La decisión de Víctor Mesa de no continuar al frente del equipo Industriales no atrapó a nadie fuera de bases. Nunca sabremos si se lanzó al mar o fuerzas más poderosas lo empujaron, lo cierto es que ha dejado la nave azul a la deriva en medio de una tormenta de comentarios que se abalanzan unos sobre otros.

La decisión de sus dos hijos, de probar fortuna en la liga más fuerte del mundo, ha sido el detonante para que se escribiera el epílogo de su historia, al menos en el béisbol cubano, y se desintegraran, de una vez y por todas, su impunidad y su inmunidad beisbolera.

Víctor se inmoló por sus hijos, y eso no es para nada criticable, lo criticable es la doble moral, el secretismo, la mentira, y el abuso de poder que trae esta historia tras bambalinas y que a muchos le ha explotado en pleno rostro.

Ahora, es cierto que ya no tendremos al hombre que llena los estadios, al que le pone la sal a la Serie Nacional, al que sabe hacer milagros del puro barro con los atletas, al que no duerme y se entrega al béisbol cada día como si fuera el último de su vida. También se acabará la tierra en los ojos de los árbitros, los cubos de agua lanzado a las gradas, las peleas absurdas con la prensa, los golpes a adolescentes en las calles, los cargabates duplicados, y los números repetidos en los uniformes de los equipos.

Los leones están inquietos, nadie sabe el nombre del elegido de los dioses de la pelota cubana para llevar las riendas del equipo insigne de Cuba. Las miradas se alborotan en todas direcciones y los posibles candidatos se van deshojando uno por uno como flor marchita ante argumentos y posibilidades.

Javier Méndez, uno de los iconos históricos del conjunto, disipó algunas dudas y declaró hace unas horas a la revista Play Off:

«En estos momentos me encuentro en Italia en una sociedad de béisbol en Legnano, contratado como jefe técnico de un proyecto de desarrollo del béisbol en las diferentes categorías del mismo. Estoy al tanto de los acontecimientos que ocurren en nuestro país referente al béisbol.

Es bueno que se conozca, que antes de salir de Cuba, y lo dije en otras tribunas, entrevistas, y también a dirigentes del deporte provincial y nacional. Reafirmé mi disposición, después de la mejoría con el problema de salud de mi hija, de continuar realizando el trabajo que había comenzado dos años atrás como director de Industriales. Teníamos bien identificado nuestros problemas y queríamos ir cumpliendo año tras año, (eran 4) los objetivos que nos habíamos trazado. También conocíamos que, a Industriales, se le exige mucho y que debe estar discutiendo lugares en la Serie Nacional, pero si queríamos desarrollar nuestros jugadores en la provincia y tener un equipo competitivo, teníamos que arriesgarnos pasando por varias etapas donde el relevo generacional que la vida deportiva nos impone se hace obligado.

Nuestro proyecto de trabajo no era championista, apuntaba a tratar de formar un equipo que fuera eminentemente competitivo enfocándonos en la tarea de ganar una Serie Nacional que nos ha sido esquiva en varios años. Esa era mi disposición y quise siempre salir contratado por los canales oficiales, por Cuba Deportes o por la Federación cubana de béisbol, pero desafortunadamente no se concretó, ni llegó la respuesta sobre mi continuidad como director de Industriales, y tuve que tomar una decisión.

A mi disposición y mis deseos de continuar con el trabajo empezado, no recibí una respuesta inmediata. El contrato es hasta finales de septiembre por lo que me es imposible incorporarme, sería muy irresponsable y poco serio de mi parte incumplir con quienes han depositado toda su confianza en la realización y desarrollo de este ambicioso proyecto de desarrollo del béisbol en esta ciudad».

Ante las negativas de esperados y triunfales regresos de hombres como Pedro Medina y Rey Vicente Anglada, del orgullo lógico de Guillermo Carmona, de las ausencias de Enriquito Diaz, y la falta de experiencia de Carlos Tabares, todos los caminos conducen al ¨brazo de hierro de la capital¨, Lázaro de la Torre, para la difícil misión.

De todos los candidatos posibles, es el único que está activo, y es de los hombres que viven para este deporte. Javier Méndez, nos deja su opinión:

«En buena lid le tocaría a Lázaro de la Torre, no sé cómo serán sus relaciones con los atletas, pero lleva varios años dirigiendo y ha tenido resultados en la serie provincial, no le ha ido muy bien con el sub 23, pero pienso que se merece un voto de confianza»

Su carácter siempre inconforme, su crítica aguda ante lo mal hecho, y su verbo inquieto, asusta a algunos dirigentes, pero ¿no es eso lo que necesitamos en estos tiempos? ¿Qué piensan los aficionados? Que siga la polémica. Nos vemos en el estadio.