Pedro Chávez es puro béisbol. Desde la tranquilidad de su casa, el mítico jardinero cubano deja volar los recuerdos de su vida en la pelota. No olvida cómo vistió por primera vez un traje de béisbol y habla, también, de la dejadez de las autoridades para atender su último empeño en favor del juego que ama: un terreno que él mismo concibió para la formación de nuevos talentos.

Cuenta de su infancia trabajosa, de los sucesos del Cerro Pelado y de cómo era jugar en sus tiempos; además, narra su experiencia como director de Industriales y el equipo Cuba, y opina sobre la formación de talentos, las buenas prácticas que han perdido los entrenadores en el país, y la reiteradas malas actuaciones en la arena internacional.

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Pedro Chávez. Foto: Hansel Leyva.

Los comienzos de una leyenda

Esta leyenda de la pelota cubana nació en una finca muy pequeña cerca de San Antonio de los Baños. De niño aprendió a ordeñar vacas, arar la tierra con bueyes y tuvo que trabajar en lo que apareciera para sobrevivir. Pero cuando tomó por primera vez un bate en sus manos, al pequeño Pedro le quedó claro que su futuro estaba en los campos de pelota.

“Cerca de la casa vivía un señor que hizo un terrenito. Él tenía bates, pelotas y guantes (algo muy difícil en aquella época), y desde los 6 o 7 años empecé a jugar y poco a poco cogí tremendo embullo.

“Cuando tenía 14 vine para La Habana a trabajar en una Caficola. Ahí pude aguantar un tiempo, pero… ¡qué va! Tuve que cambiar porque en ese lugar era muy difícil jugar. Regresé para Santiago (de las Vegas) y conseguí un puesto como jardinero en una fábrica de propiedad americana para competir en varias ligas amateurs que existían en aquella época. La vida me la gané desde muy joven, aunque nunca descuidé la mirada de la actividad que amaba, la pelota”

Así transcurrieron algunos años y Chávez, poco a poco, se fue abriendo camino en el béisbol amateur. Así llegó a disputar partidos en la Liga de Pedro Betancourt, donde llegó a conquistar la triple corona.

En 1959 participó en los Juegos Panamericanos de Chicago como tercera base y center field del representativo cubano. Sin embargo, nunca vistió la franela de ninguno de los equipos de la Liga Profesional Cubana por decisión propia. “Tuve la oportunidad, porque vinieron varios scouts a verme, pero no quise”, afirma.

El fin del profesionalismo en Cuba

Con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, en el país comenzaron a ocurrir numerosos cambios, que también incidieron en el béisbol. El torneo profesional cubano, considerado el mejor de América Latina, desapareció y en su lugar nacieron las llamadas Series Nacionales, entonces protagonizadas por nuevas caras: había llegado el turno a los aficionados.

Al comenzar la primera Serie, Pedro contaba con 26 años y mostró credenciales de un beisbolista maduro e indetenible bate en mano. Dos veces quedó líder de los bateadores, en 1964 con las novenas de Occidentales (333 ave) y en 1967 con los Industriales (318 ave).

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Pedro Chávez.

“Una de las mejores sensaciones de esa Serie fue jugar en el Latinoamericano, porque los equipos amateurs iban muy poco allí. Los organizadores tenían temor de que con la eliminación del profesionalismo el público no aceptara a los nuevos equipos, pero jugábamos con tanto amor que los estadios empezaron a llenarse”.

Esa primera temporada quedó campeón con Occidentales y al año siguiente debutó con Industriales, conjunto que le dio la posibilidad de coronarse como jugador durante tres temporadas. Después, como mánager, vinieron otros dos títulos. Entre estos, quizás el más recordado por los capitalinos y Cuba entera sea el conseguido con aquel jonrón de Agustín Marquetti en 1986, uno de los más espectaculares de los torneos domésticos .

Pedro Chávez tenía un talento natural. Sin haberse formado en ninguna escuela deportiva, alcanzó números envidiables: en 1389 visitas al plato conectó 399 hits, 53 dobles, 19 triples, 22 jonrones y pisó la goma en 215 veces. Ese niño rubio y un poco escuálido que trabajaba en la finca de su padre se convirtió en la primera figura que daba el béisbol amateur.

La hora del retiro siempre es complicada, máxime cuando se trata de un atleta con tanta impronta ¿Cómo fue ese momento?

La decisión llegó cuando me percaté de que no era el mismo, los hombros me dolían mucho y casi no podía batear. Pero no colgué los spikes, rápidamente tomé las riendas de Industriales y ganamos dos campeonatos. Con los juveniles también manejé la selección nacional y vencimos en cuatro finales. 

Quizás, como mánager del Equipo Cuba, la decisión que más polémica generó fue sentar a Antonio Muñoz y poner a Lázaro Junco como emergente

Eso fue en el mundial de 1984, en Puerto Rico. Una jugada difícil. Antonio Muñoz no tenía sustituto, pero yo tenía tres jardineros tremendos, Víctor Mesa, Lourdes Gourriel y Luis Giraldo Casanova, por lo que Lázaro Junco casi no podía jugar. En los juegos de exhibición lo ponía mucho, y pensaba que si se me daba una situación donde necesitara bateo lo iba a mandar a él. Muchos quisieran tener un emergente como el matancero.

Le dije a Junco que se preparara para que bateara por Muñoz. Estábamos en el final del noveno y el juego 4 -5 a favor de los rivales. Yo no había podido hablar con Muñoz, pero él no se molestó, le dijo: ¡dásela tú! Y me salió bien, porque Junco dio un batazo tremendo.

Pedro Chávez.

¿Cómo era jugar pelota en sus tiempos?

Cuando jugábamos la entrega era mayor y nos cuidábamos más. Tenía amigos como Manuel Alarcón, Modesto Verdura y José Antonio Huelga, pero cuando jugábamos éramos rivales, y eso es algo que se ha perdido, esa revalidad sana, respetuosa.

Pienso que no solo eso, sino que, además, existen técnicas de entrenamiento que se han perdido. Ramón Carneado era un mánager de una mentalidad y un desarrollo extraclases, ese hombre dirigió cuatro años y no pudo estar más tiempo al frente de los azules porque no se lo permitieron. Ese sí se las sabía todas, porque ahora están con lo de la sabermetría, pero eso es algo que se hacía, aunque de otra forma.

Cuando me tocó dirigir tenía un hombre designado para ir a las subseries de los equipos con quienes nos tocaría jugar y esa persona anotaba todo lo sucedido. Tenía que estar preparado, para saber qué tipo de lanzamientos les costaba más a los bateadores, hacia que banda del terreno halaban la pelota. Luego trazaba la estrategia y daba indicaciones a mis serpentineros.

Llama la atención las reiteradas malas actuaciones de Cuba en el extranjero

Eso es un hecho. Lastimosamente sucede así. No obstante, también es cierto que los contrarios se han superado mucho. Ahora los japoneses, los canadienses, los coreanos, que antes machacábamos, juegan bien y nosotros no nos hemos superado, piensan que con viajar se resuelve todo. Hace falta topar, pero no excederse previo a comenzar el torneo porque el contrario también conoce de béisbol y estudia a los nuestros.

Tenemos que trabajar desde la base. Al menos les van a dar uniforme, porque no todos podían dar 20 cuc para comprarse uno, pero insisto, hay que trabajar bastante.

También veo muchos cambios en la Serie Nacional, una provincia gana con casi diez peloteros que son refuerzos, eso no está bien. Lo mejor es una serie como estaban antes las selectivas, 4 o 6 equipos, una pelota fuerte y de ahí es que sale el que va a representar a Cuba. Parece que algo de eso viene, ya era hora.   

¿Le preocupa la formación de nuevos talentos?

Sí, claro. Como me formé en un terrenito, quise hacer uno para que los niños de Santiago de las Vegas entrenen y se conviertan en nuevos peloteros. Hablé con el Poder Popular y me apoyaron, y se hizo un terreno con todas las de la ley. Yo mismo trabajé en su construcción, pero se ha deteriorado porque no buscan las personas idóneas para su mantenimiento

¿En qué condiciones se encuentra actualmente?

Ahora lo chapearon un poco, pero hace unos días eso era un yerbazal. Hasta caracol gigante ha proliferado. Hice hasta donde pude, hablé aquí, allá y nadie era el responsable. Un amigo me hizo el favor de hacerme los planos para arreglarlo y los presenté a las instancias pertinentes, y el presupuesto no era alto, pero empezaron con el peloteo y ya no tengo salud para estar en esas cosas.