Una vez más los yumurinos se impusieron a los Leones de Industriales en la subserie más morbosa del momento, una batalla en terreno pantanoso, donde siempre está en juego el honor y el orgullo, serie que Víctor Mesa juega con altos niveles de estrés y que el otro Víctor, Figueroa, daría lo que no tiene para ganarla.

En esta segunda etapa de la serie, de ocho partidos celebrados entre ambos, seis han ido a parar al casillero de victorias de los matanceros (7 de 11 juegos en total), y aunque ahora mismo era una muerte anunciada la derrota de los azules de la capital, en la ciudad de los puentes estallaron los fuegos artificiales, la conga y la euforia colectiva.

Pero la verdad que no hay mucho mérito en derrotar a un equipo desorientado y descolorido en el terreno de juego, donde sus lanzadores abridores no aguantan más de 3.34 entradas por partido, un equipo que utiliza un alto promedio de lanzadores por juego (5.3 por juego), que no le da tregua al bull-pen y que otorga más bases que ponches (158 BB, 157K)

Del equipo matancero, solo voy a destacar tres datos que, aunque no se manejan mucho a la hora de hacer comparaciones y buscar respuestas a rachas y victorias, son determinantes: Víctor Figueroa, su timonel, solo utiliza a 3.1 lanzadores por juego, estos tienen el mejor promedio de ponches por bases por bolas de la serie, 1.90 (200K y 105BB) y sus corredores alcanzan una base extra en el 73.5 por ciento de las veces que lo intentan (25 en 34), siendo el único conjunto que ha tenido, en esta segunda fase, más de 500 corredores en posición anotadora.

Visto de esta manera, dudo que muchos hubieran apostado una moneda al más azul de los equipos en esta serie particular, y menos en este preciso momento. Los aficionados, amparados en las estadísticas recientes, donde en la mayoría de las veces han ganado el campeonato los últimos que llegado a la fiesta, se confían y esperan milagros. Pero la clave no está ahí, la clave está — independientemente del lugar que ocupen — en la forma deportiva y en la salud psíquica que tengan en ese momento, en ese preciso momento.

La parte psíquica es primordial, es ahí donde Víctor Mesa se minimiza y se desintegra, desbarata con los pies lo que hace con las manos. En el equipo capitalino se respira tensión, nadie tiene garantizado un puesto en la alineación regular y mucho menos un lugar específico. Las tareas individuales cambian todos los días, las funciones de cada cual no están claras y eso alimenta el caos y la inestabilidad mental. En cambio, en Matanzas, las cosas son bien diferentes: Cambios necesarios, alineación estable, familiaridad, refuerzos integrados, alegría en el terreno y roles definidos.

Subserie Industriales frente a Matanzas

Subserie Industriales frente a Matanzas. FOTO: Otmaro Rodríguez

Aunque han sido el equipo más estable del campeonato, no han podido probar las mieles que emanan del primer puesto desde el inicio de la contienda, pero han sido una sombra oscura, con guadaña incluida, tras los sorprendentes leñadores todo el tiempo, pero estos, se las han arreglado para escapar.

Ahora, el poco atractivo que va quedando en el final de esta segunda fase, se concentra en la batalla por los lugares impares: Leñadores de la Tunas y Cocodrilos matanceros en porfía por el primer puesto, Leones y Alazanes de Granma por el tercero y pinareños buscando un premio de consuelo ante los Cazadores de Artemisa por el quinto lugar, evitando el sótano cruel. Solo queda esperar, les recomiendo que desde ya vayan escogiendo un puesto de privilegio para ver las sorpresas que se avecinan. Nos vemos en el estadio.