NUEVA GERONA- Dainier Gálvez recogió sus bártulos y cruzó el mar que separa la isla de Cuba de su isla natal, la de la Juventud. Lo hizo sin dar explicaciones a una afición pinera que le confió los grados de capitán de su súper 12 o sea de Michel Enríquez, con el que una y otra vez le comparaban.

“Era el que más se le parecía, en disciplina en el home, a la hora de discriminar los lanzamientos, y en carácter”, me dicen cerca del Cristóbal Labra, el estadio donde el capi se formara y brillara.

Gálvez, fue líder en dobles de la clasificatoria de la 56 Serie Nacional y solo pifió 3 veces en la defensa de la segunda almohadilla, primero con los Piratas, luego con los Tigres. Con los primeros se siente invisible, por los segundos acaba de mudarse. Gálvez jugará la 57 Serie con Ciego.

Los comentarios a este lado del Caribe continúan, es una realidad que ya pidió la baja y se la otorgaron. Nada legal lo une a los Piratas, nada más allá que lo sentimental. En la calle-unos con dolor-describen que lo vieron con una camiseta de los Tigres, añade que “parece que lo tiene muy claro”.

Por supuesto, si en el año del Clásico Mundial, el Cuba no tuvo sitio para él y sí para el granmense Carlos Benítez, algo se está haciendo mal. Gálvez sin endilgarle culpas a nadie, supone que es su situación geográfica.

El veterano y hasta el play off de 2017, casi desconocido Benítez, había estado en situación de ensueño durante la temporada en que los Alazanes sellaron todas sus faltas con un cerrojo defensivo importado en el diamante, más el aporte del internacional Alfredo Despaigne.

Gálvez, pedido en la segunda vuelta por el mentor avileño Roger Machado, después de “romperla” con los Piratas, seguía lúcido y constante en sus promedios, en sus funciones, mas para infortunio suyo, Granma fue el campeón de la liguilla cubana. El hasta entonces descartable Benítez asumió el papel que debió desempeñar Gálvez.

En el Caribe no se le extrañó, en el Clásico fue otra la historia. El 091 del granmense, sin embargo intocable en el line up del Mundial beisbolero, encendió los alaridos de entendidos y desentendidos y Gálvez seguramente se interrogó: ¿Ahora?

En la Isla se rumora, que si le dieron casa, que si allá lo tratan mejor, que si para que lo lleven a un “Cuba”, pero lo cierto es que les acaba de suceder lo inesperado. El capitán es el último en abandonar el barco, y no fue el caso. El capitán acaba de bajarse, y montarse en otro…barco, aunque dentro del mismo archipiélago, aunque la media suele ser rumbo a otros lares.

Dainier-Galvez

FOTO: Ricardo López Hevia

Y ya estos casos dentro de casa se multiplican. La sensibilidad pinera por la pérdida de Gálvez, se une al contrato casi silencioso de Michel Enríquez con los Centinelas de Mexicali. Desde el mal habido embrollo de Despaigne y su falso pasaporte en México, las cuestiones aztecas, andan de la mano de relaciones más personalizadas. Los Mochis tienen además entre sus decisores una semi jerarquía cubana.

En pocas palabras, la partida de capitanes, fue servida doble, una por intentar ser el segunda base invisible, el otro por buscarse la vida, cuando su carrera iba en picada. ¿Los Piratas? Van a tener que remar duro, río arriba, y en canoa.

* 72 horas después de escrito el artículo. La reportera supo desde Ciego, que a Gálvez le negaron la liberación, pese a solicitarla. Al parecer la dirección pinera da sus últimos intentos por retenerlo, al menos desde el plano legal.