Por: Darilys Reyes Sánchez / 5 de septiembre.cu

Play-Off reproduce este excelente trabajo publicado por el periódico cienfueguero 5 de septiembre que relata las problemas sufridos por un grupo niños y entrenadores de atletismo pertenecientes a la categoría Escolar de esa central provincia cubana.  

Tarde, y no por ello despojada de frustraciones y disgustos, nos llegó la carta, cuya relatoría de hechos todavía consigue sorprender. Es una crónica de viaje, con el protagonismo de los muchachos y entrenadores de atletismo de la categoría Escolar y las peripecias de su participación en el zonal clasificatorio con sede en Camagüey, del 22 al 26 de marzo último.

La rubrican los padres y la suscriben a su vez los profesores: “Los niños salieron  de Cienfuegos a las 10:00 a.m., con un almuerzo que la escuela garantizó para el camino, hacia la provincia de Villa Clara, donde cogerían el tren que supuestamente debía pasar a las 2:30 p.m.”. Del “deber” al “ser” transcurrieron seis horas, con las consabidas implicaciones para un grupo de 40 pequeños (entre 11 y 15 años) y una decena de adultos a cargo con su cuidado.  Mas no fue este el peor de los percances.

“Al llegar a Camagüey —hablamos de las 4:00 o 5:00 a.m.— no había (…) medio de transporte que los trasladara hacia la EIDE (…) A riesgo tuvieron que coger un camión que les costó 5.00 pesos por alumno; a muchos de ellos los profesores tuvieron que pagarles el pasaje, de su bolsillo”. “No podíamos hacer otra cosa, explicaban los entrenadores. Queríamos llegar y ellos debían descansar un poco, pues en la mañana competían”. Pero, por otras cuestiones de aseguramiento ajenas a ellos, “tuvieron que dormir en el piso de los pasillos de la EIDE, ya que el centro no garantizó hospedaje a esa hora”.

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El viaje en el tren. FOTO: Tomada de Escambray

El regreso resultó otro intenso capítulo en la bitácora. Resumiendo: el tren traía siete horas de retraso (llegó sobre las 11:00 p.m.) y, para no faltar a las calamidades, “el coche 7, que era el de ellos, no vino. Se imaginarán ustedes a esos niños tirados en los pasillos de diferentes coches sin poder estar junto a sus entrenadores y expuestos”. A esas alturas de la noche-madrugada, “los profesores pasaron un mal rato (…) y mucha tensión, pues andaban con menores que eran de su entera responsabilidad”.

La primera y lógica inconformidad tiene como centro el medio de transportación escogido. Cada una de las partes involucradas reconoce que el movimiento por ferrocarril responde a normativa nacional; sin embargo, otras provincias mandaron a sus atletas en guaguas y solo Cienfuegos y Matanzas arribaron por rieles.

Al decir de Jorge Bauzá Escalona, subdirector de Actividades Deportivas del Inder en la Perla del Sur, “solo nos permiten el viaje en ómnibus a provincias colindantes, cercanas: tenemos permisos para Matanzas, Villa Clara y Sancti Spíritus; ahora nos autorizaron Mayabeque. Hacia las demás, en tren. Conocemos de lo sucedido con el atletismo y ya tramitamos las cartas de quejas a todas las instancias superiores. Ese tema, el de transporte, siempre nos golpea y lo planteamos una y otra vez”. Según acotó, en este particular las coordinaciones —o descoordinaciones— no corresponden a la dirección sureña, sino a la comisión nacional de la disciplina, por tratarse de un evento a nivel de país.

No es esta una historia única para el atletismo: mejores o peores forman parte de las memorias de los atletas de cualquier deporte en las últimas décadas. Lo preocupante es cuando se asumen tales sucesos como normales, cotidianos, al punto de perder sensibilidad al respecto. Y ocurre. Un curso escolar tras otro. Sin consecuencias.

Que nuestro sistema deportivo se haya forjado sobre la base del sacrificio y la entereza de nuestros competidores, no significa obviar las garantías mínimas de seguridad y confort para su desempeño. Ser atletas implica poseer aptitudes físicas excepcionales, no súper poderes y, tantísimo menos, olvidar lo más importante: aquí hablamos de niños. Como un ejercicio reflexivo, así en la distancia, podríamos preguntarnos: ¿cuántos contratiempos pudieron acontecer en esos días, suponiendo incluso el peor de los escenarios?

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FOTO: Tomada de Escambray

Sucede que todo lo resumimos a números: marcas, posiciones, perspectivas… Así va a los informes e incluso a la prensa: “clasificaron 16 de los cienfuegueros, diez de ellos de forma directa e irán por las medallas del 13 al 18 de julio, en Las Tunas”. Entonces pocos reparan en las preocupaciones de los padres, las presiones de los entrenadores (también en calidad de padres, dado el contexto) o la medida exacta de la voluntad de los muchachos.

El problema es que en cuestiones de organización, llevamos años corriendo con suerte y, por consiguiente, tentándola… hasta un día.