Debo reducir un poco el brinco para llegar menos expuesta y coordinarlo bien con el paso. Dependo mucho de la velocidad de mi carrera y la explosividad en el despegue. Si consigo engranar esa cadena, aspiro a superar los 14.50 m antes de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016».

También escuchamos la opinión especializada de su entrenador: «Liadagmis tuvo un 2014 de progresión absoluta respecto a sus primeros cursos, en los que presentaba lastimaduras en las rodillas debido a su endeble constitución; de ahí que nos hayamos dado a la tarea de fortalecerle todos los planos musculares y elevar sus indicadores de fuerza. Si mantiene sus sesiones a un alto nivel, podrá estabilizar sus resultados sobre 14.20 m y luchar por una plaza a los Juegos Panamericanos de Toronto, siendo aún juvenil. Es una triplista que depende de su carrera, con un sistema similar al de los estadounidenses, traducido en velocidad y potencia al despegar de la tabla. Su desplazamiento de impulso consta de catorce pasos y su pierna izquierda es la de despegue. Eso sí, en coordinación, altura del pie de péndulo durante el paso, postura idónea durante el vuelo y otras cuestiones relacionadas con la técnica, tiene aún que mejorar».

De solucionar estos elementos, estaríamos hablando del relevo de la escuela cubana de triple salto. Por ahora, será crucial que continúe con sus pinchos revestidos de ambiciones.