Por: Jorge Morejón, ESPN

Luego de la pálida actuación de Cuba en el Clásico Mundial de Béisbol, los fanáticos de la isla claman a viva voz porque sean llamados a la selección nacional los peloteros que brillan en las Grandes Ligas para evitar un nuevo ridículo en la próxima edición del certamen, en el 2021.

Pero al mismo tiempo, los medios de prensa controlados por el gobierno han desplegado una furibunda campaña para tratar de acallar el reclamo popular y echarle la culpa del fracaso de la otrora poderosa escuadra cubana a las Grandes Ligas y al deteriorado embargo comercial que a duras penas persiste.

Bajo el título ¿Quién esconde los bates?, el diario Juventud Rebelde publica un artículo repleto de datos inexactos para enmascarar con una cortina de humo la verdadera y única razón por la que Cuba no cuenta con sus jugadores de las Mayores: falta de voluntad política para hacer lo que a todas luces es una necesidad inevitable.

Desde un año antes del WBC, muchos jugadores que militan en las Grandes Ligas expresaron su disposición a defender la camiseta de la isla y cuando la idea comenzó a tomar calor, Antonio Becali, presidente de INDER, organismo que rige el deporte en la isla, se encargó de enfriarla al asegurar que sólo se encararían los diferentes compromisos internacionales con jugadores que se mantuvieran vinculados al movimiento deportivo cubano.

En otras palabras, sólo cabrían aquellos sobre quienes el régimen tuviera control absoluto.

La tesis del artículo de Juventud Rebelde, firmado por Norland Rosendo, se desmorona como castillo de naipes tras las declaraciones, dos días después, del comisionado interino de béisbol, Yosvani Aragón, quien en una entrevista reafirmó la negativa a convocar «traidores y desertores».

Entonces, es Cuba quien esconde no sólo los bates, sino también los guantes y la pelota.

Los criterios de elegibilidad de los peloteros para participar en el WBC sólo se refieren al país de nacimiento de los jugadores o sus ancestros, sin que medien cuestionamientos políticos o económicos en los que se escudan las autoridades cubanas para mantener su negativa a una apertura.

¿Dónde está el documento en el cual las Grandes Ligas prohíben a los peloteros cubanos jugar por la selección nacional?

O mejor aún: ¿Existe alguna prueba de que Cuba solicitó los servicios de sus peloteros que juegan en las Mayores?

Supongamos que fueran ciertos esos frenos que alega Cuba como impedimento a usar a sus mejores peloteros que juegan en Estados Unidos.

¿Y qué pasa, por ejemplo, con Dayán Viciedo y Leslie Anderson, que se desempeñan en la liga profesional japonesa sin ningún vínculo con Estados Unidos? ¿O es que Japón también tiene un embargo comercial sobre La Habana y no nos hemos enterado?

Pero no, esos no son como Alfredo Despaigne, quien también juega en el béisbol nipón. Esos deciden por sí mismos y se van del control del gobierno.

Esa misma voluntad para representar a Cuba en torneos internacionales la han expresado los jugadores que participan en la liga profesional de voleibol de Italia y la respuesta ha sido la misma: no rotundo. Ah, ya, el embargo que tiene Italia, ¿no?

Una cosa es tener opiniones diferentes. Otra es mentir descaradamente.

Si el WBC es un evento organizado por MLB, el sindicato de peloteros debería defender el derecho de sus afiliados cubanos a participar en el torneo, pues una selección con Yoenis Cespedes, Kendrys Morales, Yuli Gurriel, Aroldis Chapman y José Abreu, entre otros, le daría más lustre a un espectáculo que reúne los mejores peloteros del mundo.