Marianao y Buena Vista son dos lugares difíciles de la capital. Lo son por separado, pero las cosas cambian para mejor justo donde estos barrios hacen fronteras, y deciden jugar al fútbol.

Hace dos años fue inaugurado un torneo de futsal en unos de los terrenos de la zona. Desde el principio fue más que un pasatiempo, porque a través del deporte se podía fomentar valores en los participantes. Pero ni siquiera su organizador anticipó lo provechosa que sería la idea.

“Antes de recibir cualquier ayuda del exterior, tenemos que ayudarnos nosotros”, dice el profesor de matemáticas de pre-universitario Edgar Carlos Herrera Gonzáles, líder del proyecto comunitario Mi barrio sueña.

Edgar Carlos Herrera Gonzáles, líder del proyecto comunitario Mi barrio sueña. Foto: Marcel Villa.

Conformada por 16 equipos de 16 jugadores cada uno, cinco de ellos sobre la cancha, la liga “La Caliente” se desarrolla durante 4 meses. La clasificación se decide por puntos, y en caso de empate, se toman en cuenta los resultados entre los equipos igualados, la diferencia de goles, los goles a favor, y el fair play.

En las tardes de los sábados y domingos, la jornada comienza con la colocación de la bandera cubana en un mástil improvisado, y un acto protocolar de presentación entre los conjuntos. Desde una mesa ubicada al borde del terreno se monitorea el desafío, se toma minuciosa nota de las estadísticas, y a esta se dirigen los capitanes al final de cada partido para validar el resultado con su firma.

“Aquí todo está bien organizado y el responsable es Edgar. Él consiguió los árbitros, las mallas, las pelotas. Da ganas de venir aquí”, cuenta uno de los futbolistas.

Al preguntar a Edgar por las razones que lo llevaron a tomar esta iniciativa, responde que son muchas, pero una las resume todas: “amor a mi comunidad y a las comunidades de Cuba.”

“Estamos en la frontera de Marianao y Buena Vista, un entorno favorable para que los jóvenes delincan. Tratamos de incorporarles valores y así contrarrestar los males sociales que los afectan”, añade.

El reglamento tiene una función educativa. Quien llegue tarde a un encuentro pierde su derecho a jugarlo, y las riñas se castigan con la expulsión del torneo. Deben ser respetuosos, en especial con los árbitros, algunos de los cuales son mujeres.

Proyecto comunitario Mi barrio sueña. Foto: Marcel Villa.

Proyecto comunitario Mi barrio sueña. Foto: Marcel Villa.

“En dos años podemos ver el crecimiento de los jóvenes, no solo en el nivel deportivo, sino también en su comportamiento social. En la zona han bajado los índices de violencia, así como la desocupación. Y es que se puede lograr mucho con educación. Yo me gradué de profesor, y si volviera a nacer, escogería ser profesor.”

Edgar hace énfasis en los beneficios de la competencia y cree que debería extenderse. “Yo quiero que los jóvenes aprendan a competir, con respeto, disciplina y trabajo en conjunto. Es a partir de ello que logramos el profesionalismo en lo que hacemos, y eso es importante.”

Se han topado con alguna que otra dificultad. “Las de siempre”, dice. El torneo no es ajeno a los avatares nacionales, pero se las ingenian dentro de lo posible para encontrar soluciones. “Entre las colectas de los jugadores y la ayuda de algunos negocios, hemos logrado costear desde pelotas, mallas y uniformes, hasta el pago a los árbitros y el arreglo de los terrenos.”

Mi barrio sueña se distingue por las soluciones que encuentran para garantizar su financiamiento. Desde un inicio establecieron vínculos con ciertos negocios del área. La ayuda con implementos deportivos que reciben de estos, la retribuyen con promoción. Incluso, se ha insertado una especie de valla publicitaria en el terreno, y un boletín que circula en la comunidad también tiene espacios destinados para este fin.

Es una especie de convenio de patrocinio a medias con fin social, y no declarado, porque los negocios aún no se adentran de lleno. Para que el vínculo se materialice en toda su dimensión, es importante tener el visto bueno del Consejo Popular de Buena Vista.

“Una vez nos legalicemos, podrán involucrarse de forma oficial quienes quieran ayudar. Creo que hay cierto temor en los negocios a ser perjudicados ya que no somos legales del todo. A nosotros nos toca demostrar la viabilidad y seguridad del proyecto.”

Edgar Carlos Herrera Gonzáles, líder del proyecto comunitario Mi barrio sueña. Foto: Marcel Villa.

Basados sobre esta relación, se está creando una bolsa de empleo en la cual los emprendimientos anuncian sus plazas vacantes, con la cual se integra a los jugadores en el mundo laboral.

Mi barrio sueña no ha parado de expandirse. Ya se han insertado equipos de varios municipios de la capital.

“Es una gran maquinaria con un motor inmenso. Los impulsos son las personas que viven en estos barrios. Ese es el objetivo, que todos se involucren y que se pueda ampliar la propuesta hacia otras comunidades”, afirma.