No ocuparemos espacio intentando demostrar que en Cuba se violan los estatutos FIFA. Sería llover sobre mojado y no aportaría nada nuevo al debate. Basta con echar un vistazo a la página oficial del Ministerio de Deportes de Cuba (INDER) para advertir el quebrantamiento de dichas ordenanzas.

“Somos los rectores del deporte, la educación física y la recreación”. Así se presenta este organismo, dando por hecho la subordinación directa de todas las federaciones deportivas del país. Esto entra en franca contradicción con varios de los puntos que deben respetar las asociaciones afiliadas al ente rector del fútbol mundial.

El más evidente de los estatutos transgredidos —a nuestra consideración—, es el apartado 14; donde la FIFA expresa claramente que todas las asociaciones y federaciones afiliadas están obligadas a “administrar sus asuntos de forma independiente y procurar que no se produzca la injerencia por parte de terceros en sus asuntos internos.”

Bastaría con lo expuesto hasta aquí para cuestionar la actitud pasiva de FIFA ante la realidad del fútbol cubano. Sin embargo, este balón sigue rodando. Es el propio INDER quien otorga el visto bueno a las convocatorias de la selección nacional, de las cuáles se excluye a los jugadores con nacionalidad cubana nacidos o formados en el extranjero. Y —con igual criterio— se descarta a aquellos futbolistas formados en Cuba pero con contratos profesionales autogestionados.  

Estadio Pedro Marreo. Instalación más importante del fútbol cubano
Foto: Pedro Enrique Rodriguez Uz

La cuestión es simple: todo aquel futbolista cubano, cuyo contrato profesional no se efectúe bajo la autorización y amparo del Ministerio de Deportes, pierde el derecho de representar a su país. Queda claro entonces que la injerencia viene acompañada de un agravante: la discriminación, uno de los grandes flagelos que FIFA dice combatir.

En los propios Estatutos del órgano regente del balompié mundial —específicamente en su Artículo 4— queda explícito lo siguiente:

Está prohibida la discriminación de cualquier país, individuo o grupo de personas por cuestiones de raza, color de piel, origen étnico, nacional o social, sexo, discapacidad, lengua, religión, posicionamiento político o de cualquier otra índole, poder adquisitivo, lugar de nacimiento o procedencia, orientación sexual o por cualquier otra razón, y será sancionable con suspensión o expulsión”.

En base a este supuesto, no queda más que rendirse a lo evidente: en el fútbol cubano, la injerencia tiene un carácter discriminatorio. Y si la FIFA ha hecho la vista a un lado no es por desconocimiento. Tampoco —como erróneamente piensan algunos— por aquella tesis de que dicha entidad sólo actuaría bajo una denuncia desde lo interno de la federación.

Quizá, ni siquiera los propios directivos del fútbol y el deporte cubano, sepan cuán cerca estuvieron del mazazo el pasado mes de junio. Las palabras del Director Jurídico del INDER, Ramiro Domínguez, en entrevista concedida al colega Eduardo Grenier, fueron el detonante circunstancial:

“Pudiera suceder —declaró Domínguez— que entre nuestros jugadores y los que supuestamente se incorporarían, provenientes del exterior, surgiesen diferencias al interno del elenco, marcadas por la ideología que puedan tener unos y otros. Esas diferencias pueden atentar contra la armonía y el buen desempeño como equipo.”

Estas polémicas declaraciones habrían llegado hasta el mismísimo Comité de Ética de la FIFA, según una fuente cercana a este redactor. Incluso, añadió, se habría planteado realizar una visita definitiva de dichas instancias a La Habana, a pesar de no haberse producido la famosa denuncia interna. Y es que el apartado 15 de los estatutos futboleros de Zúrich, establece que todas las federaciones afiliadas deberán actuar en total “independencia y prevención de injerencias políticas”.

Cuba Futbol FIFA
Foto: Pedro Enrique Rodríguez Uz

Bajo este concepto, FIFA ha mediado con el objetivo de hacer valer sus normativas en infinidad de federaciones. Quizá, entre los casos más conocidos, encontramos los de Camerún y Nigeria. También han existido otros como Perú, Uruguay, Argentina y España; en los que si bien no llegó a producirse una intervención, la casa madre del fútbol mundial desplegó todo su poderío e influencias para mantener la política al margen de sus asuntos. Sin embargo, la postura titubeante cuando se trata de Cuba, no deja de sorprender. ¿Por qué la FIFA ignora la violación de sus estatutos en la Isla? Intentaremos ilustrarlo a continuación.

Como en todo fenómeno, la explicación única y definitiva no existe. Más bien convergen una serie de factores que —de conjunto— pudieran acercarnos a dilucidar de forma más o menos certera este asunto.

Quizá, la causa fundamental, radica en el hecho de que Cuba es insignificante en el mapa futbolístico mundial. Por tanto, cualquier problemática concerniente al fútbol cubano puede pasar por alto siempre y cuando la magnitud mediática de la misma no llegue a afectar la imagen de FIFA como institución.

Recordemos el caso de República Dominicana, nación igualmente pequeña en el ámbito futbolero, pero que desató una campaña mediática obligando a la FIFA a tomar cartas en el asunto. Y aunque en el caso de la nación quisqueyana la mediación del máximo organismo del fútbol mundial fue bajo el concepto de “corrupción”, la divulgación masiva de pruebas físicas en redes sociales propinó la estocada final.

Asimismo, se habla de la buena relación institucional que pudiera existir entre AFC y FIFA. Ciertamente, esto podría ser un factor importante. Recordemos que Luis Hernández (presidente de la AFC) no solo es miembro del Comité Ejecutivo de CONCACAF; sino que —además— es el representante de la Unión Caribeña de Fútbol (CFU). Organismo que alberga a 25 naciones afiliadas a la FIFA, y que constituyen el 71% de los votos de CONCACAF.

Sin embargo, bien saben ambas instancias que cuando la imagen de FIFA se ve en entredicho, no existen paños tibios. Las palmaditas en la espalda pudieran devenir en tirón de orejas si los grandes medios de comunicación masiva y líderes de opinión, comienzan a poner en entredicho la pasividad de los señores de Zúrich con respecto al caso Cuba.

Este despliegue mediático cada vez se antoja más cercano. Quienes pudimos acceder a la señal de la cadena TUDN durante el estreno de Cuba en la Liga de Naciones, escuchamos a los comentaristas esbozar un retrato hablado de la situación del fútbol en la isla. No hubo frases tibias ni sesgos en la información —como años anteriores— el escenario que vive el futbol criollo fue descrito tal cual.

Así mismo, periodistas de gran alcance e influencias como Romain Molina y Matías Baldo, se han solidarizado de manera comprometida con la difusión de la causa. Y se espera —próximamente— más de un trabajo en los que se abordará el tema de manera directa o indirecta en medios de alcance global.

Siendo así, aquellos que tienen el poder de decidir los destinos del fútbol cubano se encuentran —sin saberlo— en una encrucijada. Deberán decidir, ahora que todavía pueden, quiénes prefieren que arriben a La Habana: ¿la FIFA o los legionarios?