Los Alazanes dejaron su peor partido para el cruce semifinal ante unas Águilas que se mostraron implacables con el madero, pero horribles a la defensa, con 4 pifias a los largo del choque. Aún así, Cuba no supo aprovechar las ocasiones que los propios dominicanos le regalaron. Con un tercer y cuarto madero de lágrimas (9 dejaron en bases) y que aún así la dirección del team, decidió mantener. Con todo y lesión, la estrella de los Halcones de SoftBank, Alfredo Despaigne no disparó ni un imparable en esta Serie del Caribe, y en el choque decisivo bateó en par de ocasiones para una doble matanza, más ponche.

No fue un choque de los abridores, pero en la pulseada que dieron los dos cubanos en el box, Lázaro Blanco fue mejor que Yuniesky Maya. Los dos empezaron de espanto, pero en el caso del granmense supo autorelevarse. Punto por inning salvado a los Capitales de Quebec, quienes han moldeado la mentalidad y capacidad de recuperación de este lanzador. Aunque no es la canadiense una gran liga, con reacciones como la de Blanco en el inning de apertura, se notan las diferencias con la liguilla cubana.

Los Alazanes hicieron explotar al pinareño Maya en el tercer episodio, gracias sobre todo a su descontrol, los errores del infield y la sapiencia de un viejo lobo como Frederick Cepeda, quien la mandó al ángulo. Cepeda empezó el juego por debajo de 300, y lo terminó en 400. El avileño Raúl González, quien murió de noveno al bate, pese a ser el segundo mejor bateador del torneo por Cuba, impulsaría la tercera de esa entrada. Cuba batearía muy bien en la primera mitad, en todas las entradas amenazó con aumentar la ventaja, pero nunca concretaba. Y en el quinto con las bases llenas, el mentor Carlos Martí volvió a hacer uso de esa gran fe suya, que raya en lo absurdo. Allí en buena medida, perdió el juego.

El máscara Frank Camilo en el choque anterior había tenido suerte al bate. Suerte, no puede llamarse de otra forma. Martí creyó que con la casa llena, no era tiempo de llamar a un emergente (y mira que llevo jugadores de cuadro, supuestamente para eso), si no de encomendarse al estado de gracia del capitalino. El resultado fue un doble play de academia. La pelota a veces se vuelve previsible y cuestión de frases cantadas, como aquella de: “si no las haces…”. Y si algo sabe Dominicana, es fabricar carreras. Blanco no caminó más del sexto, al filo de los 100 lanzamientos, agotado, Rodney Rodríguez se la desapareció del parque con uno en base.

¿A quién trajo de primer relevo la dirección cubana? Pues a un lanzador que en 2,2 entradas, le habían dado 4 hits, fabricado 2 carreras, y conseguido dos boletos. Miguel Lahera, por supuesto. No al diestro Alaín Sánchez, quien mejor le había relevado en la Serie. No, Martí quiso a Lahera, a la postre, quien perdió el choque. Fallaría todo el relevo a continuación en su función de contener la batería rival. Ni Roidel Martínez, ni Sánchez, ni Yoanni Yera. A la larga, la escasez de pitchers, dejó en evidencia la tozudez de Martí. Su preferido Lahera, fue lo peor del staff en toda la Serie, y se echó de menos a José Ángel García. Otra vez sale a relucir, que los que mejor terminan el campeonato, son los que deben llamarse como refuerzos.

Al final, cuando todo estaba escrito, quiso el mejor jugador de Cuba en Jalisco, Roel Santos hacer una “Alarcón” y lo consiguió. En un robo sin sentido de la segunda almohadilla, con un choque en contra 7 a 4, fue puesto outs. No se perdió por Santos, pero en lo táctico, dejó muchas dudas la novena cubana. En algo si tuvo claridad Carlos Martí, y fue cuando dijo que de nada valía quedar líderes si no se regresaba con el título. Cuba mostró su peor cara, la más usada en la arena internacional, para el juego bueno. Por lo pronto, se mantiene el estatus de novena menestora e invitada. Habrá Barquisimeto 2019, para el campeón de la 58 Serie.