Onel roba el balón a escasos metros de la bomba central y arranca a toda velocidad contra la defensa del Manchester United. Se escurre entre un mar de uniformes rojos deslizando el balón entre los pies de McTominay. Ya dentro del área, y con una tranquilidad pasmosa, fulmina por bajo a David de Gea.

El gol no modificará el resultado. No importa. En un lance típico de nuestra caribeña manera de ser, levanta el mentón, eleva su dedo índice, y luego ­—al más puro estilo de un mambí— su mano derecha simula un machete que arranca de raíz aquel estigma de que el cubano no sabe jugar al fútbol.

Nacido en la ciudad cubana de Morón, Onel emigró a Alemania a los seis años de edad. Ha vivido la mayor parte de su vida en el viejo continente. Aun así, su identificación con el país caribeño siempre aflora en su discurso. “Allí nací y allí vive mi familia — explica— y nunca he olvidado mis raíces y siempre he sido cubano al cien por ciento.”

Siendo Cuba un país henchido de grandes figuras deportivas, Onel Hernández ha logrado convertirse en un ícono representativo de nuestro deporte en todo el mundo. Para los cubanos, la Premier League tiene un sabor diferente esta temporada. Cada vez que Onel salta a la cancha, toda Cuba salta con él. Es una responsabilidad que el extremo del Norwich City asume con naturalidad.

“Estoy muy orgulloso de eso, también de los buenos deportistas cubanos que tenemos. Estoy muy feliz de representar a mi país en el mundo, especialmente en la Premier League.”

La identificación con Onel se ha extendido a lo largo y ancho de la Isla. Las redes se han convertido en el principal depositario del clamor por su convocatoria al elenco nacional. Las muestras de afecto y los buenos deseos para el jugador avileño son ya cotidianos. Aun así, no han faltado aquellos que cuestionan su cubanía bajo argumentos tan superficiales como pueden ser el idioma o el contexto en el que creció.     

“No me importa lo que la gente diga —sentencia Hernández—. Nací en Cuba, tengo pasaporte cubano, mi familia vive allí. También hablo español, no perfecto, pero lo suficiente como para que las personas me entiendan.”

En el Norwich City, Onel comparte vestuario con jugadores de talla internacional. Cada fecha FIFA, muchos de sus compañeros en el club canario son llamados a sus respectivas selecciones, sin embargo, al futbolista cubano le ha tocado ver los toros desde la barra por razones totalmente ajenas al fútbol. “Es triste no poder jugar para mi propio país, al igual que otros jugadores cubanos por todo el mundo”, declara.  

Quizá, el mayor acercamiento tuvo lugar en noviembre de 2018. Previo al partido de Liga de Naciones ante República Dominicana, la Asociación Cubana de Fútbol realizó el procedimiento establecido por FIFA para incorporarlo a las filas de la selección. Incluso, la página oficial del Norwich se hizo eco del acontecimiento.

A pocos días del partido, su convocatoria fue vetada por las instancias superiores del deporte en la Isla. Tras este suceso, Onel confiesa no haber recibido jamás comunicación de la parte cubana.

“No, nunca más —asegura—. Ni llamadas, ni comunicados, ni mensajes. Nadie allí ha vuelto a contactarme de nuevo.”

Por aquellos días, se conoció que Hernández llegó a proponer a las autoridades deportivas cubanas costear todos sus gastos con tal de hacer efectiva la convocatoria. “Sí, es cierto — nos confirma el jugador—. Pagaría todos los gastos por mí mismo si pudiera ir y jugar para mi selección nacional.”

Algo que —de materializarse— convertiría en una realidad su sueño de vestir la elástica cubana. Aunque, por otra parte, le expondría a condiciones de alojamiento y entrenamiento muy distantes de las que vive cotidianamente en la meca del fútbol europeo. Para Onel, esto es totalmente secundario: “Las condiciones no son un problema si esto significa que puedo jugar para mi propio país”, asevera.

Mientras este proceso se dilata, Hernández continúa creciendo en una de las ligas más competitivas del mundo y su nombre comienza a ganar enteros en el planeta fútbol. Además del cubano, el orgullo de Morón posee el pasaporte alemán, y este constituye uno de los temores de un amplio sector de la afición. Muchos se preguntan qué sucedería si el día de mañana tuviera que elegir entre Cuba y Alemania. Esta duda, parece no habitar en la mente de Onel:

“Sin discusión. Si Cuba me llama yo estaría ahí, representando a mi país.”