Por: Jorge Ebro / El Nuevo Herald

Este 9 de diciembre del 2017 puede definir el legado de Guillermo Rigondeaux de la misma forma en que el 13 de abril del 2013 ha sostenido su carrera contra viento y marea. Un triunfo sobre Vasyl Lomachenko blindará su camino de manera total, como el triunfo contra Nonito Donaire le ha permitido sortear críticas y controversias.

Rigondeaux no va a encontrar otra oportunidad para cimentar su reputación. Eso que conocen y admiran los expertos de su talento y maestría como una capilla cerrada pudiera ser revelado a los que no han prestado atención y repiten como bocinas lo del «aburrimiento».

El principal abanderado de esta corriente crítica y oscura ha sido el promotor Bob Arum. Quizá al empresario de 85 años no ha pasado la página de ver cómo Donaire era reducido y humillado horas después de haber recibido el premio de Mejor Boxeador del 2012 en Nueva York.

Habría que recordar lo que era el filipino antes de su choque contra el cubano. Un prodigio, un súper dotado. No por gusto le decían el «Flash» por su rapidez de piernas y manos. La pregunta por entonces no era si iba a ganar o no, sino en que round Rigondeaux mordería el polvo de la derrota por nocaut. Lo que sucedió ya es historia.

Después de Manny Pacquiao, Donaire era la gran cascada de dinero de Top Rank, que de pronto se cerraba de la peor manera posible. El asiático no pudo levantarse después de aquella noche. ¿Podrá hacerlo Lomachenko si piede contra Rigondeaux? ¿Quedaría Top Rank solamente con el gran Terence Crawford en pie?

Pero tampoco se puede decir que las cosas mejoraron de manera significativa para Rigondeaux, quien jamás se elevó de la misma manera debido a inactividades y rivales de poca monta que a veces deslucían las peleas. También habría que decirlo, su solo nombre espantaba potenciales oponentes.

Víctima -ahí están las declaraciones de Arum y el papá de Leo Santa Cruz- de burlas, errores e incomprensiones, y hasta algo de mala suerte, la carrera de Rigondeaux no alcanzó otra cota similar, casi en estado vegetativo. Se mantuvo en pie gracias al recuerdo del gran triunfo sobre Donaire, a su mejor versión. Era como un haz de luz en la oscuridad.

Y ahora este choque contra Lomachenko ofrece la oportunidad de una vez y por todas de dejarlo todo en claro, de encandilar a los dudosos y poner un sello de grandeza más allá de lo que pueda acontecer en el futuro.

Vasyl Lomachenko y Guillermo Rigondeaux listos para la pelea de este 9 de diciembre en Nueva York. FOTO: Tomada de El Nuevo Herald

Vasyl Lomachenko y Guillermo Rigondeaux listos para la pelea de este 9 de diciembre en Nueva York. FOTO: Tomada de El Nuevo Herald

Se enfrenta al que para muchos es el mejor libra por libra, a un doble campeón olímpico, en un peso que no es el suyo, Arum afirma no haber visto a tan magno boxeador desde Muhammad Alí…tan adversa aparece la situación que mejor no puede traducirse para el cubano.

Un triunfo contra Lomachenko en las 130 libras catapultaría a Rigondeaux a lo más alto del ranking, tendría un efecto multiplicador en sus opciones, superior al generado frente a Donaire, que al final se fue diluyendo. El y Crawford se disputarían el título de mejor libra por libra del mundo, ahora que se retiraron Andre Ward y Floyd Mayweather.

Un triunfo, igualmente, lo situaría en la conversación del mejor boxeador cubano de todos los tiempos por su pedigrí amateur y profesional, junto con Kid Chocolote, Kid Gavilán, José Nápoles, Luis Manuel Rodríguez, Joel Casamayor, Yuriorkis Gamboa…Este es un debate complicado, pero necesario.

Si el éxito de abril del 2013 sirvió de espaldarazo momentáneo para Rigondeaux, lo que pueda suceder el 9 de diciembre dejará una huella inolvidable en su trayectoria, lo convertiría en una leyenda y acabaría con las críticas de una vez y por siempre.

Pero si pierde…