Víctor Mesa tiene la costumbre, cuando regresa a casa, de avisarles a todos que ha vuelto. Quizás por eso dejaron su foto.

Desde el domingo, cuando los Industriales todavía no barrían a los Tigres en el Cepero avileño, ya la Dirección Provincial del INDER en Villa Clara andaba corriendo tras él para explicarle que a la costa norte de Cuba la había devastado un Huracán de nombre Irma, y que estaba muy difícil jugar en su natal Sagua la Grande.

Mesa, cuando todavía el calendario oficial de la 57 Serie era cuasi desconocido, ya había anunciado en televisión que habría juego en la Villa del Undoso. “No es el caso del estadio de Sagua—dijo entonces—que sí está en condiciones, y jugaremos por allá”. Mesa conminaba al directivo Jesús Barroso de la Comisión Nacional a que velaran el estado de los terrenos municipales, pero daba por descontado que el “9 de Abril” de Sagua estaba entre los aprobados. Víctor quería show, su contraparte en las riendas de Villa Clara, el manager Vladimir Hernández, es oriundo de esa zona.

Desde que Mesa dejó la tierra, y se fue por otros lares a probar suerte, Veracruz, Matanzas y ahora la capital cubana, los aficionados naranjas se armaron en dos bandos. A Mesa, unos le odian, y otros le aman. Leña para ese fuego, resultó el diferendo Pestano vs. Mesa, saldado para los villaclareños con el Grand Slam del receptor en la final de 2013. En los avatares de la preparación previa al meteoro, las gigantografías del estadio Sandino fueron descolocadas de sus sitios, por lógico cuidado. En la radio local se escuchó bromear a una locutora cuando se daba la información: “Por ahí alguna se pierde”. Por supuesto, la referencia era para el hijo de Sitiecito. Las risas cómplices se multiplicaron. En Sagua, por el contrario, a Mesa, le veneran.

El Sandino pasó una semana sin suministro eléctrico, y no cuenta con varias luces que le arruinaron la opción nocturna. Y aunque el poblado de Sagua está a media luz y centenares de personas siguen sin techo ni agua potable en sus hogares, el INDER ha conseguido que se traslade fuerza técnica para poner a tope el estadio sagüero. “Lo hacemos para darle una alegría a ese pueblo en medio de todo, pero no cómo algunos dicen que es por presión de Víctor”, aclara Arildo Hernández Sánchez—director provincial del INDER— a la CMHW, cuando los comentarios van de boca en boca. “Se está chapeando, y poniéndole techo a las cabinas de transmisión, el techado de las gradas no se podrá poner. El estadio ya tiene luz. El inspector de la Comisión Nacional dirá si se juega o no”, concluye el directivo.

No hay gigantografías en las torres del estadio Sandino, solo sobrevive sobre la grada del left field, la del mítico 32. Foto: Mayli Estevez.

No hay gigantografías en las torres del estadio Sandino, solo sobrevive sobre la grada del left field, la del mítico 32. Foto: Mayli Estevez.

Mientras, en el Sandino, el césped no se ve tan lastimado y la especie de Central que han sembrado al costado de la pizarra también resistió a las rachas de Irma. Pero en las torres aún no hay ninguna gigantografía: ni Jova, ni Albertico Martínez, ni Pestano, ni Borrero. En las torres no hay nada. Pero este martes, en las gradas del jardín izquierdo, estuvo la postal de Víctor Mesa festejando una carrera, con la chamarreta del equipo Cuba.  Mesa fue el único sobreviviente, o la dirigencia deportiva en Villa Clara quiso que Mesa siguiera viéndose en el mismo espejo.

Aunque tenían la excusa del meteoro para guardarla, arrastraron la pancarta hasta ubicarla de frente al dogout del visitador. Ese fue el primer regalo que recibió esa tarde. El segundo, un cake a la hora de discutir las reglas; el tercero, el no hit no run de su abridor David Mena; y el cuarto, el anuncio por el audio local de que Sagua, finalmente, acogía el segundo partido de la subserie Industriales vs. Villa Clara.

En su regreso, el hijo pródigo siempre se va de casa con las manos llenas.