Los alazanes de Granma, este sábado, no podían ganar el primer partido de béisbol de la gran final de la Serie Nacional. No existía la más mínima posibilidad de derrotar a unos leñadores tuneros motivados a la máxima expresión, impetuosos, en sus predios y gozando de una salud mental envidiable. Lo psíquico en el béisbol pesa demasiado y se demostró en este primer choque por el título en el que Las Tunas se llevó el gato al agua con pizarra de 6×5.

A pesar de conectar 12 imparables y embasar a 22 jugadores durante las nueve entradas, los actuales campeones solo anotaron un total de cinco carreras, y esto, gracias a sendos cuadrangulares del cumpleañero del día, Guillermo Avilés, que trató —en vano— de echarse el equipo al hombro con sus cuatro carreras impulsadas.

No podían, entre otras cosas, porque 15 corredores se quedaron en bases esperando a héroes impulsadores que nunca llegaron; porque el líder de jonrones está en la banca, y porque nadie le dio un bate en su mano para que asumiera en el octavo capítulo, cuando empate y ventaja se encontraban en las almohadillas.

Este sábado los lanzadores de Granma no pudieron maniatar a los Leñadores tuneros. FOTO: István Ojeda.

El sábado era imposible que Granma se llevara la victoria. No se puede cuando tu cuarto bate viene cansado de otras latitudes y tu quinto madero se va en blanco cinco veces —ponchándose tres—; cuando tu director enarbola la bandera de la confianza extrema con sus pupilos y retrasa demasiado la sustitución de lanzadores abridores y de jugadores al campo que aún no conectan de hit en la post temporada. No se puede, todos lo saben.

Es una tarea titánica anotarse el primer punto en esta serie final cuando tu contrario te roba la iniciativa en el primer tercio del partido y le marca seis carreras al as de tu rotación; cuando el estadio, además, está en tu contra y tienes 15 000 almas eufóricas destilando energías negativas; cuando nadie oye tus rezos para que arrecie la lluvia al final y el juego se reanude al otro día. Así, es sabido, resulta imposible ganar.

No se puede ganar, porque los tuneros se han creído, de pronto, que sí se puede y les ha nacido una mentalidad ganadora inédita y peligrosa, porque tienen en sus filas al mejor cerrador en la historia del béisbol cubano, quien, aun permitiendo dos imparables, boleando a uno y golpeando a otro en dos entradas, salva y se lleva la gloria.

Este sábado, tras horas de lluvia, sencillamente no era día para galopes ni cabalgatas. Pero que nadie cave tumbas ni enciendan fuegos artificiales, hoy la historia puede ser diferente, esto es béisbol. Nos vemos en el estadio.