Por: Mayli Estévez / Vanguardia.cu

A Victor Mesa le ha pasado como a Gregorio Samsa, se ha metamorfoseado, pero al contrario del personaje de ficción, el de Mesa ha sido un proceso largo y esperado. Mesa nunca se ha despertado por la mañana y se ha encontrado con que es otro. Nada lo toma de sorpresa. Mesa ya sabía que sería otro. El 32 ha demostrado que no da un paso sin saber cuál será el siguiente.

Cuando salió de Villa Clara— donde empezó su carrera de manager, donde ha empezado todo — primero asume las riendas del equipo al Panamericano de Río. Unos meses después se sentaba a negociar con los Cafeteros de Córdova de la Liga Invernal Veracruzana. Mesa siempre tiene un as bajo la manga y ya lo ha dicho antes, de lo que se ufana, él tiene ofertas en el exterior. Dos años después estaba un escalón más arriba, se ponía las reconocidas letras de las Águilas de Veracruz. No había olvidado a su equipo, Mesa vio que Martín Saura se preparaba para una postemporada y no dudó en traer a los rojos a un tope preparatorio.

Mesa se acuerda de los suyos, me dicen quienes le conocen, me ha dicho recientemente Yosvani Pérez, uno que junto a Yordanis Samón y Alexander Rodríguez parece que va con él a donde vaya. Hago la salvedad del villaclareño, que a pesar de que su interés de regresar a Villa Clara fue público, él me asegura que no le han llamado y Mesa no titubea en esos asuntos. Pérez, pese a las declaraciones de Mesa, dice que su deseo de volver con los anaranjados sigue intacto.

Mesa ha pasado de equipo a equipo cuando Cuba pensaba en la territorialidad y el provincianismo absurdo que ha dejado a muchos peloteros sin formarse. Por ejemplo, el mismo que permitió que Yulexis La Rosa no pudiera brillar más a la sombra de un establecido como Ariel Pestano.

Si Cuba no hubiese contado con las decisiones particulares de Mesa, quizás los peloteros estuvieran todavía recluidos en sus provincias, limitados. Claro, a veces se le va la mano,  ya que Matanzas terminó con más importados que naturales y nunca ganó un título. Seis años después decía a la prensa: «Tengo 60 años y voy a descansar. Voy a ver los toros desde la barrera. No me gustaría volver con ningún equipo. Ayudaré y apoyaré en lo que se me pida, pero la idea es no dirigir más». Quien le conoce bien sabría, que Mesa estaba listo para otra metamorfosis, está un paso delante de todos. En ese momento no lo quiso decir, quizás por modestia.

«No tengo nada en la mente de dirigir Industriales ahora. Todo es falso y pura especulación. Voy a estar tranquilo. La idea que tengo ahora es descansar».

¿O quería descansar en serio y aquella «bola» le dio una buena idea? Sí, porque Mesa asegura que dirigir Industriales era un viejo sueño, ahora mismo un reto, porque: «Industriales lleva siete años sin clasificar para las post temporadas y a mí me gusta trabajar con equipos así». Y está claro que Industriales no es Guantánamo, Cienfuegos o Sancti Spíritus.

Mesa ha cambiado en una década más de cinco veces de casaca. Pero repito no le sorprendió, ya lo sabía. Lo escribí apenas en febrero: «Mesa, fiel a Mesa, no se va del todo». Después de una década puede volverse previsible en sus movimientos. Mesa fue naranja, águila, cocodrilo y ahora será León. Generalmente un manager se establece en una franquicia y es el pelotero quien cambia casacas. Mesa ha hecho el viaje a la inversa. Es su especialidad, lo que unos aman y otros odian, ir contracorriente.

Lo lamentable, digo yo, no es que Guillermo Carmona haya perdido un contrato en el exterior porque «de palabra» le habían dado las riendas del equipo azul. Hace tiempo que la palabra es eso, sonidos que se lleva el viento. No será ni el primero ni el último al que le pase lo mismo. Es un modus operandis imitable. Lo lamentable  es que la solución que ha visto la Comisión Nacional para enmendar el fiasco del Clásico Mundial y de un Sub 23 que no atrae público, es que el show en la Serie Nacional esté en las bancas. En las taquillas y titulares de prensa dirán: «Mesa vs Kindelán o Mesa vs. Lazo». Las razones para asistir al estadio serán los retirados. Triste, que el béisbol, ahora dependa de ello. ¿Alguien sabe a qué se juega dentro del diamante?