No solo en el 80 nos dividió “el quédate o vete”, como reza la canción de Carlos Varela, Siete. Luis Zayas, pelotero cubano, fumador de tabaco, sociable, mulato alegre que compartió camerino con estrellas del mejor béisbol del mundo durante sus años mozos, vivió la misma disyuntiva muchos años antes.

Cuando era muy pequeño, en la escuela primaria, jugó pelota con Camilo Cienfuegos. “Él era un buen receptor, estaba en sexto grado y yo en segundo”, recuerda.

De esta manera Zayas, de 81 años y con total claridad de ideas, comienza la conversación, sentado en la sala de su casa, rodeado de “fotos y recuerdos”.

El legendario robador de bases, fugaz de home a primera, solo superado por Mickey Mantle, debutó en el año 1955 en clase C, fuera de Cuba. Tres años más tarde, en 1958, le llamaron de los Cuban Sugar Kings (Reyes del Azúcar), equipo de las Ligas Menores de Béisbol que participó en la International League de nivel Triple A desde 1954 hasta 1960, afiliados a los Cincinnati Reds, y con sede en el otrora Estadio del Cerro, hoy Latinoamericano.

¿Todos tienen las características para jugar en Ligas Profesionales?

Cuando yo llegué me dijeron que debía jugar los jardines, el center específicamente, pero que tenía que mejorar algunas cosas. Así no iba a empezar en las grandes, tenía calidad pero no me daba para clase A ni B. Tuve la suerte de poder entrenar en el equipo grande con los Dodgers, por eso aprendí mucho más. Para ser profesional se necesita disciplina, te están pagando para que des el máximo. Cuando aquello no había millones, pero el mínimo que yo gané fue 7 500 dólares, bastante para la época.

Las condiciones para entrenar y jugar

Aquí a veces no hay ni pelotas para entrenar. Allá todo está planificado. Cuando empieza la preparación no falta absolutamente ningún aditamento.

Luis Zayas. Foto: Patryoti.

Luis Zayas. Foto: Patryoti.

¿Por qué nuestra pelota ha decaído tanto?

Todo el mundo lo achaca a que los peloteros emigran, pero no es cierto. Hay muchos que juegan allá y son buenos; no obstante, los de aquí también lo son. Creo que el mayor problema lo tienen los entrenadores de hoy.

Ahora todo gira alrededor del microciclo y el macrociclo, pero a nosotros los veteranos nos han tirado al olvido. El coach de banco debe ser una persona con conocimientos de béisbol, no cualquiera. Por ejemplo, alguien que haya jugado en la gran pelota y tenga también la teoría.

Veo muy mal a nuestro beisbol. Los muchachos están pensando nada más en inventar para irse a jugar a otras ligas y por eso los equipos no están bien. La vida ha cambiado mucho.

¿Es perjudicial que los cubanos jueguen en ligas profesionales?

No, pero no es bueno que el calendario coincida con nuestra pelota. Hay que coordinar la Serie Nacional, primeramente, fuera del período de lluvia, y después tenemos que hacer lo posible para que los peloteros puedan jugar una liga en verano y otra en invierno, así no los perdemos.

¿Quién gana esta Serie Nacional?

Ciego de Ávila tiene un gran equipo. Industriales no tiene pitcheo. A mí me gusta Las Tunas para campeón.

¿Cuánto puede afectar un criterio mal dado por los medios que trasmiten y opinan sobre béisbol en la Isla?

No veo la pelota muchas veces para no oír a los narradores. Confunden los lanzamientos, dicen que había que tocar la bola cuando no había que hacerlo. Sigo a los Industriales y a veces pongo la radio y bajo el volumen del televisor. Tampoco me gusta que defiendan solo al manager que va a dirigir el equipo Cuba o al que está ganando. El año pasado solo hablaban de Martí, ya no. De Anglada dijeron maravillas al comienzo de la Serie, pero como los azules han temblado en los últimos partidos, ya no lo mencionan.

¿Mientras vivió en los Estados Unidos le afectó el racismo?

Jugué en Savannah, Georgia, en clase A. Allí vi al Ku Klux Klan quemar una casa. Sin embargo, con los peloteros nunca se metieron. Cuando jugué en Wenatchee, Washington, mi lugar preferido de toda Norteamérica, me trataron como a un rey. En el 57 ganamos el campeonato y al año siguiente vine para los Sugar Kings.

Foto: Patryoti.

Foto: cortesía de Luis Zayas.

¿Por qué regresó a Cuba?

Esa es la historia más bonita de mi vida. A finales de los 50, Tom Lasorda me vio jugar aquí en Cuba y me ofreció jugar con el Montreal, y allí me fui. Me colé en el roster de los 40, de la liga grande, pero triunfó la Revolución.

Entonces tenía que decidirme, o me quedaba o regresaba. Yo estaba enamorado de mi difunta esposa, así que regresé por amor, porque estábamos prometidos y finalmente nos casamos. Aunque también vine porque amo a Cuba, este es el mejor lugar del mundo. Luego pude jugar en México hasta mi retiro en 1967, iba y venía, aquí trabajaba como entrenador.

Cada sábado viene a verme un señor de la embajada estadounidense, porque soy el único pelotero de los Sugar Kings que queda vivo en Cuba. Ellos se preocupan más por mí que los directivos cubanos, pues los de aquí no me llaman, ni siquiera el día de mi cumpleaños. Puedo irme cuando quiera, sin embargo, prefiero estar aquí.

¿Tenía para más cuando se retiró?

Sí, pero necesitaba estudiar. Por ello me hice profesor de Educación Física. Empecé a viajar a todas las provincias para trabajar como entrenador. No quería que me pasara como esos deportistas que no se preparan intelectualmente.

Foto: Patryoti.

Foto: cortesía de Luis Zayas.

¿Cómo le fue en esa etapa?

Fue un período largo, hasta el año pasado trabajé tres meses con Víctor Mesa en Industriales. Él me mandó a buscar, igualmente lo hizo Anglada esta temporada, pero ya me resulta difícil estar tanto tiempo de pie en el terreno, así que le dije que no.

En México también trabajé como entrenador por un período de seis años. Luego fui comisionado de softbol y gané las dos medallas de oro para Cuba en los Centroamericanos de 1990, femenino y masculino, y el señor Tomás el Jabao Herrera, me dijo que no podía cobrar el dinerito que nos daban, porque yo no era entrenador, sino comisionado. No obstante, las medallas me las colgaron en mi cuello. Hoy en día solo me pagan 30 CUC mensuales por haber sido profesional y una ristra de cebollas cuesta 6 CUC.

Me gustaría finalizar agradeciéndoles a mis amigos canadienses que me ayudan bastante, a mi novia y futura esposa, a mi médico y vecino. Y muy especialmente a ustedes, que me han venido a entrevistar, pues me han proporcionado ganas de vivir. Como he dicho antes, aquí me atienden muy poco.