La frase que titula este material la estampó en mi memoria Peter Bjarkman, un norteamericano seguidor empedernido, desde hace casi 20 años, de lo que se hace en la isla entre bolas y strikes. Sentado en un confortable sofá de una casa del Vedado capitalino, el también escritor dijo esta y otras tantas verdades -relacionadas con el deporte nacional-, en una entrevista que al final no fue tal, sino una peña entre varios conocedores de los resquicios del mundo beisbolero.

Desde que decidió dejar sus funciones como catedrático, Bjarkman se ha convertido en un referente para todo el que quiera acercarse a la pelota cubana -conocer su historia, las disyuntivas del presente y las proyecciones futuras. Sus libros, Smoke: the romance and lore of cuban baseball (escrito de conjunto con Mark Rucker, en 1999) y A history of cuban baseball, 1864-2007, avalan un criterio formado también en todos los estadios de la mayor isla antillana y en disímiles torneos internacionales.

“Cuba es un templo del béisbol. Ni en los partidos de las grandes ligas se disfruta tanto el deporte como aquí. Me gusta deleitarme con cada persona que asiste a los estadios: todos pendientes del partido, cuestionando cada decisión, con aplausos para las buenas acciones. Eso es único, y es lo que no se puede perder, a pesar de que ahora se hable mucho de la calidad”, -afirmó el norteamericano, quien acompañó una vez más en la isla a los integrantes del proyecto canadiense Cubaball.

Peter C. Bjarkman

Peter C. Bjarkman conversa sobre beisbol. FOTO: Pedro Rodríguez

Aquella mañana, en el cómodo mueble del Vedado, Peter encontró el complemento perfecto en el anfitrión Ismael Sené, una especie de Biblia para los amantes de la especialidad, sobre todo para los que nos dedicamos a la crónica deportiva. Con el influjo que supone estar rodeados de una de las mejores colecciones discográficas y literarias que sobre béisbol se tiene en Cuba, el dúo pasó revista a algunos temas polémicos; esos que provocan más de una discusión en las plazas del país.

Según Bjarkman, quien comenzó su acercamiento a Cuba a mediados de la década del 90, la mejor época de la pelota comenzó con el siglo XXI. “Hay que recordar que durante mucho tiempo se usó el bate de aluminio. Estrellas como Kindelán, Pacheco o Linares consiguieron números espectaculares, pero con ese aditamento especial. No dudo que con madera fueran unos extraclases, pero ya eso queda en el terreno de la especulación.

“Lo mismo sucede con las Grandes Ligas. Siempre me preguntan si esos que mencioné son mejores que los que brillan ahora en la Gran Carpa. Me parece que Yoennis Céspedes, José Dariel Abreu o Aroldis Chapman, por mencionar algunos, tienen una historia escrita en el máximo nivel, sin el signo de interrogación que queda en la carrera de aquellos que no jugaron allí”, -argumentó el estadounidense y no pude coincidir. Todo es cuestión de oportunidades, y mis dioses de la infancia son intocables, al menos en mi ilusión.

A esto se refirió Sené, -a los referentes beisboleros-, una cuestión que parece desterrada de nuestro pasatiempo nacional, principalmente en los más jóvenes. “¿Quiénes son los ídolos del presente? ¿A quién se quieren parecer los niños que practican béisbol? ¿Cuáles son los atletas que llenan estadios? Estamos obligados a revertir esta situación, construir nuevos líderes, aumentar el espectáculo, buscar ese jugador pimentoso como Víctor Mesa o Rey Vicente Anglada.

“Pero esto necesita de un cambio radical en lo que hacemos. Tiene que comenzar por lo elemental: la calidad de los terrenos -no solo los de la Serie Nacional, sino los del trabajo en la base. No eran pocos los parques que fabricaban talentos varias décadas atrás. Hoy no existen o no tiene las condiciones mínimas para cumplir con esta misión. El béisbol es más que el alto rendimiento. La verdadera tabla de salvación está en la formación de más y mejores peloteros, para un mediano plazo”, -aseveró Sené, analista habitual en el programa televisivo Béisbol de Siempre.

Bjarkman no se quedó atrás y confió que muchos creen que la apertura de las contrataciones con las Grandes Ligas es el estado ideal para que aumente la calidad en nuestro pasatiempo nacional. “Pero no será así. Si las principales estrellas de la Isla parten a la MLB, y no regresan a jugar invierno en el torneo doméstico, como hacían muchos en la década del 50 del pasado siglo, o no integran las selecciones nacionales, entonces no avanzaría el deporte en Cuba. Ocurriría lo mismo que en Venezuela y otros países de la región, que los del norte se llevan todo el talento en un viaje sin regreso.”

“La impronta de éxito y fortuna inmediata de varios jugadores cubanos en las grandes ligas -añadió Sené- atenta contra la permanencia de los jugadores en la liga cubana -a pesar de las regulaciones de finales de 2013 para la remuneración económica y las contrataciones en el extranjero, privilegio que solo ha llegado a unos pocos. Creo que los cubanos están viviendo el mejor momento de la historia en la Gran Carpa. Nunca antes habían brillado estrellas como Abreu o Céspedes.”

Peter, mientras revisábamos algunas revistas que reseñaban momentos trascendentales del béisbol, aportó más polémica con la afirmación de que los mejores equipos Cuba que ha visto son el de los Juegos Olímpicos de Beijing (2008) y el del Mundial de 2009. “Creo que fueron los más completos en los tres factores de juego y, a pesar de que no ganaron en ninguno de los dos eventos, daba gusto verlos jugar. No vi a las selecciones de la década del 70 u el 80, por eso las descarto, pero aquellos no enfrentaban la calidad actual en los torneos que participaban.”

El escritor norteamericano refirió tres momentos que ha vivido con mayor intensidad en la arena internacional. “En el primer clásico el equipo Cuba perdió la final antes de comenzar el juego. Creo que se contentaron con la plata, no los vi muy enfocados en ganar ese partido ante Japón. En el segundo clásico dijo, después de conversar una hora con Ariel Pestano, que era el receptor más inteligente que había conocido. En el tercero de esos eventos estaba encima del banco, en el Tokyo Dome, y me quedé con las ganas de ver salir al manager de la cueva para quitar a Norberto González y poner en su lugar a Freddy Asiel Álvarez. Después vino el jonrón holandés y el boleto de regreso.”

Para Peter Bjarkman, los peloteros cubanos del siglo XXI son los mejores de la historia, y así lo ha defendido en disímiles espacios. Polémico o no, es su criterio, que se resguarda en el hecho de que no vio jugar a estrellas de otras épocas. El espirituano Frederich Cepeda es el mejor bateador cubano de todos los tiempos, según su criterio, y refiere con orgullo que el mítico número 24 de los gallos es un ser humano de los que ya no fabrican.

Así concluyó aquel encuentro, con una despedida informal, porque Bjarkman nunca se va de la Isla sin tener el siguiente motivo beisbolero para regresar. Allí quedó Sené, quien, en un rincón del Vedado capitalino, tiene su casa como un verdadero altar al deporte de las bolas y los strikes.