Municipio 10 de Octubre. Calle Patrocinio y Poey. Terreno de la escuela Thomas Alva Edison. Unos cincuenta niños juegan a la pelota caliente y se exhiben ante sus primeros fanáticos: los padres.

─«¡Dale muerto, dale duro a la bola!»
─«¡Alambre, trompeta, a 10 de Octubre se respeta!»

Mientras la pizarrita metálica anuncia un final electrizante, el profesor principal, el Licenciado en Cultura Física Yarioska Rondón, logra darse una escapadita y comentarnos: «Estos niños se juegan la vida aquí. Aunque, en honor a la verdad, la presión se convierte en risa y todos salen ganando».
10 de Octubre es una de las localidades habaneras más comprometidas con el desarrollo de talentos beisboleros. Tiene cinco estadios para niños: el Butari, el Cardona, Villa Marista, el Luyanó, que es el Ferroviario, y el Edison.

Niño jugando beisbol

FOTO: Pedro Enrique Rodríguez Uz

Los muchachos juegan un campeonato municipal de todos contra todos. Después, los dos primeros lugares juegan un Play Off de cinco a ganar tres; se saca el campeón y se seleccionan a los peloteritos más destacados para conformar el equipo que representará al municipio en los torneos provinciales. Los entrenamientos ocupan las tardes de lunes a viernes, de 4:20 p.m. a 6:00 p.m., y las mañanas de los sábados y los domingos, de 10:00 a.m. hasta las 12:30 p.m. El profe Yarioska nos comenta que asumen dos objetivos: «que los niños se diviertan, y que aprendan a jugar pelota».

─«¡Sube el codo muchacho!»
─«¡Miguelito, pon el guante en la tierra!»

En el Edison trabajan cinco profesores, tres de ellos graduados de Cultura Física y los otros dos son activistas. Se entrenan tres categorías: la sub 12, la 8-9 años y la 7-8, que solo se practica en Cuba, pues según Rondón en otros países se comienza a partir de los diez años.

Niño y profesor de besibol

FOTO: Pedro Enrique Rodríguez Uz

«A pesar del griterío que se oye aquí, somos muy exigentes a la hora de seleccionar a los muchachos. Es duro, porque estos niños apenas están en la primaria; pero si quieren ser grandes atletas tienen que sacar el máximo de los entrenamientos. Los padres también se sacrifican. Su responsabilidad no solo radica en traerlos en los horarios determinados, sino también en la fabricación de uniformes; la compra de implementos como bates, pelotas; y el cuidado del terreno».

Terreno de la escuela Thomas Alva Edison.

FOTO: Pedro Enrique Rodríguez Uz

Se ve claramente el talento de algunos muchachos, así sucede con Adrián Suárez, el 99, de ocho años, que batea y fildea como Yulieski Gurriel.
Jugar pelota es algo más que diversión y la oportunidad de ser protagonista de un evento importante. El deporte es saludable y deposita en los niños lecciones de disciplina, trabajo en equipo y rigor en entornos familiares. Para los padres el terreno funciona también como laboratorio, pues la interacción con competidores de varias localidades los ayuda a comprender mejor la personalidad de sus hijos.
El camino a la gloria en una profesión es difícil de emprender si los elementos básicos no están cimentados desde la infancia. El béisbol, de suprema importancia para la vida de los cubanos, no es la excepción. Alcanzar un puesto en el equipo nacional o provincial implica una dosis extra de tiempo, sacrificio y diversión en el terreno que los peloteritos del Edison parecen estar dispuestos a pagar.