Antes de soñar con escalar algunas de las cumbres más altas del mundo, Yandy Núñez manejaba un auto clásico convertible en las inmediaciones del Parque Central, en La Habana. Pero su vida vivió una transformación radical cuando en septiembre de 2015 emigró hacia Islandia, donde comenzó a ejercer los oficios más variados para buscarse la vida.

Allí, en medio de uno de los climas más fríos del plantea, el cubano que nunca había practicado deportes de manera profesional, de golpe se convirtió en un experimentado escalador. El exchofer y guía de turistas en su país natal emprendió, hace muy pocos meses, una de esas aventuras sorprendentes, de las que no se sabe cómo terminan.

Con 31 años, Yandy superó las adversidades que impone el alpinismo para coronar el Monte Elbrus, la cima más alta de Europa, colindante con Rusia y próxima a la frontera con Georgia.

Al poner un pie en lo más alto del Elbrus, pasó a los libros como el primer cubano que sube al techo de Europa. Enfundado con un traje para combatir el frío, el viento y protegerse el cuerpo de las superficies agrestes, plantó su bandera en el pico, nada más tocar la cumbre.

“Fue una experiencia increíble para mí. Siempre tuve en mi cabeza la idea de subir a esta cima y colocar la bandera cubana enseguida que llegara. Fue un ascenso difícil, lleno de complejidades para el que tuve que prepararme de forma muy rigurosa. Pero lo logré, alcancé ese sueño, que solo es el primero de muchos”, dice, desde un barco de pesca que navega en mares europeos.

“Este es uno de los trabajos que hago para ganarme la vida. También he servido de guía en Islandia”, cuenta.

Su preparación para subir al  Monte Elbrus fue digna de un atleta de alto rendimiento. Recuerda los detalles, pero se interrumpe la comunicación. Entonces, sube a la cubierta del barco para recuperar el servicio de Internet en su celular.

“Me preparé de forma muy dura para no quedarme a medio camino en el ascenso. Trabajé durante varios meses la parte física y la concentración. No podía fallar el cuerpo ni la mente porque cualquier mínimo detalle podía frenar mi propósito. Pero por suerte lo conseguí”.

El alpinista cubano aprendió técnicas de rescate, autorescate y supervivencia. Estudió durante meses el terreno pero, explica, nunca se sabe a ciencia cierta qué se puede encontrar en el ascenso. En el alpinismo, aunque se practique sistemáticamente, el deportista nunca sabe qué le depara el camino.

Como antecedente a esta aventura, cuenta, ya había escalado las dos montañas más altas de Islandia: Hvannadalshnjúkur y Birnudalstindur.

De Islandia a la cima de Europa

La idea de dedicarse al alpinismo comenzó a rondar su cabeza cuando conoció, en profundidad, los escenarios naturales de Islandia.

“Todo comenzó al ver los paisajes increíbles que te encuentras en Islandia. Parece que estás en otro mundo.  Casi te puedes encontrar parajes parecidos a la Luna.  En mi ascenso a los Alpes del Mont Blanc, en Francia,  me dije que si lograba llegar a la cima sería solo el principio de uno de mis sueños. De ahí nace la idea de querer seguir conquistando más cimas”, dice.

Durante la escalada al Monte Elbrus, hasta ahora su gran logro, vivió momentos duros que le colocaron el corazón en la garganta, pero supo sortear, con destreza, los obstáculos que lo separaban del pico más elevado de Europa.

Alpinismo cubano
Foto: Facebook del entrevistado

Uno de esos instantes peligrosos, que nunca olvidará, fue en el pico The Saddle. “Es muy inclinado y peligroso, y la más mínima descoordinación puede ser fatal”, explica. “Después que logré vencerlo me sentí de nuevo lleno de energías y nada me impidió llegar hasta el final, hasta la meta”.

Sus intenciones de tocar las cumbres más altas del planeta no quedan ahí. El cubano se dispone ahora a subir al Aconcagua y después al Everest, y espera cumplir esos desafíos en un futuro muy cercano.

Yandy Núñez, exchofer en Cuba, ex guía turístico, pescador en los mares de Europa y alpinista, es uno de los casi 40 cubanos que viven en Islandia, según sus propias cuentas. Pero entre esa pequeña comunidad se distingue por su disposición a reposar algún día, aunque sea solo por un rato, en lo más alto del mundo. Y colocar allí, la bandera de un país del que salió para probar suerte y ganarse la vida, pero que lleva consigo a cada cima conquistada.